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Adicciones: ¿dónde quedamos los adultos?

Con mis pacientes realizo siempre una línea de tiempo o sea la temporalidad de todas las situaciones traumáticas, el inicio del consumo, los abandonos, las soledades, las diversas internaciones… en fin todo aquello que plasma un sufrimiento y un “vacío” que buscó anestésicos que paradójicamente multiplicaron ese vacío.
Jorge, me narró hace algunos años, que nació en un hogar con un padre alcohólico y una madre cocainómana. Su infancia traduce violencia e incluso comenta que siendo un niño de 6 años iba a buscar al padre al trabajo porque estaba alcoholizado y luego lo llevaba a bares en donde seguía tomando o invitaba a otros parroquianos a su casa para continuar consumiendo.
En la casa la madre se inyectaba cocaína y cuando ésta se peleaba con el padre lo “raptaba” y lo llevaba a otro domicilio como venganza. Tanto el padre y la madre mueren por enfermedades ligadas al consumo (cirrosis y sobredosis respectivamente). Ante esta situación de violencia y adicción interviene la Justicia y a los 6 años lo trasladan al paciente con sus hermanas menores a un Instituto de Menores (hogar de niños). Jorge refiere que tenia que defender a las hermanas de las agresiones de otros compañeros. Ahí aprendió a defenderse de los ataques. El prójimo empezó a ser un enemigo.
A los 12 años son adoptados, pero no acepta límites y vagabundea y me comenta con mucha honestidad y sinceridad que “quedo atrapado por el paco” en el Bajo Flores en donde consigue un trabajo que denominó una feria de venta de objetos robados y otros eran legales manejado por “transas” (dealers) y empieza a tener dinero líquido todos los días para consumir drogas.

CAMINO A LA MUERTE
A los 20 años empieza a tener relaciones con mujeres mayores por dinero que se transformaba rápidamente en “crac”. Cuando iba a la casa robaba alcohol y objetos en la calle para seguir consumiendo y me relata que en una oportunidad lo golpean varias personas por intentar robar en un bar.
Como algo cargado de simbolismo dormía todas las noches en la plaza que circundaba al Cementerio de Flores. Es que en realidad estaba cerca del cementerio. Cuando le hago repetir eso llora ya que le digo que vivía al lado del cementerio (en realidad iba en una carrera hacia la muerte).
Los padres logran traerlo a nuestra Institución Gradiva con intervención judicial y hoy me cuenta esta historia como si fuera la de “un otro” que vivió una existencia alienada. Colabora y se siente querido.
Pudo salir de su letargo y abulia luego de 3 meses ya que por la cantidad de tóxicos que consumió su voluntad quedó casi disuelta y solo podía comer y dormir sin decir palabra alguna. Recién ahora empieza a adentrarse en su intimidad y busca ayuda para tratar de estructurar un proyecto y propósito de vida.
La experiencia escolar me la relata como una situación que no lo motivó para nada y la figura de los maestros y de la institución escolar como tal fue inexistente en su decurso vital.

LA ESCUELA DESVANECIDA
La escolaridad de nuestro querido paciente no tuvo en el relevancia significativa. Paso un primario en un centro de menores y no recuerda ningún maestro o celador significativo y luego, ya adoptado, abandonó la escolaridad secundaria.
Siempre, en la mayoría de los pacientes graves, aparece una escuela poco valorada y casi ausente en el aprendizaje vital e incluso en donde se consumía drogas ante la “ceguera” cómplice de los maestros y autoridades. Parecería una escuela que no permitió crecer.
Hace pocos días un paciente me comentaba que en su escuela era común consumir drogas y varios me repiten lo mismo. La mirada de los adultos se había enceguecido.

OCCIDENTE EN CRISIS
En un reportaje que me hicieron hace pocos días en una radio de Nueva York para toda una población latina y que llega a distintos rincones de América la periodista me comenta que esa ciudad se había convertido en un conjunto de vagabundos y mutantes que merodeaban las calles y que muchas familias preferían no mandar a los chicos a la escuela porque ahí la droga formaba parte del paisaje macabro de una enfermedad progresiva adictiva que cercenaba toda libertad.
Es que en la escuela no se imaginan un futuro y además todo esto va acompañado como en Jorge de padres que abandonan y de jóvenes y niños solos. El maestro o profesor como figura simbolica parece quedar “allá a lo lejos”.
El maestro en psicoanálisis Massimo Recalcatti (Italia) nos enseña en “Hora de volver a clase” que “…desde hace años, la escuela en Occidente, y muy especialmente en Europa, está en crisis. Se ha convertido en una institución preocupada por el entretenimiento de los alumnos más que en su formación, por la igualdad al precio de eliminar la excelencia, por dotar de soberanía al niño por encima de la autoridad del maestro”.
Para colmo la invasión tecnológica con sus distintos aparatos ha dejado al maestro aún más apartado de la tarea de crecimiento …la distracción suplanta a la atención enfocada en el aprendizaje. La enseñanza a través del “zoom” va desplazando la identificación amorosa con el profesor y con el saber.
No surge en la historia de los pacientes maestros que sean capaces de despertar el deseo del alumno por el saber y de esa manera abrir caminos de vida. El saber dejó de ser un cuerpo erótico y el tik -tok, Instagram, Facebook, la Inteligencia artificial, etc. reemplazan otros saberes de profundidad. El conocimiento parece ya no generar deseos, así como el faltante de maestros en la mente y el corazón están ausentes de los alumnos.

Quedarán heridas, quizás para siempre, la atención que va de una imagen a otra de una placa del celular y la memoria que va de un lado a otro y no puede frenar y memorizar trozos de saber. Va surgiendo el Hiperkinetico actual.

¿Y EL DESEO DE SABER?
La escuela ha perdido poder como gran parte de la trama institucional que rodea el crecimiento de un niño: familias rotas, barrios con venta de drogas, clubs sin funcion socializadora y manejado por “barras bravas”, iglesias con escasa presencia, aunque quizás es la mas interesada por ese otro que se va deteriorando; ¿…donde quedo el deseo de saber?.
El saber es lo que nos lleva a preguntarnos. Muchas escuelas o universidades solo adoctrinan, pero no ayudan a pensar. El maestro para el alumno parece estar ausente y ni siquiera es un mero observador.
Parece ser un “clima de época” en donde todas las tramas institucionales que cimentan una cultura se muestran deshilachadas: barrio, vecindario, clubs, familias, espiritualidad. Y en esa trama institucional cultural la escuela parece desvanecerse.
La mitad de los jóvenes de los barrios populares abandonan la escuela. Aulas vacías. Vacio de saber y de sentido de la vida tal cual surge de los informes de CIAS (Centro de Investigación y Acción Social) y Fundar. Fue naciendo una generación de chicos sin redes de contención.
La droga reina en esos barrios y el maestro o el padre que son vehículos identificatorios son remplazados por el “dealer” que maneja dinero, autos, mujeres y así va surgiendo un ser vacío e Hiperkinetico. El “dealer” es ahí, ya, una figura que opera como modelo de vida.