UNA PINTURA RESCATADA EN EL VATICANO ILUSTRA EL PROCESO CREATIVO DEL CRETENSE

Acercamiento al mundo del Greco

El ‘Redentor’ fue donada a la Santa Sede en 1967 y dese entonces permaneció custodiada en el apartamento pontificio. Su restauración permitió descubrir, bajo la capa visible, dos composiciones anteriores del artista.

El pasado 14 de marzo el Palacio Papal de la localidad romana de Castel Gandolfo fue escenario de la presentación al público del inédito Redentor de El Greco (1541-1614), una extraordinaria obra del siglo XVI que fue rescatada tras haber permanecido varias décadas oculta bajo un calco ejecutado por un falsificador.

En el histórico edificio romano, tradicional residencia veraniega de los Santos Padres, fue inaugurada la muestra El Greco en el espejo: dos pinturas comparadas, que propone un cara a cara artístico entre esta pieza inédita de madurez y una témpera de la época más temprana del gran maestro del manierismo español.

El Redentor es una tabla de dimensiones reducidas (45 x 29 cm) que fue ejecutada entre 1590 y 1595. Llegó al Vaticano en 1967 como donación al papa Pablo VI de parte del intelectual y político español José Sánchez de Muniaín.

Desde aquel momento la obra permaneció custodiada en el apartamento pontificio del Palacio Apostólico, que es el ámbito en el que los Papas suelen recibir a las visitas y delegaciones oficiales y que está decorado con obras de arte y objetos de gran valor cultural.

El Redentor nunca fue expuesto al público y se mantuvo como la única obra alojada dentro del Vaticano de El Greco, cuyo nombre real era Doménico Theotocópuli.

Desconocida para los no especialistas, tampoco llegó a ser correctamente interpretada ni valorada. Además, la composición estaba incompleta y se percibía que había sido retocada, pero hasta hace pocos años no se habían encarado investigaciones en profundidad que permitieran reconstruir su historia.

Ello fue así hasta que durante el reinado del papa Francisco se solicitó permiso para su restauración.

HALLAZGO 

Fabrizio Biferali , el responsable del departamento de arte de los siglos XV y XVI de los Museos Vaticanos, explicó que durante el estudio previo a su reciente restauración se descubrió que la imagen visible de la obra no correspondía a la pintura original.

Se cree que, durante los años 60 del siglo XX, la obra fue objeto de una falsificación que ocultó las capas originales y redibujó la imagen del Cristo.

Esto coincidió con la época en que las creaciones del gran artista cretense se volvieron muy codiciadas, en gran parte por la creciente comprensión de que había sido el precursor del arte moderno, en particular del expresionismo y del cubismo. De la mano de ese reconocimiento proliferaron las copias y falsificaciones de sus trabajos.

En una primera fase de análisis, los restauradores temieron que la obra no perteneciera al pintor cretense, hasta que los estudios científicos confirmaron su autenticidad.

"Cuando comenzamos a tener los primeros datos científicos de los análisis de los pigmentos encontramos una correspondencia perfecta en los materiales utilizados y en la madera de la tabla, que es de pino, un material empleado habitualmente en España", precisó Alessandra Zarelli, una de las restauradoras del proyecto.

La pintura careció durante años de estudios detallados y, a finales de la década de 1960, fue repintada para completar las zonas dañadas mediante un calco que imitaba el Cristo original de El Greco.

"Es una obra que había sido incluida en un catálogo del Greco ya en los años ‘70 del siglo XX, pero que en realidad nadie ha visto nunca, porque, debido que se la conservaba habitualmente en el apartamento pontificio, un apartamento privado, no es visible al público", afirmó Biferali.

Todo el proceso ha revelado además un descubrimiento sorprendente: bajo la capa visible de la obra se conservan dos composiciones anteriores del propio artista, “un auténtico palimpsesto pictórico bajo la superficie del cuadro”, celebraron las autoridades de los Museos Vaticanos.

Esto permitirá que los especialistas se asomen al proceso creativo de uno de los grandes maestros de la pintura europea de todos los tiempos, y “el más grande pintor extranjero entre los muchos que albergara en todo tiempo España”, según la opinión de Juan de la Encina.

DIALOGO DE OBRAS 

 La exposición inaugurada en marzo en Castel Gandolfo establece un diálogo entre el Redentor y un San Francisco pintado también por El Greco.

Se trata de una témpera sobre tabla pintada hacia 1570, cuando el pintor cretense comenzaba su etapa en Roma tras atravesar una etapa de formación en los talleres venecianos de Tiziano y Tintoretto.

Esta segunda pintura, cedida por la Universidad Suor Orsola Benincasa de Nápoles, refleja todavía la formación del artista como pintor de iconos: pueden apreciarse pinceladas muy finas y una técnica cercana a la miniatura, explicó Biferali a la prensa internacional.

“No hay figura de santo que el Greco haya tratado con más amor ni repetido con más insistencia que la de San Francisco  -escribió hace algo más de un siglo Manuel B. Cossío, autor de un clásico ensayo biográfico sobre el cretense-. Pudo no ser éste su tema predilecto; pero es lo cierto que por él, más que por otro alguno, vive en la fantasía popular: manifiesta señal de que acertó el artista a traducir fielmente la representación que en Castilla podía caber a aquel ‘glorioso proverel di Dio’”.

La pintura está inspirada en las composiciones de Tiziano y se caracteriza por la presencia de fray León, un monje que acompañaba al santo en actitud contemplativa.

Fray León es una figura que El Greco había abandonado al inicio de su etapa española, cuando sus composiciones comenzaron a estar más centradas en la figura principal y se hicieron más estilizadas. La retomó en los últimos años de su carrera; a partir de entonces se la puede ver incorporada una vez más a su lenguaje pictórico más maduro.

Por lo tanto, la obra fusiona la influencia de la tradición italiana, aprendida en Roma y Venecia, con los primeros rasgos del estilo místico, el más inconfundible de su obra, que El Greco habría de perfeccionar en Toledo.

Esta compenetración entre el artista y el medio siempre fascinó a los críticos, que al mismo tiempo no dejaban de notar un cierto rezago en la extensión de la fama de Theotocópuli.

“Asimiló el espíritu español, la religiosidad mística nacional, como nadie, y en este sentido es más español que los españoles mismos -señaló hace medio siglo Juan de la Encina-. El alma de lo más selecto de la España de Felipe II, la expresó él con un ardor y un vigor único en la historia de la pintura universal.

Sin embargo, debe notarse -gran paradoja hispánica- que la influencia del Greco en sus contemporáneos y en la pintura española en general es poco extensa”.

La muestra en Castel Gandolfo fue pensada además como homenaje al papa León XIV en el año en que se conmemora el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís.