Abrigate

El kirchnerismo en sus diversas versiones llevó los subsidios a los servicios públicos hasta el récord de 4,1% del Producto Interno Bruto. El gobierno libertario de Javier Milei los taló en un 60%, reduciéndolos al 0,6% del PIB. Entre uno y otro extremo está la gente.

El primero gobernó bajo el lema del Estado presente en una experiencia que resultó fallida. No tanto por lo esencial de sus ideas políticas sino por el alto nivel de corrupción de quienes terminaron por encarnarlas.

El uso desmedido del subsidio como instrumento de política económica, su ejecución con fines electoralistas, dio sustento a la palabra que tanto fogoneó la centroderecha hasta no hace tanto tiempo atrás: populismo.

En una economía sin crecimiento el esquema era insustentable. La herramienta no es mala ni buena en sí misma, sino que su razón de ser la determina el contexto. Y las cosas no estaban dadas para tirar manteca al techo. Los subsidios a los servicios públicos dejaron huellas profundas.

En primer lugar, una emisión monetaria desmedida para paliar el elevado gasto público, que no podía financiarse por otros medios. He allí la madre del borrego llamado inflación.

En segundo término, una alteración de la conducta del consumo, inclinada hacia el derroche. ¿Quién se resistía a gastar energía cuando la boleta de la luz llegaba cruzada con el sello que decía ‘Consumo con subsidio del Estado Nacional?

Adentrados en el siglo XXI, con las herramientas técnicas al alcance de la mano, la gestión kirchnerista pudo haber filtrado los beneficios por ingresos, pero no lo hizo. Propuso, en cambio, la renuncia voluntaria a una sociedad que tiene un mandamiento cultural inviolable: se puede ser deshonesto, pero jamás un gil. 

MOTOSIERRA

Destronado el kirchnerismo, el gobierno de Javier Milei puso en marcha la motosierra, el feroz ajuste de las cuentas públicas. Pasamos entonces del dogma estatista a una administración que se prosterna ante el altar del mercado. Uno daba a mano abierta lo que no tenía; el otro ignora el sentimiento de la piedad.

De allí el sincericidio que cometió la última semana el flamante vocero presidencial, Adrián Ravier, quien dijo en conferencia de prensa: “Este gobierno considera que es importante que las tarifas de los servicios vayan retornando a sus precios libres, a sus precios de mercado. Por lo menos para cubrir los costos. Eso ha implicado una medida muy ingrata que este Gobierno tiene que hacer, de decir: ‘Te tengo que duplicar el gas, te tengo que duplicar el costo de la electricidad, te tengo que duplicar el agua’.

“Eso también conduce a otro tipo de acciones en la familia de decir, ahora que está más caro el gas voy a tratar de abrigarme más que de prender el gas. Tiene que ver con que no hay almuerzo gratis, la famosa frase de Milton Friedman. Alguien lo tiene que pagar. Cada individuo debería ser el que aporte a la tarifa”.

Al otro día tuvo que pedir disculpas.

 Lo cierto es que las variables económicas en juego no hacen más que poner contra las cuerdas a buena parte de los argentinos. Porque si bien la inflación baja, y eso robustece el salario, la actualización de las tarifas de los servicios públicos termina por licuar el beneficio.

De hecho, en el último año el valor de la canasta de servicios pasó de representar un 58% del Salario Mínimo Vital y Móvil a un 77%.

Según un informe del Instituto Argentina Grande, entre noviembre de 2023 y junio de 2026 el gas natural lideró el ranking de los precios que más escalaron: un 2.073%.

Le siguieron el transporte (1.354%), el agua (555%) y la electricidad (494%). En términos generales, la canasta de servicios subió un 919% desde el comienzo de la actual gestión, contra poco más del 300% de la inflación. En el último año el incremento más importante fue en el transporte (75%). El costo del resto de los servicios creció entre un 37% y un 48%.

El último ajustazo del Gobierno recayó sobre los beneficios sociales de la tarjeta SUBE, que fueron congelados. Es decir, el monto no seguirá el ritmo del aumento del precio del boleto, con lo cual irá perdiendo relevancia con el paso del tiempo.

“Logramos hacer cosas que ni los militares lograron, y lo hicimos en tres meses”, se jactó Javier Milei hace un puñado de días. A confesión de parte, relevo de pruebas. 

INFLACION

Si el actual gobierno libertario dejará un legado para la historia quizás sea su marcada vocación para bajar la inflación, caiga quien caiga, sin miramientos. Las principales consultoras de la Argentina coincidieron esta semana que el Indice de Precios al Consumidor de junio dará por debajo del 2%. Albricias.

“Este resultado está en línea con lo que veníamos señalando: desde agosto del año pasado hubo un fuerte apretón monetario, cuyos efectos tardaron en aparecer por los rezagos propios de la política monetaria. Luego del pico alcanzado en marzo, la inflación comenzó a moderarse en abril, bajó con más fuerza en mayo y en junio estaría ubicándose por debajo del 2%. De confirmarse este dato, sería una señal positiva. Hacia adelante, la inflación podría seguir bajando”, explicó Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso.

Pero mientras la inflación cede, las tarifas se actualizan y entonces los ingresos no rinden. Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) subraya que “en lo que va del año el salario privado registrado registra una baja real del 3,3% en relación con igual periodo de 2025. En el caso del sector público nacional la pérdida real es del 7,4% y en el del provincial del 0,6%”.

Y, sin embargo, el Indice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella se ubica en 2,07 puntos, nivel que representa un aumento de 3,9% respecto del mes anterior. “El nivel de confianza en el mes 30 de la presidencia de Javier Milei es 1,3% mayor que el de la presidencia de Mauricio Macri, y 47,6% mayor que el de la de Alberto Fernández, en el mismo mes de gestión”, enfatiza la entidad.

Inflación en baja, tarifas en alza, salarios licuados y un singular, persistente respaldo de parte de la población a las políticas que impulsa el gobierno libertario. Esa es la foto de hoy. Como si no hubiera vereda de enfrente, como si cruzar el desierto fuera el único camino posible.

 SERRUCHO

Hace tiempo ya que los economistas han incorporado a su vocabulario habitual el sustantivo “serrucho”. Lo utilizan para graficar la dinámica de la actividad económica, que sube y baja, hace picos y no logra estabilizarse en una trayectoria certera.

En abril el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se retrajo un -1,5% con respecto al mes anterior. Es más, no encadena dos subas consecutivas desde el bimestre agosto-septiembre del año pasado.

Una vez más los motores de la economía fueron el sector agropecuario, el energético -básicamente Vaca Muerta- y la minería. Según el informe global Mine 2026, la industria minera global se encamina hacia un nuevo ciclo de inversión impulsado por la creciente demanda de minerales críticos como cobre, litio y níquel, en un contexto de transición energética y digitalización. Allí tendrá que jugar su partido la Argentina.

¿Y qué ocurre con los servicios?

Según Fundar, los servicios son el principal empleador de la economía argentina: concentran cerca de tres de cada cuatro puestos de trabajo, bastante más de lo que aportan al producto. Y agrega:

* Contando asalariados registrados, no registrados y no asalariados, los servicios explicaron en 2025 el 74% de los puestos de trabajo de la economía. Se trata de actividades "empleo intensivas": aunque concentran casi tres de cada cuatro puestos de trabajo del país, sólo aportan el 63% del PIB 

* Dentro de los servicios, la contribución al empleo es despareja. El sector que más trabajadores emplea es Comercio con 4,1 millones de puestos, casi un cuarto de todo el empleo en servicios (24,5%) y uno de cada cinco de toda la economía. Detrás aparecen Enseñanza, con 2,3 millones (13,7%), y la Administración pública, con 1,7 millones (10,0%).

* La brecha entre lo que los servicios aportan al producto (63%) y lo que aportan al empleo (74%) remite a la baja productividad, medida como el valor agregado que genera cada puesto de trabajo.

 A partir de esto, y teniendo en cuenta que los motores de la economía están vinculados mayormente a rubros primarios y extractivos, es que el economista Diego Coatz plantea: “El debate no es inversiones sí o inversiones no. Argentina necesita grandes inversiones y sectores estratégicos del futuro. Pero el Súper RIGI, tal como está planteado, tiene un problema de diseño y un problema de timing”.

Y concluye: “La prioridad es fortalecer el ecosistema de proveedores para que Vaca Muerta, minería, energía, infraestructura y nuevos proyectos generen un hub productivo y exportador alrededor de las grandes inversiones. Derrame en lugar de enclave”. Para pensarlo.