Opinión
¿A qué edad se es culpable de un delito?
Desde hace tiempo he venido ocupándome de un fenómeno resonante, registrado por los medios de comunicación: los delitos protagonizados por menores.
En un artículo titulado, en términos lunfardos, “pibes chorros” analizaba las causas del problema: “no hay familia, no hay escuela, no hay Iglesia”. De una familia bien constituida y armoniosa no salen hijos ladrones. En la mayoría de los casos, los “pibes chorros” no han completado los estudios primarios. Aun en el laicismo escolar se señala, por lo general, claramente la distinción entre el bien y el mal.
En cuanto a la relación con la Iglesia, aunque estén bautizados, en la mayoría de los casos no han recibido una catequesis completa ni han hecho la Primera (y en infinidad de ocasiones, única) Comunión.
Es muy frecuente hoy día que los menores maten: “Menores asesinos” titulé a mi comentario; asombrado por la repercusión recogida en los medios y en las redes. En este caso, la causa me pareció ser la pérdida del sentido de la vida, del valor incomparable de la vida humana. La sociedad acaba acostumbrándose a que haya delitos perpetrados por menores.
EDAD DE IMPUTABILIDAD
Ahora se plantea oficialmente el problema de la baja de edad de imputabilidad, que según la legislación argentina es de 16 años; diversos partidos proponen que sea a los 14, o 13 o 12. Son falsas soluciones; ¿se multiplicarían las cárceles para menores? El problema verdadero es la recuperación para una vida normal, para el crecimiento hasta la edad adulta. Es importante completar la instrucción escolar; pero sobre todo el aprendizaje de oficios, que ha sido descuidado.
En la actualidad es difícil conseguir un plomero, o un gasista, o un albañil. Fue una ilusión la presentación como ideal de las humanidades, en desmedro del aprendizaje de oficios manuales. El problema se agravará, en los próximos años, con el desplome de la natalidad, y el envejecimiento de la población. Y, por supuesto, con el casi nulo cuidado de la cultura del trabajo.
Corresponde que el Gobierno y el Congreso tengan una visión completa de la realidad social; y, para ello, se debe fomentar la familia bien constituida, que es el primer ámbito de educación.
Y, por supuesto, deben derogarse la ley del aborto; y tantas otras normas nefastas, que les declararon la guerra al matrimonio, la familia y los niños por nacer.
La familia compuesta por un padre que trabaja y una madre que se ocupa de la casa, no produce ni “pibes chorros” ni “menores asesinos”.
Los medios de comunicación, que registran los delitos cometidos por menores implican una posibilidad de imitación, si no hay una fuerte censura del mal.
La discusión sobre la edad de imputabilidad debería tomar en cuenta los problemas que en esta nota hemos apuntado.
En un artículo titulado, en términos lunfardos, “pibes chorros” analizaba las causas del problema: “no hay familia, no hay escuela, no hay Iglesia”. De una familia bien constituida y armoniosa no salen hijos ladrones. En la mayoría de los casos, los “pibes chorros” no han completado los estudios primarios. Aun en el laicismo escolar se señala, por lo general, claramente la distinción entre el bien y el mal.
En cuanto a la relación con la Iglesia, aunque estén bautizados, en la mayoría de los casos no han recibido una catequesis completa ni han hecho la Primera (y en infinidad de ocasiones, única) Comunión.
Es muy frecuente hoy día que los menores maten: “Menores asesinos” titulé a mi comentario; asombrado por la repercusión recogida en los medios y en las redes. En este caso, la causa me pareció ser la pérdida del sentido de la vida, del valor incomparable de la vida humana. La sociedad acaba acostumbrándose a que haya delitos perpetrados por menores.
EDAD DE IMPUTABILIDAD
Ahora se plantea oficialmente el problema de la baja de edad de imputabilidad, que según la legislación argentina es de 16 años; diversos partidos proponen que sea a los 14, o 13 o 12. Son falsas soluciones; ¿se multiplicarían las cárceles para menores? El problema verdadero es la recuperación para una vida normal, para el crecimiento hasta la edad adulta. Es importante completar la instrucción escolar; pero sobre todo el aprendizaje de oficios, que ha sido descuidado.
En la actualidad es difícil conseguir un plomero, o un gasista, o un albañil. Fue una ilusión la presentación como ideal de las humanidades, en desmedro del aprendizaje de oficios manuales. El problema se agravará, en los próximos años, con el desplome de la natalidad, y el envejecimiento de la población. Y, por supuesto, con el casi nulo cuidado de la cultura del trabajo.
Corresponde que el Gobierno y el Congreso tengan una visión completa de la realidad social; y, para ello, se debe fomentar la familia bien constituida, que es el primer ámbito de educación.
Y, por supuesto, deben derogarse la ley del aborto; y tantas otras normas nefastas, que les declararon la guerra al matrimonio, la familia y los niños por nacer.
La familia compuesta por un padre que trabaja y una madre que se ocupa de la casa, no produce ni “pibes chorros” ni “menores asesinos”.
Los medios de comunicación, que registran los delitos cometidos por menores implican una posibilidad de imitación, si no hay una fuerte censura del mal.
La discusión sobre la edad de imputabilidad debería tomar en cuenta los problemas que en esta nota hemos apuntado.
