A la FIFA no le llegan las esquirlas

El 6 de septiembre de 2023, hace casi tres años, se jugó el primer partido de las Eliminatorias camino al Mundial 2026 que aparece a la vuelta de la esquina. Ese día se enfrentaron Santa Lucía e Islas Vírgenes, seleccionados  de la Concacaf. Ganaron los isleños, 3-1. Desde entonces ¡se disputaron 899 encuentros! de esa carrera que comenzaron 206 selecciones. Llegaron a la meta 48. Una locura todo.

Y sin dudas, un negocio gigante de la FIFA que, se estima, rondará los 11 mil millones de dólares. Un negocio que conspirará contra la belleza del espectáculo. No hay manera de que, los 72 compromisos de la primera fase, puedan resultar atractivos. Duelos como Austria-Jordania o Ghana-Panamá, con todo respeto, no merecen encender la tele. El mundo del fútbol lo sabe pese a que muchos se verán tentados a comentar esos duelos con pasión.

Habrá equipos para todos los gustos. O los disgustos. Curazo, Haití, Islas de Cabo Verde, Argelia, Jordania, República del Congo. De los 48, van a sobrar casi la mitad. Y si antes se creía que la verdadera Copa del Mundo comenzaba en octavos de final, en los mata-mata, como (mal) dicen en estos tiempos, ahora que habrá dieciseisavos, 16 partidos eliminatorios estarán de más.

Eso sí, será pintoresca la competencia. Habrá mucho para aprender del planeta, como siempre ocurre. De las diferentes civilizaciones. De culturas y costumbres. Como nunca antes, el globo se unirá durante 39 días para discutir, ver, conocer e integrarse. Lo loco, lo más loco, es que la gesta se dará con un mundo que enfrenta algunas guerras. Y que una la está librando uno de los tres países que organizan el evento. Estados Unidos, el más poderoso, puede darse el lujo de estar en guerra y festejar un Mundial al mismo tiempo.

Si eso ya es raro, más lo será que Irán, rival de los norteamericanos en las armas, será parte. La vida, la pelota y la muerte, convivirán sin tregua. Salvo que se alce una voz milagrosa de paz en medio de la contienda (futbolera), el lunes 15, a las 22, los iraníes saldrán a la cancha para debutar en el Mundial frente a Nueva Zelanda, en el Los Angeles Stadium.

Mientras en la cancha habrá un grupo de jugadores que el poderoso Donald Trump invitó a no participar, en las gradas se ubicarán hinchas solo de los anfitriones. Es imposible imaginar algún iraní colado, sentado en una platea, pensando en ganar ese partido y no el otro. Aunque el fútbol siempre tiene espacio para sorpresas.

Israel no estará porque no le dio. Porque no se clasificó y fue relegado por Noruega. Pero no porque esté en guerra. Y a Ucrania le pasó casi lo mismo que a los israelitas. No logró clasificarse. Fue eliminada en la repesca europea, tras perder frente a Suecia.

Rusia no va al Mundial. La selección rusa fue vetada de todas las competiciones oficiales de la FIFA y la UEFA desde febrero de 2022, debido a su invasión a Ucrania. No así Estados Unidos, claro. Los estadounidenses no se vetaron a sí mismos por invadir nada.

En el medio, México, otro de los tres dueños de la casa, le abrió las puertas a Irán pero, tozudos, los asiáticos no aceptaron el convite. Y prefirieron mantener la sede que les habían adjudicado antes de comenzar a sufrir con los dornes y los misiles trumpistas.

Ese será el escenario en el que se jugará un Mundial inédito. Sobre ese collage rodará la pelota, en infinidad de partidos y de husos horarios. Todo el día, todos los días, habrá fútbol en vivo y en directo. Una vez que comience el show no se apagará y la FIFA será feliz más allá de lo que suceda en el resto del planeta. A la Casa Madre del fútbol mundial no suelen llegar ninguna esquirla.