De ese postrero ejemplar, la Gaceta Mercantil reprodujo el 17 de enero la siguiente noticia:
“DIA DE GLORIA. Tenemos el honor e haber recibido los restos del Ejército de los Andes conducidos desde el Perú por el coronel de granaderos a caballo D. Félix Bogado.
Cerca de nueve años han pasado desde que estos valientes marcharon a libertar a Chile. En este largo período se pueden contar los días de gloria que han dado a la patria, por las veces que se han batido con nuestros enemigos. Nuestra gratitud será siempre demostrada a estos viejos soldados de la libertad con las más tiernas efusiones de nuestros corazones.
Eternamente llenaremos de bendiciones a los héroes de Chacabuco y Maypú: sí, a esos que han conducido en triunfo el Pabellón Argentino hasta Quito, y que han sabido derramar su sangre por la libertas de la Patria en Junín y Ayacucho. Nosotros al verle siempre diremos con admiración: ‘He ahí, esos sellaron con su sangre y sus espadas la libertad de su Patria’, y sus nombre irán de padres a hijos de generación en generación. Sus nombres honrarán nuestras páginas”
LA NOMINA
A continuación da a conocer la nómina: Regimiento de Granaderos a Caballo de los Andes: Coronel D. José Félix Bogado, Sargentos mayores graduados Capitán D. José Félix Correa y D. José Cirilo Lucero, Capitanes D. Francisco Olmos y D. José Rodríguez, Tenientes D. J. de la Cuz Montalveo, D. Pascual Pelayes y D. Pedro Pablo Estrada; Alférez D. Eusebio Castaño, Portaestandarte: D. Matías Vera y D. Eustoquio Frías. Agregados: Sargento Mayor D. Tadeo Telles, Sargento mayor graduado capitán D. Pedro José Díaz, Capitanes Graduados Tenientes D. Tomás Muns y D. Juan Michilena. Alféreces: D. Melchor Gutiérrez, D. Pedro Robles y D- Francisco Cosido.
Agregaba finalmente: “Tenemos noticia que el general D. Enrique Martínez, que hace años residía en Santiago de Chile se les ha incorporado en aquel destino. Aún no ha llegado”.
VERANO DEL 26
El domingo 19 de febrero de 1826, suponemos que habrá sido un día en el que el calor habrá apretado a los porteños. Algunos habrán buscado mitigarlo en las aguas del río, allá por la calle Belgrano abajo; otros buscado refugio en los sauzales de la Recoleta y los más afortunados en las lejanas quintas de los Olivos, San Isidro, San Fernando, Las Conchas y Quilmes.
Al día siguiente La Gaceta Mercantil no publicaba sino avisos, entre ellos uno del reconocido miniaturista J. Goulú que había mudado su taller a la calle Potosí (Alsina) 119 piso alto, y entre tantos uno curioso de alguien que deseaba comprar de 25 a 100 navajas de afeitar averiadas.
Nada anunciaba de la llegada el día anterior de los últimos integrantes del Regimiento de Granaderos que había hecho la campaña libertadora.
Sólo en la edición del 14 de febrero, había dado cuenta del arribo el 7 de Enrique Martínez “general del Ejército de los Andes, quien había solicitado al gobierno la formación de un Consejo de Guerra para esclarecer su conducta, cuando la sublevación de su división que guarnecía la fortaleza del Callao”.
Un contemporáneo curioso, Juan Manuel Beruti en sus Memorias apuntó: “En este mismo mes de febrero han llegado a esta capital el coronel don José Félix Bogado, con 100 soldados del regimiento de su mando de granaderos a caballo, única gente que le ha quedado de los mil hombres de que se componía cuando salieron para la conquista de Chile y Lima, pues todos han quedado muertos, prisioneros o heridos en los referidos reinos que libertamos del dominio español…”.
UNA FIGURA SEÑERA
José Félix Bogado, un guaireño, nacido en Villa Rica en 1777 resulta una figura señera en la historia del Regimiento. Lanchero de profesión, conocía muy bien el río, y la acción de San Lorenzo lo encontró en ese lugar el 3 de febrero de 1813, prisionero por los españoles fue propuesto a San Martín para ser canjeado, y al momento fue incorporado como soldado a la unidad.
Pronto partió al Ejército del Norte y luego al de los Andes. Una síntesis acabada de su vida fueron estas palabras del historiador J.J. Biedma: “Dado de alta como soldado por San Martín, Bolívar puso sobre sus hombros las preseas de coronel: vida militar ungida por los dos Libertadores de América”.
El general Eustoquio Frías, que fue el último de aquellos granaderos en morir, que lo tuvo como su jefe lo describió: “De regular estatura, grueso, de color pálido, ojos negros y mirada muy viva, nariz recta, boca regular y cabello negro. Usaba la barba como casi todos los guerreros de su época”.
A su vez su biógrafo y contemporáneo el general Gerónimo Espejo escribió: “Valiente, pundonoroso, honrado, rígido y austero en el cumplimiento del deber, era generoso y desinteresado su corazón, como su bolsillo”.
Bogado en su saludo de despedida a los granaderos, a quienes llamó “mis amigos” les dijo: ”La subordinación, valor, disciplina y confianza con que habéis excitado la admiración en todas partes es lo único que os recomienda vuestro antiguo camarada. Estas son las cualidades que deben lisonjear a todo buen soldado y con las que descansan las glorias que adquirió nuestro cuerpo desde Montevideo hasta los Andes, y desde éstos hasta el Chimborazo, en San Lorenzo, Putaendo, Chacabuco, Talcahuano, Maipo, Bío Bío, Pasco, Pisco, Mirave, Riobamba, Pichincha, Junín y Ayacucho, a más de otros muchos en que se condujo de una manera prodigiosa: y la consideración y aprecio del pueblo generoso que servimos y defendemos y en cuya libertad han tenido una gran parte nuestros esfuerzos.
Adiós, mis amigos. Cualquiera que se la distancia que nos separe, no olvidéis a vuestro coronel y ocupadle con aquella confianza que inspira un jefe que no conoció otro estandarte que aquél que lleváis. Si este recuerdo me obliga a verter lágrimas, serán enjugadas con el consuelo de la obediencia y, lo que es más, si consigue saber que merece vuestro aprecio y memoria”.
Después de estar destinado en la frontera, evitando el avance de los indios como jefe del el Regimiento 4, el último año lo pasó junto al Paraná, como comandante militar de San Nicolás de los Arroyos, cuantos recuerdos habrán pasado por su mente de los viajes por ese río que lo llevaron a recorrer el continente.
La casa en la que entregó su alma el 21 de noviembre de 1829 afortunadamente se ha salvado de la piqueta y un pulcro museo evoca a su ilustre morador.
El Bicentenario del regreso de los granaderos iba a ser evocado con una formación en la Plaza San Martín, que habría concitado la participación del público que habitualmente transita la zona, pero las circunstancias de dominio público del jueves lo hicieron reducir al ámbito privado del cuartel del histórico Regimiento en Palermo. La Embajada del Paraguay en Buenos Aires, más allá de una sencilla evocación la semana entrante, hará de la figura de Bogado el eje central en las fiestas nacionales del mes de mayo, según nos lo señaló la embajadora Helena Felip Salazar como “ejemplo de esos admirables americanos que se incorporaron a fuerzas que no le eran propias de su tierra natal, y en un esfuerzo común llevaron la libertad por el continente”. Del mismo modo el académico sanmartiniano Jorge Gabriel Olarte dará a conocer en estos días una obra sobre el tema titulada: “Recuerdos y sus vivencias de la emancipación sudamericana” que será un valioso aporte al conocimiento de esta etapa de la historia de la unidad y sus últimos protagonistas.
