A Milei le imprimen un diario falso

La negación de la realidad, la descalificación de las opiniones que no gusten, el insulto, el autoelogio y la adulación no son buenas herramientas para el cambio.

La columna ya refirió una conocida anécdota. Yrigoyen era muy querido por la gente, en especial al asumir su mandato, pero sus políticas progresistas no tuvieron demasiado éxito (como suele ocurrir) y la sociedad comenzó a sufrir con el efecto de sus medidas. Renuentes a criticar a su líder, sus seguidores sostenían sistemáticamente que el presidente estaba “entornado”, lo que quería significar que estaba mal asesorado y hasta deliberadamente equivocado por su entorno. 

Para defender esa teoría, sostenían que al “Peludo” como se apodaba don Hipólito, le entregaban todos los días una edición falsificada de La Prensa, que era su diario, para que no se enterase del descontento social. 

Con Milei puede estar ocurriendo algo parecido. Escucha, lee y mira medios falsos, podcasts y asesores aduladores, con lo que se oye a sí mismo finalmente, mientras dialoga como alguien civilizado sólo en entrevistas pactadas con periodistas suaves que no son ensobrados, en su creencia. Todas sus peroratas adolescentes, groseras, descalificantes e insultantes para quien se le opone, lo contradice, discrepa en algún punto o hasta simplemente le hace una pregunta, significan que el mandatario cree que es infalible y que tiene la verdad absoluta “por primera vez en la historia”, digamos. 

Toc taurettiano

Su reciente charla en Madrid y la entrevista posterior con la prensa, además de constituir un imperdonable papelón, son un ejemplo clarísimo no solamente de su toc taurettiano, sino de la lejanía de los problemas que son importantes para la sociedad. Su descalificación de la protesta de que “la gente no llega a fin de mes”, recuerdan a la de María Antonieta, cuando dijo, o dicen que dijo “si el pueblo no tiene pan, que coma brioche. (Disclaimer: no debe interpretarse este parangón con la última reina de Francia como una profecía o un vaticinio).

A esta altura de su mandato, también está claro que el Presidente escucha solamente a quien coincide con él o a quien lo halaga y se le subordina. Hasta personalidades reconocidas han suavizado o hecho desaparecer sus críticas y permutarlas por elogios. Una forma de ensobramiento que además se suele notar cada vez que esos secanucas tienen que cumplir las funciones para las que han sido designados. Aún quienes no están en esa situación de nepotismo, amiguismo o similares silencian sus discrepancias por temor al pulgar hacia debajo de los otros dos ángulos del triángulo presidencial. 

También ocurre lo mismo con los halagos que recibe de Trump y su troupe, que lo halagan como al Burgués Gentilhombre de Molière, en busca de obtener concesiones y negocios. Y que él retribuye como si fueran ciertos. Milei está entonces entornado por sí mismo. Se imprime la propia La Prensa, o sea. 

Eso hace que diga y piense cosas como las expuso sobre la gente que no llega a fin de mes, o que recorte gastos al voleo donde no los debe recortar y salve a otros sectores, entre ellos la casta, o adjudique obras y negocios a empresarios protagonistas de la causa de los cuadernos, o a prestigiosos ladrones públicos que se beneficiarán del RIGI, que pagará la sociedad, en especial las Pymes y los trabajadores. 

Este síndrome tiene diversas consecuencias. La primera es la dificultad para cambiar o modificar una medida, toda vez que se piensa infalible. La dependencia de las decisiones que tomen sus aduladores, a los que también considera irremplazables e infalibles, hasta que pierden el favor de los otros dos lados del triángulo. Que por otra parte también se sienten infalibles. 

Dependencia emocional

Otro resultado es que la dependencia emocional de quienes lo adulan y entornan le dificulta entender situaciones y tomar decisiones, o no percibir los errores -o algo peor- de sus asesores, funcionarios, adláteres y demás. O comprarse el discurso meloso de los prebendarios históricos, a quienes considera héroes o salvadores de la patria (además de adjudicarles negocios).

Esa desconexión con la realidad hace que ayer Milei haya preguntado tras su absolución en la causa $Libra quién lo compensaría por el año y medio de mentiras y calumnias. Omite en su razonamiento que el juez lo absolvió casi ad limine sin haber realizado ningún procedimiento, investigación ni indagatoria, ni haber permitido la comparencia y acción de los damnificados. Evidentemente olvidó el texto que posteó originalmente, y se ha convencido de que todo fue una mentira urdida en su contra. 

Un interesante episodio fue el súbito patriotismo que lo llevó a reclamar fervorosamente la devolución de las Islas Malvinas. Una de las tantas bravatas (bluffs) de Trump, un jugador de truco experimentado, que intentó asustar al Reino Unido con la amenaza de retirar su apoyo en la discusión por ese territorio argentino hizo que el Presidente iniciara una cruzada interna y externa como si realmente el país pudiera hacer mucho por recuperarlo. Al poco tiempo el mandamás norteamericano, que usa ese tipo de declaraciones para negociar como el dueño de un bazar turco, relativizó sus dichos. Imposible no recordar que también un ministro fue el que empujó a Galtieri a declarar una guerra que no se podía ganar, para ocultar su fracaso económico y la falta de popularidad de los gobiernos militares, al lograr que una multitud se lanzara a la Plaza de Mayo como si celebraran un mundial de fútbol. 

Muchos han considerado esta cruzada como una gran medida de política, digna de un estadista. Sin embargo, los efectos no han sido ni serán los que supuestamente se perseguía sino todo lo contrario: las Islas se han alejado casi tanto como luego de la guerra. Es sabido, además, que el presidente Trump, e históricamente su país después de la Segunda Guerra, no es demasiado confiable como aliado. (consultar con Zelenski) Por alguna razón la boutade de Milei fue considerada como una acción única en la historia, como diría el propio mandatario y sus aduladores. 

Es difícil no darse cuenta de que, detrás de este episodio, se esconde una carencia de propuestas que produzcan entusiasmo a los votantes, cuando, en contraposición a los datos de macro auspicioso que exhibe el gobierno, Pymes y trabajadores están siendo duramente afectados por el desparejo ajuste, como también se puede ver en los datos (no en los discursos oficiales, que los califican de mentira). 

Falta empleo

La realidad es que, aunque no se haya intentado deliberadamente, la lucha contra la inflación, la baja del gasto y los altos costos impositivos, más la inevitable revaluación del peso ante el aumento de las exportaciones y la ayuda de la política monetaria, las empresas que más fuentes de trabajo generan en el país se están fundiendo, cierran o se van. Eso también ayuda a que los productos nacionales dejen de exportarse. La falta de empleo legal es evidente. No puede concebirse un país con los actuales niveles de desempleo. Nadie tiene la culpa. Probablemente el Gobierno tampoco, pero evidentemente esa matriz tiene que cambiar. 

Por mucho que se agite la bandera de los empleos que crearán todos los beneficiarios del generoso RIGI, sus actividades no demandarán sino una pequeña parte de los trabajadores desempleados, informales o a tiempo parcial. Una sociedad en esas condiciones es simplemente inviable. Solazarse en su declamado éxito histórico no es el modo de resolver esta situación. Creer que esa situación es una fake new es querer tapar el sol con un dedo. 

Las exageradas muestras de apoyo sobreactuado al presidente estadounidense también crea una dependencia política peligrosa, de la que será difícil salir. El gobierno de EE. UU. Está solicitando una serie de medidas y concesiones comerciales, más allá de las órdenes que emite sobre el sistema financiero. También eso puede agruparse bajo el rubro de decisiones brillantes de geopolítica. Trump puede ser temido, pero no respetado mundialmente, y su política de recargos a la importación es ruinosa tanto para Estados Unidos como para el resto del mundo. Lo mismo puede decirse de su empeño en no reconocer los avances de la tecnología e industrias chinas, lo que lo lleva a sancionar a quienes comercien con esa potencia. 

Falta muy poco para que el presidente yanqui aplique sanciones a los países que comercien con China, si no lo está haciendo ya. Argentina está entrando en una dependencia de todo tipo con EE. UU. que la torna enormemente frágil en su poder de negociación o en su independencia. Esto es evidente cuando se sigue recurriendo a la ex primera potencia para apuntalar la situación de endeudamiento y el rumbo económico del país. 

Por supuesto, la respuesta a estas preocupaciones siempre es la misma: peor es el kirchnerismo o el peronismo, o la Cámpora. Curioso que quienes sostienen ese punto omiten señalar a Massa como responsable, como tampoco pareciera haber vocación de denunciarlo por los delitos producidos en su gestión. A menos que los asesores hayan determinado que el mago del Tigre no es peronista. 

La amenaza de “si no es Milei vuelvan los kukas” seguramente también será considerada una gran maniobra política, cuando en realidad no es nada más que otra forma de fanatizar a las sociedades, que usan tantos gobiernos y tantos políticos, maquiavelismo que según Milei ha muerto pero que sigue usando, o lo usan sus entornadores. Recuerda a la amenaza del muy temido “hombre de la bolsa” que los ancianos de hoy sufrieron en su infancia. La necesidad de usar ese recurso también es una confesión. 

Esa amenaza del regreso del kirchnerismo cae por su propio peso cuando se repasan las designaciones de funcionarios, legisladores y jueces que ahora pretenden ser libertarios de la primera hora, pero que daban “la vida por Perón o Cristina”, muchos a cargo de puestos clave, en especial en las llamadas “cajas”, que suelen ser el mejor lugar para robar. O para robar para la corona, dirían algunos ahora empresarios rigiados. El kirchnerismo no va a volver. Porque nunca se fue. Baste un ejemplo: la escandalosa y vergonzosa privatización de AYSA, en el mejor estilo peronista. 

Dentro de estos beneficios se cuenta la política de permitir virtualmente el blanqueo de dinero ilícito. Agitando el lema de que los argentinos tienen cientos de millones de dólares bajo el colchón, el Gobierno está ayudando a quienes saquearon el país, que justamente son los kukas que, según la amenaza, se corre el riesgo de que vuelvan. Los dólares de debajo del colchón se gastaron para financiar los gastos entre el día 20 y fin de mes, bache que el mandatario niega que exista. 

Convencido de que es el mejor presidente de la historia, sin que nadie se atreva a decir que el rey está desnudo, el Presidente sigue repartiendo improperios escatológicos contra quien él perciba como enemigo o traidor en cada momento y según el triángulo baje el pulgar o lo levante. En esto semeja una réplica en miniatura de su admirado Trump, que también desparrama insultos, agravios y amenazas, además de lucir su autoritarismo y poco respeto por las instituciones de su país a niveles nunca vistos. Y también se cree el mejor presidente de la historia de la humanidad. Habrá que ver si esa sumisión tiene alguna contrapartida positiva, sobre todo en los aspectos comerciales, y en las enemistades que se están creando con varias naciones. 

La Argentina se enfrenta a un éxito que también plantea un problema: la fuerte entrada de divisas que generarán en los próximos años el petróleo, el gas y otras actividades extractivas. Eso implicará un aluvión de dólares, que, de seguir el cepo de hoy y las presentes reglas cambiarias, implicará una revalorización adicional del peso y facilitará el camino a un nuevo ataque inflacionario y una baja de las exportaciones con valor agregado. Ese escenario debe ser reconocido y buscar los caminos para que ello no ocurra o pueda ser contrarrestado de algún modo. 

¿El menor peor o un nuevo peor?

Por otra parte, la deuda a amortizar en el próximo año es casi inmanejable y el FMI exige que se usen esos ingresos para pagar los bonos. El sistema que obliga a los exportadores a vender al Central todos esos dólares que ingresen tendrá un duro efecto en la economía. No es momento para el autoelogio, ni para desoir las opiniones y recomendaciones bajo el lema de que quienes opinan o recomiendan deben ser descalificados, son enemigos o mienten. Todos estos efectos repercutirán sobre la sociedad. No se le puede responder con el eslogan “peor es que vuelvan los kukas”. Es anticiparles que elegirán al menos peor, o a un nuevo peor. 

Las sociedades de hoy, además, ya no eligen estadistas, ni siquiera a políticos sensatos, suponiendo que los haya. Elige a quién le prometa solucionarle sus problemas. Y si no, cambia de magos cada cuatro años, en gigantescas piruetas ideológicas. Eso también genera inseguridad jurídica y financiera, no sólo el temor K. Por supuesto que quien gobierno en estos tiempos debe tener firmeza, templanza y coraje para cambiar lo que haga falta. Pero si se desmorona el empleo y una cantidad de gente no llega a fin de mes, aunque Milei no lo crea, el país se torna inviable. Es el momento de ser equilibrado, humilde, bien educado y justo. Y rodearse de talentos, no de secanucas.