Mirador político

A Kicillof no le queda otra que derrotar a Cristina Kirchner

El traspié del Gobierno en el Senado por la ley sobre la propiedad privada activó en los medios el entusiasmo por un posible resurgimiento peronista. Ese éxito no pudo ocultar, sin embargo, la grieta entre sus principales figuras y sus dificultades para recuperar la competitividad.

¿Puede la Cámara de Senadores, enclave de poder siempre dominado por el peronismo, convertirse en la llave de la reanimación del -en otros tiempos- partido más poderoso de la Argentina? ¿Está a tiempo de ponerlo en carrera con alguna chance de ganar el año próximo?

Más allá del entusiasmo periodístico, la primera reacción de la dirigencia mostró que las divergencias en el PJ persisten, en particular en la provincia de Buenos Aires.

El primero que trató de apropiarse del triunfo sobre Milei fue el inefable Sergio Massa al que algunos medios presentaron como un estratega en las sombras. En ese plan hasta le acreditaron influencia sobre senadores que responden a gobernadores del norte del país.

Más allá, sin embargo, de estas distracciones, el bloque de senadores que dirige (hasta donde puede) José Mayans, está desde hace varias semanas comprometido en una campaña para convertirse en anfitrión de todos los sectores enfrentados con la Casa Rosada. Desde el “Pollo” Sobrero hasta los representantes de cualquier nivel social, gremial o empresarial.

En esa tarea, la semana pasada dejó expuesto su verdadero objetivo al recibir a un grupo de intendentes bonaerenses que se autoperciben independientes, pero que en última instancia jugarán con el kirchnerismo. En el comité de recepción estaban además de Mayans, Juliana Di Tullio y Eduardo de Pedro.

Di Tullio dijo que había que parar con la interna y reconoció que la gente “detesta” a los políticos, aunque algunos interpretaron restrictivamente sus palabras y opinaron que se refería sólo a los peronistas.

Cualquiera haya sido el alcance de sus expresiones, de lo que no pueden quedar dudas es del destinatario del mensaje, Axel Kicillof, con quien la expresidenta y sus seguidores perdieron definitivamente la paciencia. Quieren verlo sin más dilaciones sometido a la voluntad política de la señora mientras él elude decir si la indultará o no en caso de ser presidente.

El día que admita públicamente que lo hará, perderá no solo una considerable proporción de voto independiente imprescindible para vencer a La Libertad Avanza, sino además cualquier posible control del peronismo.

Kicillof está en el lugar donde ya estuvieron Daniel Scioli y Alberto Fernández. Al primero, la expresidenta lo bombardeó durante la campaña a través de La Cámpora para vaciarlo de autoridad. El resultado fue el triunfo de Mauricio Macri.

A Alberto Fernández lo impuso con un “tweet” y cuando quiso demostrar autonomía lo aisló, abandonándolo políticamente. Para evitar cualquiera de estos dos melancólicos destinos, el gobernador tiene que derrotarla en una interna, única alternativa al sometimiento al que lo empujan los todavía fieles de la señora.