Será por contradecir a quienes dicen que veinte años no es nada, o quizás por esa obsesión de exaltar las bondades del sistema métrico decimal –como decía J. L. Borges-, la cuestión es que veinte años, un número redondo, se nos hace un buen momento para hacer un ba- lance.
El 4 de octubre se cumplieron dos décadas de la sanción de la ley que obliga a impartir Educación Sexual en las escuelas argentinas desde nivel inicial hasta terciario no universitario. La Ley Nacional N.º 26.150 formó parte de un entramado cargado de ideología, que consciente o inconscientemente promovió un proceso de cambio cultural. Bajo un recubrimiento de neutralidad ya se escondía la semilla adoctrinadora que en los años siguientes se fue desarrollando.
Es un tiempo prudencial como para evaluar lo transcurrido y sacar algunas conclusiones.
UNA AGENDA IDEOLÓGICA
El Programa de Educación Sexual Integral (ESI), decía buscar el descenso de los embarazos en adolescentes, la prevención de las enfermedades de transmisión sexual y el fomento de la equidad entre varones y mujeres. Sin embargo, otros objetivos latentes -el adoctrinamiento de género y la legalización del aborto- estaban agazapa- dos y ocultos a la mirada ingenua de muchos docentes, directivos y padres.
¿Fue una experiencia exitosa? Es alarmante el crecimiento sostenido en las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) entre adolescentes. Por ejemplo, en 2025 se notificaron más de 46.000 a 55.000 casos de sífilis (con picos que alcanzan los 46.779 a 55.183 registros según el reporte), lo que representa un incremento de alrededor del 71% al 75,6% en comparación con los años previos. La población más afectada son los adultos jóvenes de 15 a 39 años, el 76% de los casos de sífilis se concentra en jóvenes.
Si bien en la última década la tasa de fecundidad de chicas entre 15 y 19 años descendió cerca de un 60%, la facilidad para acceder a drogas abortivas impide saber la cantidad de embarazos adolescentes que no llegan a declararse.
A los varones y a las mujeres jóvenes, cada vez más desconcertados respecto de su identidad y misión social, les cuesta vincularse y formar lazos sólidos.
Visto así, la educación sexual tal como fue manifiestamente planteada no ha logrado cumplir lo que se propuso.
Sin embargo, como herramienta de cambio cultural fue lamentablemente efectiva. La ESI entró en la escuela y con ella, sus ideas revolucionarias llegaron a los hogares. Entró en la familia, célula básica de la sociedad, que muchas veces miró sin comprender, creyendo que se trataba de conocimientos nuevos a los que había que adaptarse. Este ingreso fue fuertemente acompañado por el poder político y mediático.
La perspectiva ideológica de género minó una verdad básica y evidente. Quizás la más visible y de sentido común: nacemos como varones y como mujeres de la unión sexual de un varón y una mujer. Deconstruir esta verdad básica y evidente, destruye también nuestra identidad como seres humanos.
Las concepciones antropológicas erradas, una visión distorsionada de la sexualidad, las medias verdades, las falsas dicotomías y el lenguaje manipulado pasaron a ser carne en la gente sencilla y en la formación de docentes y profesionales de la salud y fueron corrompiendo el sentido común al punto de ya no poder definir qué es una mujer ni qué es un varón.
CONSECUENCIAS OBVIAS
Hay un tema que en los últimos tiempos se reitera en la opinión pública porque anuncia futuros problemas: la baja natalidad.
Podríamos fijar un punto de origen en la teoría de Thomas Robert Malthus, uno de los primeros demógrafos, quien proponía la limitación preventiva de los nacimientos para evitar un colapso mundial por superpoblación.
La Declaración de Teherán, en 1968, introduce oficialmente en la ONU el control de los nacimientos bajo la forma de planificación familiar como nuevo derecho humano.
Prevención de embarazo no intencional, aborto legal y gratuito, nuevos modelos de familias, son conceptos a los que cada vez estamos más habituados. Paradojalmente, están tan emparentados con los discursos progresistas del siglo XXI como con el informe Kissinger, documento militar altamente secreto, desclasificado en la década del ‘90 por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Según ese documento, para resguardar la seguridad nacional el gobierno norteamericano necesitaría implementar políticas internacionales con urgencia, antes de que los países exportadores consuman su producción y decidan vender menos y a un mayor costo. ¿Cómo se podría solucionar ese problema?, ¿se podría regular la población de estos países?, ¿de qué manera evitar que haya más nacimientos? Como las guerras armadas son vistas con malos ojos, la propuesta es que la mejor manera de evitar embarazos es generando un rechazo voluntario de la población, y sobre todo de la femenina, hacia la natalidad.
El subtítulo del documento, ‘Creando condiciones conducentes a la declinación de la fertilidad’, habla de la “concentración en la educación y el adoctrinamiento de la creciente generación de niños con respecto a lo apetecible del tamaño de familia menor”, y propone que Estados Unidos busque aliados para tal causa en otros países desarrollados y en organismos internacionales, como, por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unpfa), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Banco Mundial, para alcanzar las áreas rurales remotas.
Para decrementar la natalidad, con resultados más seguros y duraderos, se consideró de vital importancia que la sociedad misma vea la maternidad como algo negativo y fomente un tipo de relaciones humanas que por la naturaleza del vínculo le sea imposible procrear.
La reforma de la ley de matrimonio (2010), la de identidad de género (2012) y la de Interrupción voluntaria del embarazo (2021) intrusaron la ESI.
En mayo de 2006, el equipo de Juventud de la sede de Londres de IPPF (ONG global dedicada a promover la salud y los derechos sexuales y reproductivos, léase, aborto e ideología de género) produjo un documento denominado ‘Marco de la IPPF para la educación integral en sexualidad’. Este documento insta a que la información sea accesible a niños y jóvenes de todas las edades con estrategias de amplio alcance.
No es cuestión de echar a la ESI la culpa de todos los males, pero, si plantás un peral, ¿qué otra cosa más que peras podrías obtener? También la baja de la natalidad es una de las derivas lógicas del enfoque que alimentó la ESI.
El lector podrá seguir a Buena Data en:
YouTube: /BuenaData
Instagram: @buenadata
