El sábado 6 de febrero de 1926 las Sociedades Italianas de Buenos Aires, daban a conocer un comunicado que comenzaba así:
“Culmine Franco su hazaña en Buenos Aires y habrá escrito una de las más hermosas páginas en los fastos de la latina estirpe. Las multitudes, vibrantes de emoción, proclamarán su triunfo, y juntos subirán al cielo que acabe de cruzar, los vítores y los gritos de júbilo de italianos y españoles, de los hijos de las dos grandes monarquías latinas del Mediterráneo, cuyos recíprocos amistosos sentimientos quedaron tan de manifiesto con ocasión de la visita del rey Alfonso a Roma”.
Después de recordar que por fatales circunstancias el piloto italiano Casagrande, no pudo completar ese intento e invitaba a la colectividad a recibir a los aviadores españoles.
El miércoles 10 de febrero de 1926, sobrevolaron la ciudad y viraron sobre el monumento a Cristóbal Colón, a modo de homenaje, ya que antes de partir los tripulantes habían escuchado misa en la misma iglesia donde invocó la voluntad divina el almirante cuatro siglos antes.
Aplausos, vivas y gritos
Eran exactamente las 12.28 cuando el Plus Ultra se posó en las aguas del Plata; una multitud observaba desde la costanera donde los aplausos, vivas y gritos del público junto a las sirenas de los barcos daban la bienvenida a los viajeros. Habían cruzado el Atlántico, en los 19 días de vuelo y realizado seis escalas antes de llegar a Buenos Aires: una en Las Palmas (Gran Canaria), otra en Porto Praia (Cabo Verde), tres en Brasil (Noronha, Pernambuco y Río de Janeiro), y una más en Montevideo (Uruguay).
Los héroes de esa proeza fueron los españoles Ramón Franco, el hermano menor del Generalísimo, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Apenas llegaron, subieron a la cañonera “Paraná”, donde los aguardaban las autoridades nacionales y municipales, y desembarcaron en el muelle del Arsenal de Marina, donde el público se abalanzó sobre los aviadores; al extremo que según las crónicas el ministro de Marina almirante Domecq García quedó solo con una manga de su uniforme.
Ramón Franco y Julio Ruiz de Alda escribieron después sobre el viaje: De Palos al Plata. Quedaron impresionados, no podían creer las demostraciones que observaban en las calles de la ciudad en el camino hacia la Casa de Gobierno.
"Desembocaban por todas las avenidas ríos humanos… La copa de los árboles, las columnas de alumbrado y los monumentos parecían racimos humanos, que se apiñaban para completar nuestro paso…. Todas las manos aplaudían al mismo tiempo que de todas las bocas salían rugidos de entusiasmo. Los sombreros agitados en el aire, daban la impresión de un frenesí delirante. Todos querían subir a los automóviles para abrazarnos, y nos defendíamos como podíamos de sus estrujones… La avalancha humana rompió los cordones de policía". Y tuvieron que "defendernos de las demostraciones de cariño del público".
Consignaron en ese libro que merecería una reedición en este aniversario.
En la Casa Rosada, fueron recibidos por el presidente Marcelo Torcuato de Alvear a a quien le entregaron un mensaje del rey de España. El júbilo llegó al extremo cuando los invitó a asomarse al balcón que da a Plaza de Mayo. Una banda ejecutaba el himno argentino y la marcha real española, pero la música apenas se oía por momentos por el grito de la multitud, mientras sombreros, los típicos ranchos y pañuelos en las manos se agitaban como el mar.
Hasta Carlos Gardel ya en franco ascenso, les dedicaría el tango La gloria del águila, que atento la repercusión mundial de la proeza decía su letra:
"El orbe entero se ha estremecido, y el entusiasmo en todas partes se desata".
Acá no terminó el día, Franco se trasladó a las oficinas de Italcable, desde donde habló con el rey don Alfonso, a pedido de este que se encontraba en Málaga; a quien dio noticias del viaje, incluyendo la escala imprevista en Montevideo.
“Celebro que todo haya salido bien” fue la respuesta real. Los aviadores participaron de una recepción organizada por la embajada de España a cargo del marqués de Amposta y seguidamente presenciaron, desde los balcones de La Prensa, una enorme manifestación popular.
Los festejos continuaron y las páginas de este diario que los tuvo como visitantes, como la de otros medios pueden dar noticia de los mismos. Mientras tanto el aparato era revisado, y se lo encontró en perfecto estado para seguir a Chile, desde donde llegaron varios aviones para acompañarlos en el cruce de los Andes.
EN LA PLATA
El 13 de febrero los tripulantes visitaron la ciudad de La Plata, fueron recibidos por una multitud en la estación del ferrocarril, y la colectividad española los agasajó con un banquete en su honor en el Teatro Argentino.
El 19 los aviadores estaban en Mar del Plata, donde fueron recibidos nuevamente por el presidente Alvear que se encontraba descansando en su residencia en dicha ciudad. Dos días después el gobierno español comunicó a Franco la decisión de dar por concluido el vuelo, lo que le produjo como es de imaginar un fuerte fastidio.
El gobierno argentino, ofreció el crucero Buenos Aires para llevar a los aviadores a de regreso a España, ofrecimiento que fue aceptado por Madrid. Mientras tanto el Plus Ultra siguió volando. Lo hizo sobre Buenos Aires, llevando a la tripulación del Alsedo que lo había acompañado durante la travesía como retribución al apoyo brindado.
El jueves 11 de marzo, se despidieron del presidente Alvear, e hicieron donación del hidro al ministro de Marina argentino, el que tomó posesión de la ya histórica máquina. El gobierno la destinó por una década al transporte de correspondencia.
EN LUJAN
En 1936 don Enrique Udaondo, cuyo nombre siempre merece el recuerdo agradecido de la posteridad, había reunido en el Museo de Luján algunos históricos medios de transporte, galeras, diligencias, carrozas de gobernadores de la provincia o presidentes y vehículos de alguna relevancia en manos de particulares; y obtuvo la cesión del Plus Ultra.
La nave fue trasladada desde el puerto de Bahía Blanca al de Buenos Aires, y luego en camiones se la condujo a Luján donde fue armada, restaurada e instalada en el Pabellón del Transporte donde aún hoy es objeto de admiración por el público visitante.
El 20 de diciembre de 1936 en la ceremonia de entrega el entonces Jefe del Servicio de Aviación del Estado Mayor General de la Armada, mientras firmaba el acta con el director Udaondo, una banda de la fuerza ejecutaba la marcha El Tala que era característica en las grandes celebraciones del Museo.
La aeronave matrícula W-12 había sido construida en Italia y bautizada con el nombre Plus Ultra. Si la travesía representó todo un acontecimiento para la época, hoy une el destino final con la nacionalidad de los que ejecutaron la proeza, y también con la tierra donde se construyó. Acaso un símbolo para recordar con ambos países este centenario, porque justamente de ellos llegó la inmensa ola inmigratoria en tiempos de la gran Argentina.
