La espalda de Demichelis

Un montón de méritos tiene Martín Gastón Demichelis en su extensa carrera como futbolista y breve como entrenador. Pero quizá el más notable es el que logró en estos últimos vertiginosos meses, desde que asumió como DT de River y puso en marcha su ciclo. Micho consiguió lo que muy pocos imaginaban, quizá nadie en el Mundo Núñez: hizo olvidar a Marcelo Gallardo, quien estuvo a cargo del equipo por espacio de ocho años y se convirtió en leyenda.

Por supuesto, que no se enojen los fans del máximo ídolo como técnico millonario. Que se entienda. La estatua de las medidas desproporcionadas, el aura, sus enseñanzas, la tremenda cosecha de títulos y el 18 de diciembre de 2018 quedarán para siempre en la memoria de los hinchas y nadie les borrará la sonrisa cuando hablen de Gallardo. Incluso, algún día -al menos eso es lo que desea la mayoría de sus seguidores-, el Muñeco volverá. Pero, por estas horas, lo que se vive en River parece mentira. Y sepulta esa sensación de que nadie iba a soportar el peso de la mochila gloriosa que dejaba el Muñe en el vestuario, de que ningún estratega, por más bueno que fuera, iba a estar a la altura de su trabajo. De que nadie iba a poder alcanzar la vara.

Es cierto que el camino de Demichelis recién comienza. Y que todavía, que quede claro, no ganó nada, aunque tal vez sea cuestión de horas su primera consagración como DT. Y que, aunque lo consiga esta semana o la otra o la otra, aún tendrá que demostrar un montón de cuestiones, deberá capear tempestades, saber que los hinchas son filosos cuando la pelota no entra y que, además, algunas equivocaciones ya se le pueden cargar a su cuenta personal (como la abultada derrota en Brasil 5-1 a manos de Fluminense por la Libertadores, donde falló feo con los cambios o algún que otro planteo que no funcionó como pensaba).

No le pesó asumir el desafío de reeplazar a Marcelo Gallardo.

Pero también es verdad que Demichelis corrigió sus errores más graves, que supo llevar adelante un plantel de estrellas acostumbrado al Método Gallardo, que siempre se mostró calmo, educado y sonriente cuando fue interpelado por la cátedra y que mejor no pudo comenzar. Sus números son fantásticos, si es que nos queremos apoyar en las estadísticas. En el torneo local su equipo disputó 23 partidos, de los cuales ganó 17 (uno de ellos, el Superclásico), empató 2 y perdió 4 (uno de ellos, con un equipo totalmente alternativo frente a Barracas Central). Y si bien en la Copa la cosecha no resultó tan prodigiosa, porque terminó segundo en su grupo y de los seis partidos de la primera fase ganó 3, empató 1 y perdió 2, metió al equipo en octavos de final (fase en la que se enfrentará a Internacional, de Brasil) y alcanzó el objetivo mínimo propuesto hasta ahora en esa dura competencia. Además, ganó un duelo por el Trofeo de Campeones (a Banfield, 3-2) y uno por la Copa Argentina (a Racing de Córdoba, 3-0).

En el campeonato, en el que acaricia el título, su River marcó 42 goles y sufrió apenas 15 y eso que dicen que Franco Armani no atraviesa su mejor momento. Y por eso, cuando restan cuatro fechas para el final, todos hablan de una definición resuelta y felicitan a San Lorenzo y Talleres por las buenas campañas que hicieron, como si la competencia ya hubiera llegado a su fin. Ojo, en el fútbol nunca hay que gritar los goles antes de que la pelota cruce la raya blanca, pero...

“Hay que reconocer que estamos bien, pero no significa que hayamos ganado algún título. Hay que ser muy precavidos, porque cuando bajemos la guardia nos vamos a confundir. No podemos bajar la guardia, nunca hay que bajar la guardia”. La frase de Demichelis suena conocida. Gallardo la dijo alguna vez y en River se hizo carne. Desde entonces y desde antes parece haber una línea de conducta a seguir en los alrededores del Monumental y del River Camp.

Enzo Francescoli, el ídolo y mánager al que se le atribuyó siempre el acierto de haber ido a buscar a Gallardo en su momento, ahora también ¿la pegó? yendo por Demichelis. El Príncipe algo debe tener. Algo más que olfato. Fue por el marido de la modelo Evangelina Anderson cuando su experiencia era escasa. En 2019 Demichelis, dos años después de dar las hurras como futbolista profesional, comenzó su trabajo como entrenador de la Sub 19 de Bayern Munich, entidad en la que se forjó como hombre -entre 2003 y 2010-, tras haber sido transferido desde River. Y en 2021 se convirtió en el DT del Bayern Munich II, una especie de equipo B, alternativo, del múltiple campeón alemán. Jamás había dirigido en Primera pero ya se sentía capaz de conducir a River. Y Enzo lo sabía.

Después del acierto con Gallardo, Enzo Francescoli volvió a demostrar su ojo clínico con el actual DT de River.

“A mí me pasaron cosas bruscas en lo personal, la pérdida mi mamá muy joven, el accidente de mi papá, el de mi hermano mayor Adrián De Vicente (ex jugador de River y muy amigo de Demichelis). Mi único representante en mi carrera, quien decidió quitarse la vida. Mi abuelo también sufrió un accidente enfrente de mi casa. Un montón de cosas que fueron fortaleciendo mi manera de vivir. Hay que tener estómago, porque hay que preparar esa sensación que te aparece acá, directamente ahí (dijo señalándose la panza), cuando tenés un acierto o un error, cuando ganás o perdés”, dijo hace poco el DT millonario. Seguramente sus grandes experiencias de vida le permiten sentarse en uno de los bancos más calientes del fútbol del mundo, mostrando una calma envidiable. Parece saber qué es lo que vale la pena y qué no. Mientras, el joven técnico hace una mueca cómplice con su media sonrisa y avanza viendo cómo se luce su River. Habrá que ver hasta dónde llega. Por lo pronto, a la vuelta de la esquina parece esperarlo otra vez la gloria, como cuando era jugador.