La Prensa
CLASICA: Sonatas de Beethoven

Martha Noguera, al mando de un piano de alto vuelo


Beethoven: Sonata Nº 5 en do menor, opus 10 Nº 1, Sonata Nº 18 en mi bemol mayor, opus 31 Nº 3 (`La caza'), Sonata Nº 7 en re mayor, opus 10 Nº 3y Sonata Nº 32 en do menor, opus 111. Por: Martha Noguera (piano). El sábado 1, en el Auditorio de la Fundación Beethoven.


 

Una de las cualidades que destaca en el bagaje artístico de Martha Noguera es su notable capacidad para la interrelación de todas las ideas y motivos que subyacen en los pentagramas a su cargo, cuyas voces internas hace oír en un entramado tan complejo como de redonda articulación. Siempre en el esbelto auditorio de la Fundación Beethoven (donde se desarrolló toda la serie), la pianista porteña ofreció el sábado el último recital del ciclo dedicado a las sonatas de Beethoven (ocho jornadas), y la velada, seguida por un público entusiasta, alcanzó muy elevado rango por donde se la mire.

 

PRIMER PERIODO

Tocando invariablemente sin partitura (conocer de memoria las treinta y dos sonatas no es para cualquiera), la sesión se inició con una pieza juvenil, la primera del opus 10 (1798), obra amable, definida por algunos musicólogos como como 'pequeña patética', expuesta con deslizamiento fluido, inmaculada transparencia y singular elocuencia en el prestissimo, ello sin perjuicio de un uso a veces algo rotundo del pedal.

Seguidamente, en la Sonata N° 18 opus 31 Nº 3 (1802), denominada 'La caza', la concertista fue levantando cada vez mayor vuelo sobre la base de un fraseo muy expresivo (particularmente en el scherzo y el minué). Esto, sumado a la limpieza de la digitación, su agilísima destreza y el manejo de agraciados claroscuros, hicieron que la versión sobresaliera por su difícil equilibrio y nitidez, además del virtuosismo requerido en el presto con fuoco final.

Ambas piezas, cabe señalarlo, completamente alejadas de cualquier contenido dramático, pertenecen a lo que podríamos denominar primera etapa beethoveniana, y sobre todo la última preanuncia ya una suerte de apertura estructural en materia de formas, tiempos y diversidad de elementos que interactúan.

 

EL PLATO FUERTE

La segunda parte del recital se inició con la Sonata Nº 7, tercera y la mejor del opus 10 (su autor tenía veintiocho años), traducida con línea decididamente exquisita en el largo, respecto del cual se han querido ver asociaciones con la `marcha fúnebre' de la `Heroica'. Fogoso brío en el presto inicial, impecable pulsación y acabados rallentandi y diminuendi así como también agraciada luminosidad en el minué fueron también rasgos de una ejecución distinguida por su perfecta cuadratura.

El programa culminó con la última Sonata del compositor de la 'Novena' (1822). Creación de enormes dificultades técnicas e interpretativas (no cualquier pianista se anima a tocarla), su discurso, si se quiere, de grave impulsividad, fue desplegado por Martha Noguera con absoluta seguridad y arte decididamente superior. Con acordes de pulido cromatismo, perfecto control aun en los fragmentos poblados por un torbellino de notas, y acentuaciones de tocante sensibilidad, la entrega de este notable trabajo de un Beethoven maduro, intenso, profundo, por momentos implacable, que consta sólo de dos movimientos, tuvo asimismo tensión inclaudicable y un final evanescente, de delicada, contrastante ensoñación.

Calificación: Excelente