La Prensa

Vuelos

Días pasados disfruté un programa de televisión que se difundió por el canal Encuentro. Referido el mismo a Jorge Newbery y, naturalmente, a los vuelos en globo. Pampero se llamaba el de Newbery.

Jorge Newbery era hijo de un ingeniero norteamericano que vino a instalar el alumbrado eléctrico en Bueno Aires. Jorge nació aquí y se destacó en varias disciplinas. Pues, además de piloto de aerostatos, fue uno de los introductores del boxeo en el país. Debido a esto último, el tango Corrientes y Esmeralda, alude a él en la estrofa que dice:­

"Amainaron guapos junto a tus ochavas­

cuando un cajetilla los calzó de cross''.­

El cajetilla era Newbery. Y ocurre que, cuando el gobierno militar que sobrevino después de la revolución de 1943, muy cuidadoso de la pulcritud del idioma que hablan los argentinos, el término cajetilla fue reemplazado por elegante.­

Newbery fue uno de los iniciadores de la práctica del boxeo en la Argentina. Creo que alumno de Lenevé, el maestro que legó a los pugilistas argentinos un estilo peculiar, elegante y efectivo.

De joven me gustaba boxear. Primero con los peones de la estancia que tenía mi padre entre las localidades bonaerenses de Pirovano y Daireaux. Más tarde lo hice en Buenos Aires y todavía recuerdo con orgullo cierta pelea que sostuve con un amigo, en la azotea de su casa, en la Avenida Alvear, aprovechando el feriado del 1º de Mayo. Gané esa pelea por KOT en el 2º round.

También boxearon mis hermanos mellizos, Luis Bernardo y Luis Esteban. Éste último sostuvo varios combates en el interior del país. Lo apelaban La Pantera Rubia de Rufino. Y concluyó su carrera cuando un ruso-alemán le metió un piña en la punta de la pera y a mi hermano se le vino la noche. Para subir al ring, usaba una bata de mujer que había sido de una tía nuestra, María Rosa Lezica Alvear de Pirovano.­

Fui yo un asiduo concurrente a las peleas del Luna Park, donde vi combatir a los mejores boxeadores de los años 60.

Y un peoncito del campo de mi padre, del cual soy íntimo amigo, se dedicó a pelear profesionalmente. Invitándome a verlo entrenarse en Vélez Sarsfield, donde me presentó a varios púgiles de la época. Los hermanos Lowell, un negro francés llamado Jean Joup y algunos más.­

Pero volvamos a los globos y a los vuelos. Los primeros aviones que vi de cerca formaban parte de una escuadrilla integrada por dos biplanos de motor radial y un monoplano de ala alta bautizado Ramón S. Castillo en honor del presidente que supo mantener neutral al país cuando la última guerra. Comandaba la escuadrilla un amigo de mi padre: Luis González Moreno.

De chico aprendí mucho sobre aviones, pues llegaban a casa las revistas Signal y Der Adler, germanófilas.

Bueno, ya he excedido la extensión habitual de mis notas en La Prensa. De modo que, aunque se quedene muchos temas en el tintero vinculados con el asunto, debo poner punto final a esta nota. ­