La Prensa
El rincón del historiador

El jesuita belga Vasseau y la música

No pocas veces nos hemos referido a la inmensa labor cultural de los padres de la Compañía de Jesús. Esta vez volvemos a ocuparnos pero con algo tan agradable a los oídos de los lectores como la música. No faltaron entre los padres jesuitas pocos exponentes, pero el padre Furlong afirma que en 1616 llegaron a Buenos Aires "cuatro belgas de singular prestancia''. Hoy vamos a ocuparnos de uno de ellos, el padre Juan Vaisseau, que en lo suyo -la música para la evangelización- fue un primun inter pares.

Cuando desembarcó en nuestra ciudad, los españoles dificultados de llamarlo por su apellido lo llamaron Basco, Vases, Vasco, Wasco y Masco y los portugueses Juan Vaseo. No le faltaba instrucción a nuestro sacerdote, cuando ingresó en 1612 a la Compañía con 29 años (había nacido en 1583 en Tournai) y tampoco vocación misionera.

Motivado a la vocación religiosa por los relatos del padre Nicolás Trigault que había misionado en China, y buscaba misioneros en Portugal para volver a Oriente pensó en viajar a Lisboa e incorporarse, pero le resultó imposible. Estudió en el Colegio d su ciudad natal Tournai y posteriormente en Lovaina donde cursó filosofía y teología, ingresó al seminario pero por razones familiares debió abandonarlo.

Finalmente completó teología en Lovaina y en 1607 recibió el presbiterado en París. Ya sacerdote, en abril de 1608 regresó a Bruselas donde su afición que no debía ser poca por la música, ya que fue nombrado maestro de coro de la capilla del archiduque Alberto de Austria.

Su vocación por misionar no debió olvidarla y poco a poco su talento le hizo ganar la confianza de quienes rodeaban al archiduque y del mismo Alberto, quien enterado de su interés y que sólo no lo podía cumplir porque debía ocuparse del sustento de sus padres le ofreció la ayuda necesaria para liberarlo de esa preocupación. Así, en la víspera de la Navidad de 1612 ingresó a la Compañía de Jesús en seminario de Tournai, y si magro era su patrimonio material, no lo era el espiritual y mucho menos su formación: maestro de artes por Lovaina, de ciencias pedagógicas por Faucon y canónigo de Notre Dame d'Albe -la-Long.­

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EN LORETO­

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El 15 de febrero de 1617 llegó a Buenos Aires y de inmediato comenzó su labor misionera en la reducción de Loreto. A poco de llegar una terrible epidemia asoló la misión, diezmando su población; en ese momento Vaisseau se preocupó largamente por los suyos y mereció el elogio del padre provincial Pedro de Oñate en su Carta Annua.

El padre Antonio Ruiz de Montoya llegó de visita a Loreto: "Con el deseo de ver aquellos dos insignes varones, el P. José y el P. Simón. Los hallé pobrísimos, pero ricos de contento. Los remiendos de sus vestidos no daban distinción a la materia principal. Tenían los zapatos que habían sacado del Paraguay remendados con pedazos de paño que cortaban de la orilla de sus sotanas''.

Ni que decir de la descripción de la choza, y el sustento, por sólo mencionar algo de esa vida de pobreza "pan, vino y sal no se gustó por muchos años, carne alguna vez la veíamos de caza'', que cada tanto y muy espaciadamente recibían de limosna. "El principal sustento -prosigue Ruiz Montoya- eran patatas, plátanos, raíces de mandioca, de que hay dos especies, dulce una, que asada o cocida se come y no hace daño; la otra es brava y amarga y comida de esta manera mata; rallada y exprimida se come, y el zumo utilizan muchos para dar sabor a lo que con ella se cuece''.

Sin embargo, el padre Vassaeu fue el primer propulsor de la música para evangelizar a los naturales, seguido a continuación por su compatriota José Berger, el francés Claudio Royer y el italiano Pablo Comental. El padre Ruiz de Montoya afirmó que "trabajó apostólicamente en aquellas reducciones y puso la música en maravilloso punto entre los indios''. ­

A su vez otro compatriota y también sacerdote de la Compañía de Jesús el padre Nicolás del Techo escribió: "Su mayor gloria es el haber enseñado el arte musical a los indios, y es cosa sabida que de su escuela salieron los que enseñaron el arte músico y el coro de la sinfonía de los instrumentos, en los diversos pueblos fundados por los jesuitas y de lo que se ha derivado ingente aumento en el culto divino''.­

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OTRA PESTE­

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Una nueva peste atacó al pueblo de Loreto en 1623. El padre Vasseau falleció en la reducción el 23 de junio de 1623, el próximo año se cumplirán cuatrocientos años. Joven aún dejó su vida cumpliendo su vocación de misionar.

Su coterráneo, el hermano coadjutor Luis Berger, habría de continuar su obra misional a través del arte y oportunamente nos ocuparemos de su actividad.

El padre Ruiz de Montoya recuerda en su Conquista Espiritual del Paraguay que estando (el padre Vasseau) muy enfermo, oyó en la ventana de su aposento ruido por fuera, y al fin tocaron la ventana. Preguntó el Padre quién era. Respondió el que tocaba y dijo: ¡Ea!, Padre Juan, vámonos al cielo. Le conoció muy bien en la voz que era un cantor discípulo suyo; se admiró el Padre de oírle allí, sabiendo que estaba en su casa muy enfermo y sin poderse levantar: nos preguntó por él el estado de su enfermedad. Le dijimos que en aquel punto había expirado. Entonces el buen padre dijo: `Ya es llegada mi hora, porque ahora me llamó y convidó para que fuésemos al cielo; yo muero muy consolado de morir en tan dichosa demanda de la conversión de los indios'. Y así murió en breve''.­

No dudo que un digno homenaje al ilustre sacerdote será colocar una placa recordando el aniversario junto con los nombres de los otros misioneros belgas, que tanto hicieron en el Paraguay, en el Museo de Arte Sacro de Asunción, cuyo director don Nicolás Darío Lattourette Bo aceptó gustoso el homenaje, lo mismo que la doctora Mary Monte de López Moreyra ex presidente y quien la sucede actualmente el Dr. Gustavo Acosta que organizarán una sesión especial de la Academia Paraguaya de la Historia.

Con el embajador don Karl Dhaene, tan interesado en desarrollar los lazos culturales, ya está auspiciando entre otros, este homenaje en ocasión del IV Centenario del padre Vasseau.­