La Prensa
MIRADOR POLÍTICO

El largo adiós

Cristina Kirchner resolvió abandonar a Alberto Fernández el año pasado tras la catástrofe electoral en las PASO y desde entonces lo viene zamarreando en público cada vez con mayor frecuencia.

En el último mes y medio lo hizo en tres ocasiones (Chaco, Tecnópolis y anteayer en Avellaneda) no sólo porque quiere desentenderse de él, sino por dos razones elementales. Primera, se lanzó a la campaña 2023 y está armando su discurso. Segunda, teme una corrida cambiaria. De eso no vuelve ningún gobierno.

Esto explica, además, su obsesión con la falta de dólares y la denuncia de las falencias del Gobierno para frenar "el festival de importaciones". Teme una fuerte devaluación por eso anticipa su divorcio de Fernández con una larga despedida que empezó más de dos años antes de que se le venza el mandato.

¿Cuántos discursos tardará en hacer explícita la ruptura? El lapso entre las catilinarias se va acortando. Si sigue con ese ritmo y la economía continúa deteriorándose a la velocidad actual, en no mucho tiempo más.

Devota de la cofradía del santo reproche, cubre de críticas al Presidente y a una lista creciente de funcionarios por distintos motivos, pero la "fuga" de dólares es su obsesión. En la última volteada cayeron Producción, AFIP, la Aduana, el Banco Central, además de los piqueteros fieles a Fernández y como siempre, los jueces que no fallan como ella prefiere. No importa cuántos funcionarios inmole el Presidente para calmarla. Nunca lo conseguirá. Se fue del gobierno y difícilmente vuelva a subirse a una nave que se hunde. 

Más allá de los reproches es llamativo el libreto económico/electoral que le armó Axel Kicillof a la vice. El principal estrago en pérdida de votos lo sufre por la inflación que destrozó el ingreso de su electorado principal: la legión de pobres del conurbano. Para ella se trata de un fenómeno con tres causas: la falta de dólares, la codicia de los empresarios que remarcan y la deuda contraída por Macri.

Este planteo le permite rechazar cualquier ajuste. El problema se resuelve simplemente con más cepo y controles, aunque el Presidente haya reconocido hace poco que los controles de precios fracasaron. Por eso simula creer que hacerle caso al FMI es una traición tan costosa como inútil.
Sostener que la inflación es consecuencia de la emisión y ésta del déficit fiscal es una apostasía grave en el evangelio K. Por eso nunca van a resolver el problema.

La vice asegura que los dólares no faltan, sino que se los arrebatan algunos vivos al Estado. Ni se le ocurre que la cifra récord de dólares recaudados por las exportaciones agropecuarias sufre una merma feroz por las importaciones de energía, consecuencia a su vez de la política kirchnerista del área desde De Vido para acá. Admitirlo sería renunciar a su plataforma electoral que no ha variado en los últimos 20 años. No sólo no quiere retroceder; tampoco podría sin perder identidad. Está destinada a servir una y otra vez el mismo "modelo" recalentado.