La Prensa

Por el gusto de verlos actuar

`La revancha' Autoría: Rubén Stella.Dirección: Eduardo Lamoglia. Música: Juan Francisco Stella. Actores: Daniel Miglioranza, R. Stella. Los domingos a las 18 en el teatro El Tinglado (Mario Bravo 948).

Al momento de ir a ver `La revancha' al teatro tenemos dos certezas. La primera es que estaremos frente a grandes actores como Daniel Miglioranza y Rubén Stella. La segunda es que para que haya una revancha tiene que haber una partida previa en la que seguro se perdió, porque el ganador nunca pide revancha. Entonces uno se interesa en ir a ver cuál fue esa derrota y qué harán para cambiar el resultado. A priori, interesantes motores.­

Tito y Cacho son dos amigos de toda la vida a los que la llegada de los setenta y pico no los tiene de la mejor forma, o al menos no como ellos hubieran querido. Un banco de plaza los reúne todas las tardes (aunque dicen vivir uno al lado del otro) para tomar mate y mostrar sus diferencias. Uno le da de comer a las palomas mientras el otro las acusa de plaga; el otro se angustia por problemas económicos y el uno por no tener mucho que hacer en la diaria. Así y todo, coinciden en su historia, en la nostalgia y en una amistad sincera por dentro y chicanera por fuera.­

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SUPERFICIE­

Escrita por el mismo Stella y dirigida por Eduardo Lamoglia, `La revancha' por momentos se queda en la superficialidad del tema. Dos hombres que al llegar al epílogo de sus vidas padecen el gusto amargo de no haber trascendido como otros. No hay golpes bajos (y hasta tal vez se agradece) pero tampoco se tocan áreas que emocionen. El libro, si bien habla del barrio, de la familia y del presente, no hace saltar ningún resorte sensible que transporte al espectador hacia su pasado. Se podría haber herido un poco la memoria emotiva pero al parecer no es la intención. Se juega mucho en la llanura, pero claro que ver en escena todo el tiempo a Miglioranza y Stella ya es un regalo a los sentidos y vale por sí mismo.­

Tampoco se genera un clima que propicie la melancolía. Lamoglia nunca logra convertir a ese frío banco de plaza en una plaza. Suponemos que es una plaza justamente por el banco y por la mención de las palomas al principio, pero nunca se refuerza esa idea. Y termina quedando un diálogo que por momentos es maravilloso, sobre un escenario estático y apático.­

El final de la obra es un volver a vivir. Es el reencuentro de esos dos amigos, más cercanos a los de su adolescencia que a los que dejan ver sus entrados años. Pasaron sus recuerdos de pelota, sus contradicciones diarias, sus modismos precámbricos y queda esa vuelta de taba, que aunque no haya cambiado el resultado del partido termina saliendo a su favor.­

Calificación: Buena