Resiliencia: a dos años del inicio del Gran Reseteo

Si puedes mantener en su lugar tu cabeza

cuando todos a tu alrededor, han perdido la suya

y te culpan de ello…O ver cómo se rompe

todo lo que has creado en tu vida, y agacharte

para reconstruirlo con herramientas maltrechas.

If-Rudyard Kipling

 

La semana pasada hablábamos de una oficina gubernamental que se ocuparía de “la resiliencia”, aunque no sobrevivió a su publicación en el Boletín Oficial. Las voces en contra, apuntábamos a algo tan infrecuente en la actualidad, ocuparse en lugar de llegar solo la declamación sobre necesidades reales.

Se cumplieron en estos días ya dos años desde que la sociedad y sus códigos de cierta normalidad fueron definitivamente trastocados, quebrados con la justificación única y aparentemente suficiente de una razón superior. Como se suponía sería bajo la forma de una emergencia sanitaria que posibilitaría lo que ya estaba escrito y era el “Gran Reseteo”, esa imagen, ese relato que indicaba un cambio social, cultural, político, que “era necesario llevar a cabo, pero solo se haría bajo una circunstancia de excepción”. De hecho, el libro escrito en 2019 de Klaus Schwab llevó ese nombre, es donde eso se presenta. Ese mismo autor publicó hace muy poco otro llamado la “Gran Narrativa”, sin esconder sus propósitos al igual que el anterior. En él se anuncia lo que ya vivimos y es un cambio en el relato, de la realidad, del mundo, para, tal como dice en su prólogo:

Cito: Tiempos de cambio sin precedentes…requieren acciones sin precedentes. La Gran Narrativa es un llamado a la acción colectiva e individual. El pensamiento que subyace en este libro está inspirado por una profunda convicción que, para asegurar un mejor futuro para la humanidad, el mundo necesita ser más resiliente y sustentable-cierra cita

Es decir, para un mundo mejor debemos primero resetearlo, cambiarlo, en definitiva, que deje de ser lo que era, instalar una nueva normalidad, y para luego ajustar ese reseteo de programa se impone una nueva programación (siguiendo con la metáfora informática usada por el autor), un nuevo relato. Esa nueva explicación del mundo y la realidad nos permitirá, con sus nuevas consignas ser más resilientes. La resiliencia es algo que se hará según sus reglas, relatos y consignas que serán “amablemente” impuestas, cosa que vemos todos los días, en los medios en las redes sociales, en el vocabulario correcto o no, en el cual siempre hay una instancia superior que nos indica que lo es. La resiliencia en esta concepción es adherir a un nuevo paradigma, pero del cual no participamos en su definición, sino adherimos en caso de querer no estar afuera de ese mundo mejor (Los plagios a Orwell y Huxley son inevitables).

El comienzo de la cultura a veces se sitúa según Margared Mead al menos, en un fémur soldado más o menos adecuadamente, ya que implica que alguien se ocupó de cuidarlo, y así permitió que ese quiebre se consolidara manteniendo la función. Las grandes crisis representan un quiebre en el devenir existencial del individuo y muy frecuentemente en su psiquismo, a diferencia de un cuadro de distrés o de ansiedad, lo traumático implica la ruptura de las defensas que ya no pueden abordar ese impacto.

Enumerar las formas en que ese impacto se produjo y se manifestó en “pandemia”, para darle alguna definición, ocuparía cientos de páginas, en la cual cada relato superaría al anterior, y así veríamos no solo a niños que no pudieron vivir etapas que ya no se recuperaran de su infancia o familiares que no pudieron despedir a sus seres queridos, o personas en el final de sus vidas que vieron su soledad transformada en prisión.

Frente a eso la gran narrativa se construyó desde el inicio y tuvo la característica de ser caótica con lo que nadie pudo entender las razones, o los peligros reales o supuestos, ya que lo que nates era noticia falsa, desinformación, pasaba a ser referencia oficial y dogma, y viceversa. Loas ancianas, morirían, la “bomba epidemiológica” que sin poder comprender a que se refería, generaba mucho miedo en quienes iba dirigido, ya que era validado por expertos mediáticos, al igual que os cambios en los niños que no se contagiarían hasta que morirían en un 30 % aun siendo sanos y sin síntomas. Frente a esto la gran narrativa intentó e intenta ser el nuevo dogma que, en el desconcierto y el miedo, reoriente el pensamiento, ya que el caos busca o consigue que el pensamiento propio sea complejo, y la llegada de una guía superior, sea la salvación. Así se construyeron todas las religiones, por ejemplo (para más información, Campbell es una excelente fuente).

Sin embargo, la resiliencia no es un fenómeno que viene desde afuera, tal como está planteado se llama o coerción psicológica, o dogma, o ambas. Merloo hablaba de menticidio. Es algo que el individuo, solo o en conjunto, pero en un trabajo personal puede transformar esas crisis en oportunidades, no deseadas claro, pero si útiles a eliminar pensamientos y esquemas cognitivos disfuncionales y autolimitantes por otros nuevos, luego de los cuales se salga fortalecido, es decir resiliente. El hueso no vuelve a soldarse deformado a la manera de los pies de niñas futuras geishas, cuyos huesos eran fracturados por la imposición de un molde externo que buscaba un objeto “bello” para ese momento y lugar cultural, pies pequeños, sino que de acuerdo a las propias necesidades.

Ese es el valor de la adversidad, y ese el gran temor, de quienes quieren usar el miedo para instalar una nueva retórica, que no desean el camino de la resiliencia personal sino la implementación de “nuevos órdenes” o quizás órdenes nuevas.

De alguna manera es retornar la época de la infancia, época de incapacidad para hablar, saliendo de ella mediante un lenguaje y narrativa propios. Se empieza imitando, pero luego se establecen el pensamiento y el propio juicio, se deja de imitar, de copiar, se comienza a podar la información externa, dejando solo la válida y en base a esa se construye la propia. El desborde de información, raramente confiable, genera sin duda ansiedad y seguir a auto nominados profetas, ya nos ha sido advertido, lleva a la confusión y a la parálisis. El ejercicio de la razón por el contrario nos libera y por eso es tan combatido. Es podar esa cantidad excedente dejando solo los brotes verdes de la razón, de luz.

Esta nueva época es un hecho y no hay nada que podamos hacer para cambiar lo pasado, pero sin duda también es una formidable oportunidad, para todo lo que podemos hacer sobre nosotros mismos y es recuperar el habla con un pensamiento más libre y resiliente.