La Prensa

Crisis de ausencia en niños: un problema que puede afectar el aprendizaje

Este año el comienzo de clases es todo un acontecimiento. Con el regreso a una presencialidad cuidada, los más grandes retomarán la rutina que conocieron antes de la pandemia, mientras que los más chiquitos iniciarán su primer grado.
Esta instancia, además de importante para el desarrollo del niño, puede ser reveladora si de salud se habla, ya que existen ciertos cuadros que pueden repercutir en el rendimiento. 
Cuando un chico tiene problemas de aprendizaje, se le debe realizar un screening con un oculista para ver si la dificultad de copiar del pizarrón se debe a un problema visual. Pero también conviene realizar una visita al pediatra para descartar que el niño no esté presentando una crisis de ausencia, un problema mucho más frecuente de lo que se cree.
Las crisis de ausencia son una suerte de epilepsias subclínicas muy frecuentes en los chiquitos de edad escolar, por la cual se 'desconectan' durante un breve lapso de tiempo y vuelven a 'conectarse'. Estos períodos de ausencia pueden llevar a que el niño se retrase en el aprendizaje o bien las maestras puedan suponer que quienes la presentan están dispersos.
En muchas ocasiones estas epilepsias subclínicas no se diagnostican porque no presentan convulsiones. Pero un indicador de crisis de ausencia es una mirada vacía, que dura alrededor de 10 segundos. También puede estar acompañada por movimientos de masticación, aleteo de párpados y chasquidos de labios.
La mayoría de estos cuadros se da durante la edad escolar primaria, momento el cerebro está en pleno desarrollo y se revierten de forma espontánea cuando el niño crece. Pero pueden seguir viéndose este tipo de crisis en menores de 20 años. Incluso, en algunos adultos pueden continuar con crisis convulsivas, pero son casos excepcionales.
Algunas personas sufren muchos episodios diarios que interfieren en las actividades escolares o cotidianas. Por este motivo, la patología puede confundirse con retraso madurativo. En ese sentido, cuando un pequeño no aprende al mismo ritmo que sus compañeros, conviene agendar una visita al pediatra, quien, llegado el caso, solicitará un electroencefalograma, el estudio que detecta las crisis de ausencia.
PREVALENCIA
Se trata de un cuadro muy frecuente que afecta a uno de cada 10 mil niños. Es importante destacar que el niño no sufre, sino que es el entorno el que percibe la 'desconexión'. La maestra puede pensar que está distraído, porque posee la mirada en blanco y está quieto. Y sus compañeros pueden mirarlo extrañado cuando vuelve en sí.
Se presume que la alta exposición a pantallas como las computadoras, el celular, la televisión o las luces estroboscópicas pueden desencadenar el cuadro con mayor facilidad. Otro dato curioso es que también se pueden desencadenar cuando el niño tiene fiebre.
La única prueba que diagnostica las crisis de ausencia es el electroencefalograma o electroencefalografía (EEG), que es una evaluación neurofisiológica de la actividad bioeléctrica del cerebro, a través del registro con electrodos colocados en el cuero cabelludo. Se suele realizar en una cama o una silla y el paciente debe permanecer con los ojos cerrados.
A los niños con problemas de aprendizaje conviene hacerles este estudio o bien un videoelectroencefalograma que son completamente indoloros y relativamente sencillos de realizar. Pero se debe tener en cuenta que para analizar al pequeño hay que "buscar" la crisis, porque si no se le realiza el estudio en el preciso momento en que la tiene, dará normal.
¿Cómo se provoca la crisis de ausencia? Haciendo que el chiquito hiperventile al pedirle que respire mucho y fuerte por cerca de tres minutos, además de mostrarle el celular para fotoestimularlo.
Este tipo de consignas requieren de sapiencia clínica: no se trata solo de colocar los electrodos en la cabeza del pequeño, sino también generar las condiciones para una correcta detección. Las maniobras para generar una de las crisis y así llegar al diagnóstico son las llamadas "maniobras de activación".
En conclusión, estos exámenes siempre deben ser realizados por los neurofisiólogos clínicos, que son quienes sabrán realizarlo correctamente y que también darán una certera interpretación de los resultados, basados en la clínica del paciente.
Para un abordaje correcto, antes debe existir una detección certera. Porque con acciones concretas para problemas frecuentes se pueden evitar dificultades tanto para el aprendizaje como la integración. Algo que los niños hoy necesitan más que nunca.

Dr. Diego Vega Laiun
Director de la Fundación Argentina de Neurofisiología Clínica (M.N. 103.136)