La Prensa
LA MIRADA GLOBAL

Haití en manos del crimen organizado

Una de las principales pandillas violentas que operan en Haití, la denominada Mazowo, acaba de secuestrar a un grupo de misioneros de los EE.UU. y Canadá, que regresaba de realizar una visita a un orfanato. Por su liberación exige ahora un pago de un millón de dólares, por cabeza. El grupo secuestrado incluye menores, uno de los cuales tiene apenas dos años. La perversión humana, en su máxima expresión, entonces. La mencionada agrupación delictiva tiene ya una horrenda historia de anteriores secuestros. Pero no está sola. Ocurre que en Haití hoy hay más de 150 pandillas activas.­

Haití no sólo es un país paupérrimo. También es un lamentable paraíso para el crimen organizado. Un verdadero infierno, entonces, para quienes viven allí y son honestos. En lo que va del año se han registrado ya unos 600 secuestros extorsivos. Casi tres veces el número del mismo período, el año pasado. 

La tarifa para el rescate y liberación de los blancos está en torno al millón de dólares. Para la gente de color, en cambio, es de sólo unos 100.000 dólares.­

LA HISTORIA­

­Haití fue descubierto por Cristóbal Colón, en diciembre de 1942. Históricamente ha sido el segundo país de América Latina que se declaró independiente, tras años de sufrir una muy dura colonización francesa.

Y fue, créase o no, el primer país de la región que abolió oficialmente la esclavitud, que -con Francia como potencia colonial- fuera particularmente inhumana. ­

También es el primer país en el que una revuelta de esclavos resultó exitosa. ­

Y Jacmel fue la primera cuidad del Caribe que tuvo energía eléctrica. Como París, Jacmel fue entonces bautizada la Ciudad Luz. Pero hoy sólo el 27% de los haitianos tiene suministro regular de electricidad. Menos de la tercera parte, entonces. El resto está sumido en la oscuridad que caracteriza a su miseria.

Tras la independencia, Haití debió luchar, por años, con una muy pesada deuda financiera con Francia. Y fue ocupada por los EEUU, entre 1915 y 1934. 

Es un país montañoso, que alguna vez fuera un gran productor mundial de azúcar y café. Luego, de tabaco. Inicialmente fue refugio de reconocidos bucaneros franceses que, desde allí, asolaban constantemente el Mar Caribe.

Con frecuencia Haití es azotado por huracanes y tormentas tropicales, así como por terremotos, que siembran aún más devastación.

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DEFORESTADOS­

­Está casi totalmente desforestado. Volar sobre su territorio es una experiencia aleccionadora. La falta da árboles (quemados sistemáticamente para cocinar y comer) es tremenda, particularmente si se la compara con el cuadro propio del resto de la isla, el que conforma la República Dominicana: que luce verde intenso.

En su historia, Haití ha sufrido nada menos que 32 golpes de estado que, en cada caso, destruyeron el tejido democrático.

Curiosamente, es, desde el año 2012, estado observador de la Unión Africana. Tiene una infraestructura física deficiente. Y un estado sanitario peligroso. ­

Más del 90% de sus recursos proviene de un acuerdo con la petrolera venezolana Petrocaribe, razón por la cual suele votar en los organismos internacionales de la mano del dictador venezolano, Nicolás Maduro

El 20% del PBI de Haití es generado por las transferencias para ayuda familiar realizadas desde el exterior por la enorme diáspora haitiana. 

Por la miseria, Haití tiene -recordemos- una diáspora muy importante. Unos 890.000 haitianos viven en los EE.UU. Y unos 800.000, en la vecina República Dominicana. Otros 300.000 residen en Cuba. Y unos 100.000 en Canadá. Y sólo 80.000, en Francia. ­

LA ELITE­

Durante la colonia, los mulatos conformaron la elite local. Y concentraron la riqueza del país. Haití tiene, queda visto, una identidad cultural propia, notable por sus muy diversos componentes.­

Con frecuencia quienes -desde Haití- apuntan a emigrar hacia los EE.UU. se desplazan primero a otros países, a los que pueden ingresar sin visas, como sucede con Chile o con Brasil, que se usan como trampolines hacia el destino final.­

La esclavitud fue particularmente dura en Haití. Un tercio de los esclavos importados por los franceses desde Africa morían durante el primer año de labores forzadas. Los esclavos que escapaban y se refugiaban en las montañas conformando allí comunidades autónomas, recibieron el nombre de marrones. A su vez, los esclavos libertos conformaron su propia clase social.­

Pese a ser una nación esencialmente cristiana, el primitivo vudú (de ascendencia claramente africana) es también reconocido, desde 2003, como una de las religiones oficiales del país caribeño. Con una mitología muy diversa y algunas expresiones de una sorprendente riqueza cultural.­

La cocina haitiana es fundamentalmente creole, con evidente influencia africana. Se destaca en ella una deliciosa sopa, a la que denominan joumou. Pese a que hay quienes sostienen, erróneamente, que Haití no tiene plato típico.­

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SIN ESTADO­

­Desde el punto de vista sanitario, hay aún mucho por hacer en Haití. Basta señalar que el 90% de sus niños tienen alguna clase de parásitos y que la tuberculosis no ha sido erradicada. Así como que unos 30.000 haitianos tienen malaria. Como curiosidad, cabe apuntar que Haití tiene hoy el hospital dotado de energía solar más grande del mundo. Pero, en esencia, es muy cierto aquello de que Haití es un país que vive casi sin Estado.­

Haití, sin embargo, sigue adelante. Penosamente. Como puede. Sumergido en medio de un caos de enormes proporciones desde el asesinato del presidente Jovenel Moisi, ejecutado por mercenarios en julio pasado. Caos al que contribuyó asimismo el devastador sismo que afectara a la paupérrima nación en agosto pasado, causando unos 2.200 muertos y daños y heridos de gran magnitud.

El primer ministro, Ariel Henry, acaba de dejar cesantes a todos los miembros del organismo que organiza las elecciones nacionales, sospechados de corrupción, aunque sin por ello designar nuevos miembros. Ni sugerir cuando lo hará.

Por esa razón, por el momento al menos, las elecciones resultan imposibles.

Es la cuarta vez que las elecciones nacionales se postergan en Haiti y el Poder Ejecutivo debe, por ello, gobernar por decreto, lo que -como todo en Haití- está también lejos de ser lo ideal.­