La Prensa

La abolición del pensamiento científico

Una noticia anuncia que una persona que era "antivacunas", ahora padece de covid, otra anunciará que un "influencer" que cuestionaba un discurso oficial, murió. En estos y otros múltiples casos, las noticias, las publicaciones en redes sociales, no ocultan el goce ante la enfermedad y la muerte sino por el contrario festejan lo que consideran la prueba de la primacía de una idea, quizás más precisamente de una ideología. Al mismo tiempo, esos reales o supuestos enfermos o muertos, por también supuestamente covid, han sido responsables de su destino, y sirva eso de escarmiento, merecido por su negativa a aceptar "la verdad", ya que de eso se trata.
Han pasado ya muchos meses del inicio de esta epidemia, o pandemia y aún existen preguntas y planteos básicos sin responder y ese espacio del conocimiento ha sido llenado por los autos de fe. Todas son suposiciones, referencias incomprobables, que casualmente copian las realizadas en sentido opuesto: una persona se aplicó tal vacuna y a los x días murió, también de imposible comprobación. En ambos extremos, la prueba será que "está en internet".
Si hay una víctima y todos se han puesto de acuerdo en que desaparezca ya que su existencia atenta contra el pensamiento único. En épocas de primacía del dogma el pensamiento crítico, lógico, aún más el pensamiento científico, es algo que debe ser abolido. 
Galileo algo nos contó sobre ello. A cambio proliferan los etiquetados, la definición sin comprobación, los autos de fe. Aún más, negando pruebas concretas o focalizando en estudios sacados de contexto, a veces solamente leyendo la referencia que hace un tercero, que en el mejor de los casos es un cronista especializado en temas de salud, pero no profesional, menos aún científico. Todos opinan, todos buscan imponer su pensamiento que ante la imposibilidad de comprobarlo o el desprecio de esta herramienta, debe caer indefectiblemente en la argumentación sectaria, "ad hominen" en algunos casos. El pensamiento del otro debe ser eliminado, y accesoriamente él socialmente. Un premio Nobel que duda, es un ignorante y un epíteto a elección en redes sociales, por un anónimo de la masa virtual. No hay discusión, escucha del otro, solo descalificación sino acepta el auto de fe.
Nos estamos viendo invadidos por juicios propios de todas las épocas totalitarias. Negacionista, es una maravillosa definición en sí misma, es alguien que niega el dogma, porque sin más tapujos quizás debamos aceptar que no estamos hablando de ciencia o pensamiento lógico, sino de fe, de dogma, de religión. El negacionista, el antivacunas, el covidiota (usado por ambos bandos) solo buscan anular sin más al otro. Al igual que en todas las épocas los comisarios del pensamiento, que de hecho en nuestro país ha sido elevado a cargo público de tanto amor que tenemos a la figura, son casi indefectiblemente iletrados en aquello que dicen conocer y aún más dictaminar. Poco importan las contradicciones ya que, al pensamiento fanático, dogmático, no le importa la contradicción en sí misma, sino que él puede establecer la validez, en definitiva, el "es", (más que posee) la verdad.
Así pasamos de "vamos a morir todos", a "finalizamos la pandemia", pero sorprendentemente sin lograr inmunidad. Estas extrañas enfermedades virales que a diferencia de otras no otorgan inmunidad, no posibilitan preguntarse, dudar, la esencia básica del pensamiento, sino reafirman el dogma. Las reglas de la ciencia no se aplican. No hay pruebas suficientes de algunas vacunas, y organizaciones internacionales dudan, pero en el terreno local la misma duda es ser negacionista, terraplanista, y todos los epítetos que puedan inventarse.
La repetición de la palabra, del epíteto descalificador, del descredito busca fomentar la autocensura y el escarnio por parte de aquellos que seguirán a la manada. Permite también generar miedo, y desde el miedo no se cuestiona.
El pensamiento, la más maravillosa herramienta del ser humano, debe ser anulada, en particular el pensamiento crítico, someter, dominar sería imposible en su presencia.
Necesitamos volver a instalar el dogma, el temor, la religión, el fanatismo, solo así lo siguiente será posible. Esto es solo el comienzo, quizás estemos a tiempo de evitar sus irremediables consecuencias.