La Prensa
Argentina: el eterno retorno­

¿Qué expectativas ofrece el nuevo gobierno?­

­POR ALDO LOZANO TABILLIÓN (*) Y MANUEL LOZANO GOMBAULT (**)­

 

No sólo se ataca para hacer daño a alguien, para vencerlo, sino a veces por el mero deseo de adquirir consciencia de la propia fuerza. (Friedrich Nietzsche).­

­­Las PASO, algo destinado a ser efímero, en realidad primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, en definitiva, devinieron en una rara especie de plebiscito y, en este último caso, generaron una fuerte derrota -arrasadora- para el oficialismo, originando una de las crisis políticas más importantes de las últimas décadas. El oficialismo logró quedarse con tan sólo el 31%. Su paupérrimo desempeño se extendió por todo el territorio nacional, excepto en la provincia de La Rioja. En el resto de los 23 estados las caídas fueron muy significativas, llegando en algunos casos a perder el 25% de los votos de hace dos años.­

 

De repetirse estos resultados en noviembre, el kirchnerismo perdería 6 senadores, y de esta manera se quedaría sin quorum propio en la cámara de senadores, algo que tendrá que asumir -por primera vez- en sus años de gobierno. En la Cámara Baja (a la cual hacen honor algunos de sus integrantes), los cambios no son tan relevantes, sin embargo, perdería 2 diputados, con lo cual sigue alejándose del quorum que hasta ahora ostentaba con la ayuda de circunstanciales aliados.­

Ante este shock electoral la respuesta de los mercados fue cauta, hasta ahora limitada. Las acciones argentinas anotaron algún avance y el riesgo país comenzó a descender en las primeras dos ruedas de la semana posteriores a las PASO.­

Sin embargo, la implosión de la coalición gobernante, sucedida desde las primeras horas de la mañana del miércoles, se pretende restaurar con un nuevo gabinete de dudosa repercusión ante los mercados. Estos tienen elementos para ser tan optimistas como pesimistas. La posibilidad, ahora más certera: la finalización de un gobierno con un fuerte sesgo anti-mercado a partir de 2023. Por otro lado, el riesgo de radicalización política y económica con mayor inestabilidad macroeconómica.­

La carta de Cristina Kirchner hizo claros y notorios los motivos de la interna en materia económica. Por un lado, el diagnóstico del ala más dura de la coalición es que la elección se perdió porque el equipo económico fue muy conservador, gastó y emitió poco, se preocupó más por la consolidación de las cuentas públicas y el arreglo con el Fondo Monetario Internacional que en sostener los ingresos de los trabajadores, jubilados y demás beneficiarios de transferencias estatales. En consecuencia, aspiran a que el nuevo gabinete salga a hacer lo que no hizo hasta el momento: "ponerle plata en el bolsillo a la gente". El patético endulzamiento del manotón de ahogado. ¡Paradójico!, máxime cuando fue el propio gobierno cuyas primeras gestiones estuvieron encaminadas a sacarles poder adquisitivo, tal como la apresurada decisión de cambiar la fórmula de ajustes de las jubilaciones.­

Si bien en su carta la vicepresidenta quiso decir que el Ministerio de Economía está sobrecumpliendo con la meta comprometida y que está "ajustando de más", en realidad está pidiendo públicamente un golpe de timón en la estrategia económica que implicaría, concretamente, un aumento del gasto público respecto del plan del ministro Martín Guzmán de aproximadamente 1,4 puntos porcentuales del PBI, lo que equivale casi 600.000 millones de pesos extra hasta fin de año. Además de tratarse de un volumen enorme de dinero, lo que vuelve más riesgosa aún a la estrategia es lo concentrado en corto tiempo que sería la inyección de recursos, dado que las elecciones definitivas son en sólo dos meses.­

­REVISION COMPLETA­

Por otra parte, y con un horizonte algo más amplio, el reclamo de Cristina Fernández no se limita exclusivamente a los meses que quedan hasta la elección definitiva, sino que en otras palabras está exigiendo una revisión completa del presupuesto 2022, que fuera enviado al congreso en las últimas horas de la noche del miércoles. El proyecto de ley incluye entre sus supuestos un incremento del precio de las tarifas y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, ambas cosas cuestionadas por la vicepresidenta. Aunque, ya sabemos lo que siempre sucede en este país: a mayor emisión y aumento de salarios y planes (dádivas de emergencia demagógica), mayor desborde inflacionario.­

Nuevamente la exigencia de la presidente del Senado es alejarse lo más posible de la disciplina fiscal y garantizar las políticas de demanda necesarias para "mejorar" los ingresos de los individuos -¿ficción o realidad?-. Influenciada por sus asesores económicos, lo que no se tiene en cuenta es que aumentar los ingresos nominales de las personas no implica que se incrementen en términos reales. Y menos aún en un contexto de tanta vulnerabilidad macroeconómica como la que hoy exhibe Argentina. Por el contrario, es más probable que la inyección fiscal y monetaria genere un desorden cambiario y una aceleración inflacionaria que, partiendo de niveles del orden del 50%, podrían poner a la nominalidad de la economía argentina en una senda altamente peligrosa.­

El presupuesto 2022 tiene que ser revisado, pero no en la dirección que la vicepresidente desea, sino desde el punto de vista de la consistencia de sus variables principales. En materia de actividad, se estima una recuperación del 4%, una tasa sumamente optimista, aún en un escenario de acuerdo con el FMI. Si este fuera el caso, es muy probable que las correcciones que el Fondo sugiera tengan efectos negativos en el corto plazo sobre la actividad -aumento de tarifas, aceleración de la tasa de devaluación, incremento de la tasa de interés-. Con respecto a la inflación se proyecta una desaceleración de casi 20 puntos, terminando en diciembre 2022 en 33%. Una reducción de esta magnitud no se observa desde 2003. Mientras tanto, el dólar oficial cerraría el año en $131.­

Si suponemos que la inflación difícilmente pueda bajar a 33% y el gobierno se plantara en no dejar avanzar el dólar más allá de los $131, entonces veríamos un atraso del tipo de cambio real que lo llevaría a los niveles del año 2017, cuando el país gozaba de la mayor entrada de capitales en años. Esto generaría expectativas devaluatorias tan fuertes que empujarían al Banco Central a abandonar la trayectoria cambiaria oficial, ya que no contaría con reservas netas suficientes para intervenir en el mercado. Y si se decidiera limitar las importaciones, entonces la recuperación esperada del 4% no pasaría de ser una ficción vacía.­

En definitiva, la descomposición de la coalición de gobierno que se intenta recomponer -desde el abismo de una grieta real, no como la que se quiere dibujar a nivel social- tiene múltiples aristas. En el plano puramente económico, lo que se está poniendo en juego es si el país intenta un camino muy difícil para evitar otra recesión o si se encamina decididamente a una crisis macroeconómica de magnitud y consecuencias insospechadas. No caigamos en el infantilismo recurrente del manejo económico. Esa es una de las claves.­

 

­(*) Director Académico, Diplomaturas de Asesoramiento Financiero y Real Estate de la Universidad Blas Pascal.­

(**) Asesor de cátedra de la Universidad Blas Pascal.­