La Prensa

Covid-19: la ciencia como estrategia de control social

¿Cómo se explica que una sociedad acepte eliminar una parte de sí misma, ser parte de un genocidio? (Recordemos que, en griego, genos significa "grupo de características genéticas comunes", y cidio, del latín, "aniquilamiento"). Daniel Feierstein en su investigación sobre el exterminio judío (aniquilamiento de una raza), y la dictadura argentina (aniquilamiento de un tipo de relaciones sociales), responde aportando el concepto de prácticas sociales genocidas. Con ellas describe procesos y formas de relación que la sociedad no advierte, pero preparan, ejecutan y justifican simbólicamente dichas tragedias. Cuando quienes dominan negativizan, aíslan o debilitan ciertos grupos sociales a través de dispositivos aceptados sin suficientes fundamentos.
Todo ocurre como si, quienes desde los inicios venimos cuestionando científicamente las decisiones adoptadas ante la pandemia, somos blanco de prácticas que pretenden eliminar las diferencias.  Las autoridades nacionales, provinciales y locales han intentado imponer a la población protocolos, renunciando a la evidencia y apelando a un condicionamiento mental que fomenta el miedo, las delaciones y los castigos. Así se conformó una opinión pública mayoritaria que considera como única posibilidad y salida de la pandemia, entre otras cosas, la reclusión de los individuos sanos y el uso de máscaras faciales inadecuadas para las virosis.
A partir de la insistencia en restricciones -que no son siquiera respetadas por quienes las han dictado- que se desmienten diariamente, se ha ido generando un clima social de desconfianza donde muchos las desobedecen. Como trágica consecuencia de esto han aparecido algunos gobernantes que, como expresión de debilidad, apelan a métodos coercitivos para violar normas constitucionales. Ya no solo se transgrede el derecho humano esencial a negarse a determinadas intervenciones sanitarias, sino que ahora también se violenta el derecho a circular, a trabajar y a percibir el salario correspondiente. 
Se llega al absurdo de magistrados que impiden el ingreso de sus empleados a los lugares de trabajo, aun a aquellos que asistieron durante toda la pandemia cuidándose y cuidando a los demás según los protocolos vigentes. Al mismo tiempo y, como única alternativa, deben presentar cada tres días y solventar a su costo personal el resultado de PCR (una prueba de detección, no de diagnóstico, sin validez predictiva de enfermedad o contagiosidad ni para las autoridades sanitarias).  El fundamento no probado es que aquellos que no acatan las restricciones pueden ser un peligro y contagiar a los demás. 
La mayoría de las autoridades nacionales, sean gobernantes o referentes políticos, intelectuales, empresarios, periodistas, sindicalistas o líderes religiosos, parecen haberse aliado por acción u omisión, para defender sin cuestionar un pensamiento único sobre cómo proteger y resguardarnos. En lugar de procurar racionalidad dialógica, abierta y plural -como suele declamarse- se oponen de forma monológica a las posibilidades de expresión de quienes tenemos sólidos fundamentos diferentes.
Todo científico honesto rechazaría la existencia de una única versión o verdad científica, especialmente en temas de salud integral. Defendería, en permuta, la importancia de un espíritu crítico respecto a la hipótesis y diversos desarrollos sujetos a constataciones y discusiones en un plano de intercambios horizontales. 
Eventualmente, eso se nos ha vedado en esta pandemia a quienes contamos con amplia experiencia médica y epidemiológica- pero nos oponemos a ciertas prácticas sanitarias.
La ley vigente define como discriminatorio todo acto que impida, restrinja, obstruya o menoscabe el pleno ejercicio de los derechos y garantías constitucionales en función de diferencias personales o sociales.  La discriminación alude al acto de ordenar y clasificar, formar grupos de personas a partir de criterios o distinciones arbitrarias. "La igualdad de ejercicio de derechos supone el reconocimiento de diferencias entre personas y el hecho de que estas diferencias no pueden ser utilizadas para la imposición de un grupo sobre otro".    
Quienes cuestionamos muchas de las disposiciones impuestas, no negamos la enfermedad, su gravedad y consecuencias. Esta posición la forjamos en fundadas diferencias científicas sobre procesos de salud, enfermedad y cuidados personales y sociales. Estamos presentes en todo el mundo como integrantes de diversos grupos de especialistas en distintos campos de la ciencia. Nos une el intentar ser sujetos cognitivos concebidos como éticos, con independencia de intereses económicos y sectoriales.  
Desde el inicio de esta pandemia venimos trabajando solidaria y responsablemente con pedestal en nuestras prácticas o compartiendo información y aprendizajes. Lo hacemos por medio de nuestro compromiso con actividades de docencia, investigación y asistencia a miles de personas a través de diversas prácticas preventivas, de registro y seguimiento clínico en diagnósticos, tratamientos y cuidados tempranos de diferentes patologías, no solo relacionadas al covid. Ofrecemos asesoramiento respetando la voluntad de cada uno. Y podemos demostrar evidencias de mejores resultados con menores riesgos o efectos colaterales que aquellos que se divulgan como consecuencia de las medidas impuestas. Esto es, menor proporción de internaciones y fallecimientos por covid, y no haber dejado de diagnosticar y gestionar otras patologías ni haber provocado aislamientos innecesarios, entre otros factores.
Todo etnocentrismo que limita a las personas condiciones necesarias para hacer valorar libre e igualitariamente sus propuestas y entablar un diálogo simétrico entre las posiciones de poder, se sustenta en que, quienes deciden, subordinan o rebajan aquello que es diferente a lo propio.  Esto explica, entre otras cosas, la discriminación de los derechos de la mujer, de los niños, de los pueblos originarios o de las diferentes orientaciones sexuales o de quienes aportan visiones sólidas diferentes a las hegemónicas. 
En la situación que nos ocupa, se trata de la subordinación de un espécimen de conocimiento y modos de enfrentar los procesos de salud. Sin permitir un debate previo, se "presuponen" como superiores aquellos que defienden los sectores de gobierno.
Cuando es la ciencia la que establece un patrón de normalidad -es decir, qué es lo que vale y qué no- fundado en la importancia de la preservación de la sociedad y de las nuevas generaciones; cuando operan discriminaciones por tipos de conocimientos, se establece una peligrosa alianza entre ciencia y política que se llama eugenesia.
La eugenesia -o "ciencia del cultivo de la raza o de la hereditariedad humana"- , ha sido un insumo fundamental al momento de procurar la legitimación científica de las exclusiones ideológicas. "Da cuenta del uso de la ciencia para justificar estrategias de control social diseñadas desde el poder, y permite construir una cultura fascista al proyectarse en regímenes que sobrevaloran mecanismos que aseguran una homogeneidad social". 
Si los dirigentes de todas las instituciones sociales no advierten el avance que significan estas prácticas sociales que aniquilan las diferencias, y obran en consecuencia afianzando sus mecanismos genuinamente democráticos para corregirlas, sólo persistirá la memoria colectiva tanto de responsables como víctimas.

Lic. Alicia Torres Secchi
Lic. en Psicología
Magister en Políticas Sociales 

Dr. Tomás Torres Aliaga
Médico sanitarista

Dr. Mario Borini 
Epidemiólogo 
Prof. Titular Salud Pública. UBA

Dr. Edgardo Schinder
Médico
Infectólogo y epidemiólogo
Magister en Salud Pública Internacional

Dr. Ramiro Salazar
Médico Epidemiólogo

Dra. Mariana Salmerón 
Bioquímica Microbióloga

Dr. Eduardo Yahbes
Médico clínico y pediatra
Profesor extraordinario de Medicina Homeopática