La Prensa

"Hay que desmontar una por una las leyes contra la vida y la familia"

Gómez Centurión carga contra la agenda de transformación cultural a la que está sometido el país. El precandidato a diputado nacional opina en una entrevista con La Prensa que una suerte de religión laica se adueñó del Estado y busca demoler las costumbres, tradiciones y la fe fundante de nuestra nación, que le dan su identidad. La falsa grieta y el destino que se prepara para la Argentina, en un diálogo en medio de la campaña.

"La patria está en riesgo" dice una placa de campaña de Juan José Gómez Centurión en las redes sociales. Y aunque el audio que acompaña esa pieza toma en un sentido restrictivo el concepto de riesgo, referido a la inseguridad, a los hogares y las familias amenazadas por el delito, en una entrevista con La Prensa, el líder del frente Nos y precandidato a diputado nacional por Buenos Aires va más lejos y alude a un peligro que se cierne sobre la patria mucho más profundo. Son las costumbres, son las tradiciones, es la fe fundante de nuestro país, lo que constituye en definitiva la identidad de nuestra nación, lo que está en peligro, y contra eso se propone ahora combatir este oficial retirado del Ejército que fue comando en la Guerra de Malvinas, donde obtuvo la más alta condecoración militar.­

En medio de un frenético recorrido de campaña para las primarias abiertas del próximo 12 de septiembre, que lo llevó esta semana a Lomas de Zamora, Hurlingham, Tigre y La Matanza, Navarro y Las Heras, Gómez Centurión que competirá en la Provincia con el frente Unión por el Progreso, se hizo tiempo para conversar sobre la importancia de las elecciones legislativas y sobre la necesidad de que las personas que defendieron valerosamente la vida desde el seno materno se unan para revertir la agenda política y cultural a la que es sometida desde hace años el país, con la complicidad de oficialismo y oposición que solo dramatizan una falsa grieta.­

Satisfecho de la estructura que logró armar pese a las dificultades administrativas causadas por la pandemia, lo que le permitirá competir en 16 provincias en alianzas con otros partidos, expresó sin embargo que siempre le gustaría más: "Me hubiera gustado partido propio y me hubiera gustado estar en más provincias". Pero admite que el enojo generalizado y el desinterés por la política que percibió alguno de los encuestadores en estos días puede ser una oportunidad para terceras fuerzas como la suya.­

- ¿A qué atribuye ese enojo?­

- El descontento y el enojo tienen que ver con las pruebas fehacientes que tiene la población sobre el nivel de fracaso del sistema político. El sistema político, a través de distintas propuestas que parecen distintas pero que responden exactamente a la misma agenda, lo que hacen es incrementar los niveles de pobreza, la caída del Producto Bruto Interno, la caída de la producción, la destrucción del trabajo, el impulso de una agenda de transformación cultural que la gente rechaza... Ahora bien, cuando se habla de encuestas también hay que considerar el dato estadístico madre que tienen todas ellas: que los candidatos que no compran encuestas nunca aparecen.­

- ¿Por qué son cruciales estas elecciones, que son legislativas? ¿Qué es lo que está en juego?­

- No creo que sean tan cruciales como se dice. El sistema propone una misma agenda que se segmenta en dos espacios políticos, y que en realidad son dos caras de la misma moneda: un socialismo de lenguaje duro, prochavista, y un socialismo blando, socialdemócrata. Con cada elección asistimos a la misma dramatización de una supuesta polarización. Nos llevan a creer que el futuro del país está en juego, cuando lo cierto es que siguiendo la misma agenda el futuro va a ser siempre el mismo.­

Esa idea de que hay dos polos irreconciliables, una idea alimentada también por los medios, es cada vez más evidente que es falsa. Y sin embargo hay muchas personas que todavía se sorprenden al escucharlo. ¿Cómo les explica usted a los que aún están convencidos de que esa grieta existe, que ambas expresiones van cumpliendo la misma agenda? ¿Y cuál es esa agenda?­

Es muy simple. Argentina se integra al modelo multilateralista de relación con el mundo a través de su ingreso al G-20 con Cristina Fernández. Este modelo, que continuó Macri, sigue lo que después se definió en el 2015 como la agenda 2030. Es una agenda que, detrás de grandes propósitos humanitarios, como cuidar el planeta, bajar la pobreza, terminar con las enfermedades, cuidar el agua potable, esconde una gobernanza global. El modelo que se propone es China, una superpotencia militar, despótica y tirana, que logra la síntesis de lo peor del comunismo con lo peor del capitalismo, y que tiene un sistema productivo basado en ciudadanos que no tienen derechos civiles, ni políticos ni laborales. Ese es el modelo ideal para las grandes inversiones. El lugar que le reservan a la Argentina es el de un gran proveedor de soja, derivados de la soja para toda la cadena alimenticia de la población china, de litio y algunos otros minerales. Con esa renta, Argentina tiene que vivir. Ahora, ¿cómo lo distribuye? A través del salario universal. Esto ya está declarado en Davos. Lo que viene para Occidente es un Estado que captura la renta de la producción y lo distribuye a través del salario social. Un mecanismo que significa un castigo del trabajo, de la dinámica social, de los proyectos personales, de los proyectos familiares, de la capacidad de esfuerzo aplicada a un proyecto de familia. Y que en última instancia conduce a la destrucción de la familia.­

- Esta agenda tiene un costado cultural, como usted ya mencionó antes. Y se traduce en proyectos de ley referidos a la familia y a la vida, como el aborto, las uniones homosexuales, el cupo laboral trans, el femicidio, la identidad de género, la perversión de los menores a través de la educación. Todas estas iniciativas son apoyadas, alternativamente, por esos dos partidos mayoritarios. Por eso mismo podría decirse que, así como hay una falsa grieta, hay una grieta verdadera

- ¿Puedo interrumpirlo? ¿Puedo hacer un agregado?­

- Sí, claro

- Todo este empuje de una agenda cultural no es casual. La forma de alinear un sistema nacional a este modelo de gobernanza global es deconstruir, desarmar, su cultura, sus creencias, sus raíces y tradiciones. Toynbee decía que las naciones tienen una fe fundante, historias, tradiciones, costumbres que le dan su propia identidad.­

- Se anticipó a mi pregunta (risas). La pregunta era si no consideraba usted que la verdadera grieta estaba relacionada con la fe. Porque es el fundamento del orden social tradicional lo que se busca cambiar. Veo que lo entiende igual. Ahora, es sintomático, en ese contexto, que la fe sea algo vergonzante para los políticos, algo para reducir a la esfera privada, algo que en todo caso debe ocultarse o "no interferir" en su labor. En pocas palabras, es un complejo. No parece ser un complejo para usted.­

- No, para nada. Primero porque soy creyente. Y después porque reivindico que Dios está en el centro del Preámbulo de la Constitución. Cuando las provincias deciden construir el Estado nacional, los constituyentes reconocen que Dios estaba presente en la fundación del proyecto de la Argentina y que tenía que invocarse como fuente de toda razón y justicia en el principal proyecto, en la piedra angular, de la organización nacional, que es la Constitución. Dios como fuente de toda razón y justicia no es un proyecto confesional. Hay una gran confusión con eso. La Argentina, desde su fundación, no es un Estado laico. Es un Estado secular. ¿Y qué quiere decir "fuente de toda razón y justicia"? Que la ley del hombre, los acuerdos, los pactos, las leyes, deben respetar la ley natural que es la ley de Dios. No puede ir contra la vida, no puede ir contra el ser humano, no puede ir contra la familia. Son ordenamientos que están en el derecho natural.­

- Acá parece que para llegar al Congreso hubiera que despojarse de eso. La argumentación religiosa es la única impedida. Esta semana se conoció en los diarios que, para cambiar el nombre de un parque en Bahía Blanca -una práctica ideológica habitual entre quienes buscan reescribir la historia-, llamaron a una compulsa pública y una de las condiciones para proponer un nuevo nombre es que este no fuera católico. Sucedió también con el debate sobre el aborto: la autocensura o la censura de argumentos religiosos. Esto aumenta la sensación de que vivimos en una República ocupada. Una fe arraigada en la población -con más o menos fidelidad- pero que los dirigentes quieren aplastar, hacer invisible, hasta terminar de desarraigarla.­

- Es así. El valor de la vida es primero algo de sentido común, después es parte del derecho natural. Y ha sido avasallado de todas las formas, inclusive desde el punto de vista del derecho positivo. Nosotros presentamos más de diez demandas de inconstitucionalidad por el aborto. Pero hay que entender que esta ofensiva no busca el neutralismo de creencias.­

Por cierto que no.­

El Estado simula una neutralidad de creencias, una forma de Estado laico. Pero la Constitución reconoce a Dios, reconoce a la Iglesia católica, apostólica y romana como la religión oficial. Esto quiere decir no sólo que se le debe pagar un sueldo a los obispos, sino que tiene que tener capellanes y que el Estado tiene que tener presencia religiosa. Esto es institucional. La presión para acallar esto, que es muy fuerte, viene desde otra religión: la religión del progresismo. Que está instalada como una religión laica oficial del Estado.­

Una buena parte de los votantes de Nos tal vez se ilusione con que usted ayude a frenar todo este tipo de iniciativas parlamentarias de las que hablábamos antes. Pero una presencia en el Congreso que sea testimonial, o actúe como un tapón para frenar esto, parece quedarse corto como ambición. ¿Considera que hay que desmontar estas leyes una por una?­

Sí, una por una.­

- ¿Debe ser esta elección el primer paso en ese sentido?­

- Sí, claro. Esta elección va a ser una muestra de que el modelo se va a ir desactivando. Claro. Cuesta mucho romper el paredón del dique. Pero una vez que el dique se raje, estalla. Y el primer paso para desmontar esto es hacerlo público. Esto no depende de lograr un puñado de escaños en la Cámara de Diputados. Esto arrancó en 2019, cuando por primera vez en cuarenta años un candidato presidencial en el debate abre su espacio diciendo: "Yo creo en Dios, en la patria y en la familia". Y esto es en lo que yo creo. Yo vengo a proponer que estos valores hacen una Argentina mejor. Siento que hemos empezado a infundir ánimo para terminar con esa vergüenza instalada a través de los medios.­

- Así como hubo una espontánea y milagrosa reacción contra el aborto, que frenó pero no alcanzó a impedir que el proyecto se convirtiera en ley, sorprende que esa reacción no sea consecuente a la hora de las elecciones y el voto se disgregue en múltiples expresiones políticas, muchas veces contrarias al principio que se quería defender. ¿Hace falta despertar conciencias sobre la necesidad de enfrentar a esta religión laica y unir voluntades?­

- Sí. Despertar conciencias no es sencillo con tantos años de discurso único y con apoyo de los medios. En nuestro país hay ocho medios que sostienen canales de noticias las 24 horas, que es muy caro. Más de la mitad vienen del dinero de la política. Es una instalación sistemática de temas, repiqueteando la cabeza las 24 horas. Al final la gente termina teniendo miedo a todo lo que esté fuera de lo que ofrece la televisión.­

Repiqueteando sobre lo que no importa, y ocultando lo que verdaderamente importa.­

Y demonizando lo que contradice el discurso único, el pensamiento oficial y lo que es políticamente correcto. Por eso, insisto, no es fácil. Pero nosotros tenemos más de 2.700 jóvenes trabajando. Ese es nuestro proyecto. Estamos en el esfuerzo de instalar una fuerza política que tenga los valores de la Argentina histórica.­

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COMO QUEDO LA ESTRUCTURA DE NOS

­­Juan José Gómez Centurión se muestra en la entrevista con La Prensa satisfecho con los avances para extender la oferta electoral de Nos en el país, aunque admite que siempre quiere más: "Me hubiera gustado partido propio y me hubiera gustado estar en más provincias pero esto es lo que se pudo hacer. La pandemia fue tremenda para hacer política".­

"No pudimos terminar los trámites administrativos para tener una mayor cobertura. Hay que recordar que tuvimos un año de personas encerradas y juzgados electorales que recién abrieron en marzo pasado. No pudimos terminar los requisitos legales que son miles para constituir un partido político, a veces ridículos, pero esa es harina de otro costal", explica el líder de Nos.­

"Quedamos con Nos instalado en dieciséis provincias y en capacidad de competir ahora en estas provincias, en algunos casos en alianza con otras fuerzas", precisa. "Ya hemos competido en Misiones y de diez fuerzas políticas salimos quintos en una alianza con el Partido Demócrata".­

"Vamos a competir en Chaco en alianza con Acción Chaqueña; en Entre Ríos con una fórmula con el Partido Conservador Popular que se llama EntrerriaNos, donde nosotros ponemos todos los candidatos; en Córdoba, aliados con libertarios; en San Luis compitiendo en elecciones provinciales, no nacionales; en Santa Cruz y en la provincia de Buenos Aires, con Unión por el Progreso, aliados a cuatro partidos políticos provinciales. Este es más o menos sintéticamente el escenario", enumera.­

En cuanto a la Capital, aclara que "no pudimos constituir el partido. No quisimos constituir la alianza pero decidimos apoyar al único candidato en este distrito que pudo sortear las tentaciones de las billeteras de las máquinas electorales, que es Javier Milei, quien además es el único economista liberal que para mí entiende con claridad que la primera pelea en Argentina no es económica sino de valores, que es una batalla cultural. Javier es un hombre que defiende la vida con vehemencia. Y bueno, lo estaré apoyando desde otro distrito y él me apoya en la provincia".­

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