Buena Data en La Prensa­

Hobbits, hooligans y vulcanos­

"El mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante promedio" (Winston Churchill).­

 

­­Otro año electoral. Otra vez tendremos que consumir publicidad partidaria, políticos que se reciclan y cambian de bando -o de distrito- sin que se les mueva un pelo, entrevistas, encuestas y todo tipo de chuchería marquetinera. Como tantas veces, es esperable que las propuestas y cómo se transformarían en realizaciones brillen por su ausencia.­

PREDECIBLES­

La famosa frase de Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía en 1971, nos pinta de cuerpo entero: "Hay cuatro clases de países: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón, y la Argentina". Argentina es impredecible, excepto -en toda regla hay excepción- en nuestra forma de votar. La gran mayoría vota a ganador y no por haber realizado un análisis sobre la trayectoria y las ideas de los candidatos. Queda claro que haciendo esto no nos ha ido bien.­

Actualmente casi todos acuerdan en que la democracia es la mejor forma de gobierno y de participación en la vida pública. ¿Pero por qué acá desde hace décadas que no funciona? La respuesta seguramente es multicausal y compleja. Aun así trataremos de enlazar algunas reflexiones.­

Tenemos que reconocer que si un tercio de la población elige votar al candidato solo porque la figura política a la que adora, se lo indicó, estamos en graves problemas. Lamentablemente esto es así. Analizando lo sucedido en otras elecciones, más o menos se ha venido dando que aproximadamente un 33% de la ciudadanía está dispuesta a votar aunque sea a un payaso o a un desconocido, si así lo marcó el líder al que apoya ciegamente.­

Por otro lado también encontramos a muchos temerosos que caen en la trampa de respaldar al candidato que los medios y las encuestas señalan como el que puede hacer frente al monstruo elegido por el primer tercio de votantes.­

Así las cosas, es muy difícil que se elija algo bueno para el país, y es ahí donde muchos pensaran para sus adentros si no tendría que existir el voto calificado.­

­EPISTOCRACIA­

Jason Brennan, profesor asociado en la escuela de negocios de la Universidad de Georgetown, estudió durante años el comportamiento de los votantes, la ética del voto y los abusos de poder. Los resultados pueden perfectamente aplicarse al votante de nuestro país.­

El sostiene que "en general los votantes son unos ignorantes" y los clasifica como hobbits, hooligans y vulcanos.­

Los hobbits son la gente desinformada que debería abstenerse, los hooligans siguen la información política con la misma pasión que apoyan a su club de fútbol, y los vulcanos estudian la política científicamente, respetan las opiniones ajenas y ajustan las suyas.­

"Cuando se trata de información política, algunas personas saben mucho, la mayoría de la gente no sabe nada y mucha gente sabe menos que nada".­

Según su apreciación el votante típico vota de la misma manera que es aficionado a un equipo de fútbol. Puede que ni siquiera conozca a los jugadores por su nombre pero no le importa; solo quiere que ganen. En su opinión, la mayoría de los votantes actúan así; sienten que pertenecen a un partido y desean que este gane, sin preocuparse de lo que haga.­

El autor sostiene que el problema es que la suma de votantes desinformados puede condenar al resto, es decir que en cada acto eleccionario se deposita el futuro de todos, en manos de irresponsables.­

En un cuestionado libro Against Democracy (Contra la democracia), propone, sin demonizarla, intentar pensar en otras formas de gobierno. Reconoce que la epistocracia tal como fue concebida en la antigua Grecia hoy sería impracticable y hasta considerada ofensiva, pero propone otras formas que adjudican un valor diferente a cada voto según las características del votante. También de muy difícil aplicación, pero que podría llegar a tomarse como una puerta abierta para dejar de endiosar a la democracia tal como la conocemos y comenzar a pensar en otras formas de elección de los gobiernos que sean más justas.­

­PENSANDO SALIDAS­

La obligatoriedad del voto en nuestro país, si bien fue concebida para que todos se involucren en el bien común y se motiven a formarse cívicamente, en muchos casos queda en el cumplimiento de una acción formal en la que no se tiene confianza ni interés.­

Un gran inconveniente para una cierta calificación del voto es quién realizaría la selección y bajo qué criterios. Algunos podrían pensar en el requerimiento de un determinado nivel de instrucción formal que permita acceder a la información necesaria, pero el alto nivel de ideologización de las universidades podría dar aún resultados más sesgados.­

Quedan abiertas las puertas para seguir pensando. Mientras tanto, vale la pena recordar las sabias palabras de Mariano Moreno: "Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía"

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