LA BELLEZA DE LOS LIBROS

¿El hacker es un héroe libertario?

Harold Bloom, ese crítuico imprescindible, recomendaba invertir el tiempo que nos toca en sólo dos clases de libros: las obras maestras y las buenas piezas de época. A esta última categoría pertenece la segunda novela de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), publicada en 2015.

En efecto, Las constelaciones oscuras (Random House, 237 páginas) es una lúcida aproximación -aunque de factura despareja- a dos fenómenos de nuestro tiempo: a) la monstruosa vigilancia social del Estado y de las grandes corporaciones mediante nuevas herramientas tecnológicas; b) el hacker como reacción, tan heroica como anárquica, al Gran Hermano.

La trama se despliega en tres tiempos diferentes:
* 1982: El diario del naturalista Niklas Bruun, que arranca con una orgía en las islas Canarias (el sexo cumple un papel importante en la trama, veremos) y concluye con una criatura monstruosa (¿aireana?) en la Amazonia.
* 1983: La biografía de Cassio Liberman-Brando Da Silva, hacedor de los virus informáticos más potentes de la historia argentina.
* 2024: El Proyecto Estromatolitón, desarrollado en el Instituto Balseiro, el "ojo cerebro absoluto" para una "biométrica desaforada".

Podría decirse que se trata de una obra postmoderna, cuya paranoia y jerga cientificista recuerda por momentos a Thomas Pynchon y en otros a Don De Lillo. La prosa de la señora Oloixarac tiene un aire inocentón, carece de cualquier gravedad (hasta se mofa de "las performances publicitarias de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo"), cultiva no sin éxito la parodia y repite la treta, tan de este siglo, de yuxtaponer elementos de diversas procedencias. Preferentemente contrapone Alta y Baja Cultura (el joven Werher y las Tortugas Ninja, por ejemplo). El conjunto es agradable e inspirador aunque ciertas ambiciones poéticas de la autora hacen rechinar los dientes. El lector tropieza con frases cacofónicas como ésta: "En el cielo, Venus brilla entre brumas y la Luna se disuelve en la fosa crepuscular de Buenos Aires". 

Como todos los escritores talentosos, Pola O. tiene sus objetos fetiche. Si Borges nos encantaba con espejos y laberintos. Las constelaciones oscuras vuelve una y otra vez a los seres híbridos, al Antopoceno, al capital, al limo y -sobre todo- a las descarga seminales, es decir "las transfusiones en masa de ADN". Por otra parte, la escritora parece suscribir el mito del pansexualismo freudiano.

UNA FLOR EXOTICA

Algo hay que decir de las ideas políticas de Pola O, quien durante la pandemia ha honrado a un diario que no es éste con filosos artículos sobre la nomenklatura kirchneroide. Aunque estudio filosofía en la Universidad de Buenos Aires es una orquídea exótica entre la rancia intelectualidad argentina. No se ha dejado seducir por el horror decadente de la corrección política o por el izquierdismo canalla que descompone a tantos artistas de la Patria. "Los argentinos cultos sólo parecen capaces de soñar escansiones del marxismo", establece en la página treinta y cuatro.

Las constelaciones oscuras fue entregada a la imprenta siete años después de la muy comentada y elogiada opera prima de P.O. (Las teorías salvajes). Cierta crítica superficial la ha encasillado en los anaqueles de la ciencia ficción. Aunque avara en páginas (Pola nació en Argentina al fin y al cabo) es más compleja que una vulgar novela de género. Leerla hoy da idea de premonición, anticipa rasgos de aquello que hemos dado en llamar infectadura. La escritora radicada en Barcelona expresaba un lustro atrás su temor por el "animal desatado del Estado" que quiere leer toda nuestra vida para, llegado el momento, sojuzgar.

"Los días del humano están contados", nos advertía. Las máquinas mentales ya no son las únicas en regir la conducta. La ingeniería genética, la inteligencia artificial, el supergobierno global jaquean la libertad. "La tecnología misma es la forma de la traición; la forma que traiciona su propia naturaleza para convertirse en otra cosa", remata Pola en el último tramo del libro. De ahí, el hacker como héroe libertario.