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Sobre el diálogo, el debate y el combate

Muchos de los conflictos personales, familiares y sociales derivan de la falta de comunicación o del ruido que se cuela entre el emisor y el receptor. Los malos entendidos, las dobles intenciones, los rumores y los prejuicios pueden entorpecer lo que podría ser simple y directo.  ­

Si es difícil en pequeña escala, cuanto más lo es en el ámbito de la sociedad, donde interfieren, no solo los ruidos, sino distintas fuerzas coercitivas. Sobre esto nos podemos preguntar ¿Qué vías de respuesta hay ante las múltiples grietas que se presentaron y van creciendo en nuestro tiempo? ¿Cómo defender el derecho al conocimiento de la verdad y a la libertad?  ­

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EL DIALOGO­

­Dialogar no es solamente hablar. Tampoco es un monólogo alternado, aunque desde afuera pueda asemejársele. Solo desde afuera, porque no hay real escucha ni complementación. Dialogar es hablar y escuchar. Y también escucharse. El diálogo necesita un clima, cierta calma, apertura y una actitud dispuesta.

Para hablar de este fenómeno podemos remontarnos al siglo V a.C., cuando Sócrates, con su método filosófico -la mayéutica-, buscaba, primero, la humildad y, luego, la verdad de las cosas. Como vemos, el diálogo es una relación de -al menos- tres. Los que lo ejercen buscan la verdad en la realidad y juntos se disponen a descubrirla. Quitan los velos a una realidad que se oculta a simple vista y entre ambos corrigen sus miradas y se enriquecen. En el diálogo no hay imposición ni uso de la fuerza. El motor es la sola potencia de la realidad que se va desnudando frente a los ojos de los dialogantes.

Esto, por su misma naturaleza, necesita un tiempo y un espacio acorde del que no siempre se dispone en el mundo de hoy. Un intercambio sincero y profundo no es fácil y no siempre se está propenso y abierto, en actitud dialógica. Cuando se cuelan las malas intenciones, la mentira y los intereses espurios, no hay diálogo posible. ­

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EL DEBATE ­

­En el debate, en cambio, hay un enfrentamiento directo con el fin de mostrar al otro o al público cuál es la idea correcta. Quienes debaten, generalmente sostienen posturas opuestas y defienden férreamente su opinión. Se centra fundamentalmente en la capacidad de sostener coherentemente las ideas y darles un sólido fundamento para concitar adhesiones y atraer al espectador hacia el propio lado con el mayor peso de los argumentos.

 Siguiendo con la época del pensador ateniense que anteriormente mencionamos, los sofistas, ante quienes Sócrates reaccionó, enseñaban a debatir y a argumentar, y no tanto a buscar la verdad. Protágoras, con su "el hombre es la medida de todas las cosas'', imponía un relativismo en el que la verdad la crearía el más fuerte, o el que mejor argumentaría. 

Aunque el fin del debate apunte a ganar adeptos, cuando se descentra de la realidad termina en una contraposición de delirios coherentes, de muy poca utilidad, si lo que buscamos es conocer. Muchos debates entre políticos supuestamente opositores, suelen tener esta característica.

A veces es necesario participar del debate público en ciertos temas para poder generar necesidades de diálogo entre quienes lo escuchan.  Por ejemplo, sucedió en 2018, cuando quienes, aun sosteniendo que el derecho a la vida no era cuestión debatible, tuvieron que hacerlo a fin de que la sociedad en general tomara conciencia del valor de la vida naciente y generar una fuerte ola provida, antes dormida.­

El relativismo caló hondo. Las redes sociales son el medio en que todas las opiniones valen lo mismo y todo usuario es un comunicador. Sin verdad, la hipercomunicación genera distancias. Aunque también los medios digitales son un vehículo privilegiado para enterarse de los hechos casi cuando ocurren y para exponer a los gobiernos que cercenan la libertad de sus ciudadanos e influyen en los temas de la agenda de la corrección mediática global. Cuando no hay equilibrio de fuerzas, cuando se silencia a una parte, se le restringe la palabra o cuando alguno de los oponentes solo se nutre de falacias, llega la hora de dar un paso más.­

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EL COMBATE­

­En el combate se usa la fuerza -no necesariamente física ni material, aunque no se descarta- y lo que se busca es vencer al oponente. La educación, la legislación, las artes y el humor son el escenario cotidiano del combate cultural que se libra entre grupos sociales en conflicto que luchan por el predominio de sus valores, creencias y prácticas utilizando sutiles armas de marketing, psicología y comunicación y otras no tan sutiles como los "incentivos económicos''.­

El liderazgo del combate cultural está reservado a los intelectuales, y no cualquiera, sino aquellos que saben operar estratégicamente en este tipo de contienda. El resto de los mortales puede participar manifestando oposición y no callando. Muchas veces hemos escuchado que la unión hace la fuerza. Si se han intentado el diálogo y el debate, pero aun así la libertad y los derechos inalienables de los hombres están en juego, los caminos se agotan y la gente sale a la calle exponiéndose a nuevos atropellos. ­

En estos días nos enteramos de algunos casos de combate. Pudimos ver imágenes de las masivas protestas en Cuba pidiendo libertad al régimen castrista y en las embajadas cubanas de varios países. También hubo multitudinarias manifestaciones en Francia en contra de la vacunación obligatoria y los pasaportes sanitarios

Las protestas masivas ante propuestas totalitarias por ese tema, se sumaron también en el Reino Unido, Canadá, Grecia e Irlanda. Parece que los gobiernos del mundo occidental están abandonando la bandera de la libertad y del respeto a los derechos ciudadanos.

En la vida pública hay lugar para todo y para todos. Practicar la virtud de la prudencia nos puede ayudar a discernir cuál es el momento adecuado para cada respuesta. Todo tiene su tiempo.­

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