La Prensa

El Nüremberg del pueblo judío

El momento Eichmann
Por S. Lineperg y A. Wieviorka
El Ateneo. 364 páginas

En el El testigo, escribió Borges: "Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo (...) ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera? ¿Qué forma patética o deleznable perderá el mundo".

El gobierno de Israel decidió a comienzos de la década del sesenta que la memoria atormentada de decenas de sobrevivientes de las atrocidades nazis no muera con ellos. Los testigos vivos fueron el ariete principal de la acusación contra el genocida de escritorio por excelencia: Adolf Eichmann, -maldito sea su nombre- capturado en la Argentina, país que amaba tanto como Alemania y Austria, según confesó a viva voz en el momento de escuchar la confirmación de su sentencia a muerte.

La cita borgeana y la reflexión subsiguiente provienen de un texto de la profesora Shoshana Feldman, incluido en El Momento Eichmann, que el sello El Ateneo acaba de publicar en la Argentina. El libro atesora intervenciones de un coloquio celebrado en Francia, con motivo del quincuagésimo aniversario del proceso al homicida nazi.

Las historiadoras Sylvie Lindeperg y Annete Wieviorka destacan que las trece contribuciones que han compilado en el volumen se enfocan en un aspecto casi no estudiado sobre el juicio a Eichmann: su impacto mediático, desde los corresponsales extranjeros, la radio y la televisión, hasta el famoso libro de Hannah Arendt y las joyas del cine y el documentalismo. Extrañamente, el desarrollo del juicio despertó más interés y pasiones en el público y los medios que su resultado.

En el primer capítulo, la catedrática Isabelle Delpla establece que el enjuiciamiento al ingeniero de la muerte marcó el apogeo de la crónica judicial en tanto género literario y filosófico". Ningún acontecimiento, en efecto, atrajo nunca la misma concentración de grandes plumas. Queda claro en las citas que reproduce el texto de Delpla. Poderosas mentes del periodismo tratando de descifrar el ser en sí del Obersturmbannfüher (teniente coronel de las SS, su máximo cargo). 

"Ni un Nerón, ni un Nabucodonosor, ni un superhombre: Eichmann se revela como un monigote colosal. Este nuevo tipo de asesino se caracteriza por su mediocridad, su normalidad y sus virtudes sociales. Hombres muy comunes, burgueses normales, metódicos, con todas las virtudes comúnmente elogiadas en nuestra sociedad: devoción al trabajo, regularidad, puntualidad, obediencia"", escribían hace sesenta años los diarios franceses. ¡Ah!, el periodismo como magnífico borrador de la historia.

Otro texto muy revelador es "El proceso de Jerusalén y la representación de la Shoá en la URSS" de la estudiosa Vanessa Voisin. Confirma la bajeza moral del comunismo realmente existente; para Moscú el salón de justicia en Jerusalén y el global media event fueron "un problema de propaganda desde el primer momento". Sólo los países tras la Cortina de Hierro se negaron a colaborar con Israel. 

Así el Pravda denunciaba el proceso como una farsa burguesa y un trapicheo político. Era "el árbol que no permitía ver el bosque" (!!!), es decir, el rearme alemán. Llegaron a comparar a las bestias nazis con los nacionalistas ucranianos de entonces. Es decir, -como ocurre en algunos populismos latinoamericanos, caso el cristinismo- el Kremlin subordinó la verdad histórica y la ética a las necesidades políticas del momento.

El lector encontrará en este valioso volumen un análisis de las grabaciones de las audiencias del talentoso Leo Hurwirtz, y de la repercusión de las mismas en la televisión de Alemania Occidental y en la de Estados Unidos; y hasta una aproximación crítica al famoso libro de Hannah Arendt, entre otros aportes significativos.

Cerramos con una frase del documentalista Erwin Leiser, de gran vigencia en esta era de pandemia e infectaduras, como la de China o la de Formosa: "Siempre hay que defender los derechos humanos contra el totalitarismo".

Otra conclusión que puede extraerse del libro es que, en la era de la democracia de masas, todas las aberraciones se perpetran en nombre del pueblo.