La Prensa
EL PENSAMIENTO DE CARLOS ALBERTO SACHERI

La empresa como comunidad de trabajo

El pensador católico denunciaba hace casi medio siglo la confiscación de atribuciones por parte del Estado en desmedro de la alianza entre empresarios y asalariados.

POR GERMAN MASSERDOTTI

A lo largo de su trayectoria intelectual, Carlos Alberto Sacheri (1933-1974) se ocupó especialmente de la exposición, el estudio, la enseñanza y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Uno de los temas principales sobre los que profundizó fue el de la empresa.
Como afirma en El orden natural, la empresa "se caracteriza por concertar diversas competencias, oficios y capacidades con miras a la producción de bienes. Superando el esquema marxista, según el cual solo el obrero es reconocido como productor, la mentalidad actual reconoce con unanimidad que hay una serie de actividades que concurren cada cual en su plano e importancia, a la producción empresaria".

La empresa se convierte, de esta manera, en comunidad de trabajo. En ella "se coordinan diariamente un sinnúmero de acciones, competencias, iniciativas y responsabilidades para asegurar el bien común de la empresa que es su producción. Esta realidad fundamental se verifica en toda empresa, desde las más pequeñas hasta las sociedades multinacionales".

Pero, además, ella es comunidad de vida. El trabajo -puntualiza Sacheri- es una realidad personal y, por consiguiente, la empresa adquiere un carácter comunitario, interpersonal. 

"La concepción cristiana de la empresa afirma el carácter personal del trabajo humano. En consecuencia, si la empresa implica trabajo, necesariamente ha de ser por encima de todas las cosas una comunidad de personas, que vinculan libre y responsablemente para sumar sus esfuerzos y competencias en el logro de una finalidad común".

Este carácter personal del trabajo implica consecuencias prácticas relevantes "tanto en lo que respecta al nivel de las remuneraciones de cada miembro de la empresa, como a las condiciones en que cada uno desarrolla su labor y el grado de participación responsable que se acuerde a cada uno en los distintos aspectos de la tarea común", señala resumidamente. 

"En este sentido ya Pío XI declaraba en Quadragesimo Anno que resultaría gravemente injusto atribuir ya sea al solo capital, ya sea al solo trabajo lo que es fruto de ambos mancomunadamente. Ambos factores concurren a hacer posible esa realidad compleja y tan dinámica que es la empresa. Ambos, por lo tanto, han de participar equitativamente en la retribución de la actividad común", añade.

Sacheri observa, además, que "el carácter esencial de comunidad de personas debe reflejarse en las relaciones humanas cotidianas". En este sentido "las modernas técnicas han descubierto (¡!) las ventajas de acordar a todos y cada uno de los integrantes de la empresa el mayor margen posible de iniciativa, libertad creadora y responsabilidad".

ARMONIZAR Y COORDINAR

Patronos y obreros o, si se prefiere, empleadores y empleados, forman parte de la misma comunidad y deben procurar el mismo fin. Se trata de armonizar y coordinar esfuerzos, no de suprimir a una de las partes.

Bajo la inspiración de la enseñanza social de la Iglesia, Sacheri sostiene que para el restablecimiento de un orden social justo se requiere "la organización profesional de la economía y la función directiva del Estado". Se trata de "un punto clave" del magisterio pontificio en materia económica. 

"No hay ni habrá un recto orden económico mientras no se proceda a desarrollar la organización profesional como base del mismo -asegura Sacheri-. No habrá una superación efectiva del actual clima de lucha de clases que el mundo conoce sino a través de la instauración de un ordenamiento orgánico que una a patronos y obreros".

De esta manera, se necesita una política económica adecuadamente concebida y eficazmente puesta en práctica. "No podemos volver a las células básicas del orden social -sostiene- y, especialmente a las asociaciones profesionales, sino en la medida en que el propio Estado siga una nueva política, durante la cual y por largos años, tienda a personalizar y no a socializar, no a confiscar poderes sino a descentralizarlos, no a expropiar o nacionalizar indiscriminadamente sino a restaurar en forma paulatina y perseverante los cuerpos intermedios en sus legítimas autonomías, subordinados siempre a las trascendentes exigencias del bien común nacional".

RELACIONES MAS HUMANAS

A modo de conclusión. Como afirma Pío XII: "La Iglesia exhorta igualmente a todo aquello que contribuye a que las relaciones entre patronos y trabajadores sean más humanas, más cristianas, y estén animadas de mutua confianza. La lucha de clases nunca puede ser un fin social. Las discusiones entre patronos y trabajadores deben tener como fin principal la concordia y la colaboración".