Tres jóvenes apasionados por el campo comparten su visión sobre el sector más productivo de la Argentina

Sembrar esperanza, cosechar futuro

Conocen el campo desde pequeñas. Por legado o tradición decidieron orientar su vida profesional al sector. Tres jóvenes estudiantes del Norte, Centro y Este argentino, de bombachas, boinas, botas y alpargatas, transmiten su pasión por el campo y los animales; cómo ven la actual relación campo-ciudad, los hechos de vandalismo rural, y lo más importante: no pierden la ilusión de crecer en nuestro país.

Karen Boaglio es oriunda de Adelia María, sur de la provincia de Córdoba. Ella estudia Medicina Veterinaria en la Universidad Nacional de Río Cuarto, y sueña con tener su cabaña de reproductores. Desde que tiene uso de razón siempre le gustó el campo. “Esos amaneceres, respirar el aire puro y escuchar el canto de los pájaros, los domingos en familia, correr detrás de un ternero. Siempre colaborando y ayudando a mi papá, quien me transmitió esta pasión y compromiso”, dice muy orgullosa con apenas 21 años de edad. 

Días atrás, el campo de su familia y el de varios productores vecinos, sufrieron un incendio . Frente a lo sucedido, se lamentó, pero inmediatamente invitó a tomar conciencia y a ser responsables: “Antes de tirar una colilla de cigarrillo por la ventanilla, de prender fuego para un asadito en un campo o en la banquina o al aire libre, los invito a pensar en el enorme daño que pueden generar en un segundo. Estoy hablando de las pérdidas económicas, pero también de la reserva natural (pastizales naturales, flora y fauna habitante, animales que mueren atrapados en las llamas y demás)”.

Cuenta que han pasado muchos años para lograr lo que poseen actualmente. “Viene de mis bisabuelos que han dado todo lo mejor, y es lo que cada día me motiva más a buscar un rumbo relacionado al campo, a las buenas prácticas agrícolas, al bienestar animal, a cuidar los suelos que tanto nos dan y a hacerle llegar al mundo alimentos de calidad”, afirma.

“Desde muy chica que tengo relación con el campo y los animales, me crie en la ciudad, pero íbamos y veníamos siempre”, así lo expresó Valentina Martínez, de Juan Nepomuceno Fernández, un pueblo rural ubicado en el partido de Necochea. “Me encanta como se vive acá, y el aire libre; no me puedo imaginar una vida sin estar en contacto con los animales. Lo que más me gusta del campo son sus tradiciones, como las yerras, y las peñas”, enfatizó Valentina, una potencial agrotwittera.

A su vez y en línea con Karen, resalta lo familiar del mundo rural: “La costumbre de entrar a un negocio y saludar a cualquier persona, aunque no lo conozcas. Eso en la ciudad no pasa”, ejemplificó. Desde que tiene uso de razón quiere ser veterinaria. Al principio quería dedicarse solamente a los caballos, pero a medida que fue avanzando en la carrera se vió seducida por la producción de bovinos de carne.

Desde Formosa

Ya en el norte argentino, y con algunos grados más, vive Agostina Ruiz Díaz, quien desde muy chica le declaró su amor al campo. “Mi abuelo tenía campo en Formosa, y cuando podía me llevaba. Por él es que me gusta, es un hombre muy trabajador y lo admiro muchísimo. Quiero formarme y hacer mi camino en este ambiente para demostrar que yo puedo y soy capaz de hacer todo lo que se me presente”.

Cumpliendo con su misión y con 21 años de edad, cursa la carrera de Ingeniería Zootecnista en la Universidad Nacional de Formosa. “Para el día de mañana poder manejar mi propio campo y ayudar a visibilizar más a las mujeres que deciden emprender este camino, ya que muchas veces nos cuesta más poder insertarnos en este mundo laboral”, explicó.

En este sentido, comentó que una vez por mes participa de los remates que se hacen en Formosa y son organizados por la ganadera local Don Raúl. Hace tiempo que los jóvenes deciden volar hacia nuevos destinos donde esperan tener un futuro profesional acorde a sus expectativas

¿Qué piensan Karen, Valentina y Agostina? “Me gusta creer que tenemos futuro en nuestro país, aunque venimos de muchos años de frustraciones”, expresó Valentina. Al respecto, reconoció: “No me veo viviendo en otro lugar que no sea Argentina, amo este país y sé que tiene el potencial para ser uno de los mejores del mundo, mientras todos tiremos para el mismo lado. Entiendo que estamos en una situación complicada, pero me gusta pensar que, en un futuro, nuestra generación va a estar unida trabajando por el desarrollo del campo y del país”.

Por su parte, Agostina sostuvo que cada uno es quien forma su futuro y sus posibilidades, hay que buscarlas y ser perseverante, aunque reconoce que es un pésimo momento de la Argentina. “El campo es el gran motor del país. Argentina tiene grandes posibilidades de crecer y ser una potencia, solo falta gente que quiera acompañar a esto y sumarse”. Tan es así que de a poco fue contagiando sus amigas: “Antes a ninguna le gustaba el campo, y ahora, la gran mayoría disfruta de eso. Es cuestión de motivar a la gente y demostrar qué hay cosas tan lindas por hacer”.

Karen, no lo duda ni un segundo. “Por amar el campo y valorarlo como tal sin olvidar el esfuerzo de las generaciones anteriores, me motiva a seguir luchando por mis sueños, porque sé que con esfuerzo, perseverancia y dedicación se cumplen. No puedo dejarlo, allí encuentro mi felicidad”.

De acuerdo a su mirada, las mujeres están empezando a ganar terreno en las actividades relacionadas al sector: “Tenemos mucho por aportar, hay que romper el mito de que no podemos porque estamos demostrando de que eso no es así”, y enfatizó: “Tenemos que sembrar esperanza para cosechar futuro”. Las tres en mayor o menor medida coinciden en la falta de información, y conocimiento que tiene la ciudad sobre el campo. Sin preguntarles, comparten la necesidad de educar y acercar actividades para achicar ese distanciamiento. “Siento que hay dos bandos. Por un lado, el campo y por el otro, la ciudad que muchas veces desconoce las prácticas agropecuarias, pero aun así opina, lo cual establece más confusión. Sumado a las cuestiones políticas que aumentan de manera extraordinaria esta brecha”, manifestó la futura veterinaria cordobesa. 

Vandalismo político

En este sentido, se refirió a los ataques a silobolsas. “Es lamentable que hechos de vandalismo como estos, se den en Argentina en el siglo XXI, donde los gobiernos no tomen decisiones al respecto; donde el que trabaja y lucha, por lo que se merece y corresponde es arrebatado por este tipo de hechos”. Y resaltó: “No tenemos que acostumbrarnos a estos acontecimientos, son años de trabajo y sacrificio de generaciones”.

Para la formoseña, también hay una grieta enorme entre el campo y la ciudad. “Creo que es por falta de información y empatía”. Como buena defensora del sector, comentó: “Vivo discutiendo con gente qué siempre se oponen a los manejos del campo, que subestiman su necesidad y/o productividad”.

Para Agostina, el agro es uno de los más atacados en estos últimos tiempos, y argumentó: “Los ataques a los silobolsa me generan mucha impotencia por esos productores que ponen tanto esfuerzo y tiempo invertido en esa empresa”. En la misma línea, se refirió a los grupos que van en contra de las prácticas comunes de campo: “Los fitosanitarios son productos utilizados para la sanidad de nuestras plantas. Son necesarios, el uso correcto no perjudica a nadie”. Ella considera que se puede revertirla actual tendencia crítica, aunque sea una parte, y apuntó algunas ideas: “Quizás se puede llevar más información a los jóvenes, mayor inserción, y talleres de capacitación”. Por su parte, Valentina sostuvo que hay cierta tensión entre el campo y la ciudad, que podría ser por falta de educación. Con una dosis mayor de optimismo, y de acuerdo a su experiencia opinó: “La relación está cambiando gracias a las redes sociales. Últimamente se están viendo más referentes que muestran cómo es el trabajo en el campo, todo lo que implica producir y está buenísimo porque hay mucha gente que no sabe lo que hay detrás de cada plato de comida, vaso de leche, y paquete de yerba, etcétera”.

Con respecto a la rotura de silobolsas, al accionar de los grupos que están en contra de la aplicación de fitosanitarios y al de las agrupaciones veganas, analizó: “Hay mucha desinformación y eso genera una ideología extremista e intolerante en algunos casos. Respeto cualquier elección con respecto a su dieta, pero en algunos casos pareciera que quieren imponerle al resto que se maneje de igual manera que ellos”. 

Para Valentina, “tenemos mucho potencial para que el campo y la ciudad se integren”, y ejemplificó: “Las fábricas de maquinaria agrícola, tecnología y fertilizantes son un puente entre ambos mundos”.