La Prensa
2020, el año belgraniano

Belgrano, en los cantares de la tradición

Esa nota quizás debiera firmarla mi querida amiga Olga Fernández Latour de Botas, cuya labor ha sido reconocida en las Academias Nacionales de Historia y de Letras, y que en 1960 publicara con el auspicio del Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas los Cantares Históricos de la Tradición Argentina, obra que continúa siendo una fuente indiscutible en la que conocer esa raigambre patria. Esta como otra obra suya nos sirven para difundir esta temática seguramente no demasiada difundida y a veces olvidada.

Abrevó la autora en los cancioneros del maestro Juan Alfonso Carrizo, que estudió los de Salta, Jujuy, Catamarca, Tucumán y La Rioja; en el de Guillermo Alfredo Terrera que estudió el de Córdoba, el de Juan Draghi Lucero el de Cuyo, el de Tucumán de Isabel Aretz, y muchos otros como las recopilaciones de Ventura Lynch, Jorge Furt, José Luis Lanuza y Rodolfo Trostiné, sin mencionar siquiera la compulsa de numerosos archivos comparando además las fuentes con obras del exterior en la misma temático.

El prólogo del director de ese Instituto el recordado Julián Cáceres Freyre da cuenta de la acertada labor que “constituye un valioso aporte para nuestra historia y dará materia prima del más puro sabor argentinista a los lectores e investigadores de nuestro folklore”. Fruto de esa experiencia y el correr del tiempo fue su trabajo sobre Belgrano en la poesía de su tiempo que bajo la coordinación del académico Fernando Chao y quien escribe publicó el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades en el 2012 en ocasión del centenario de la bandera con el generoso patrocinio de la Bolsa de Comercio de Rosario.

 De Belgrano no abundan las coplas o cantares ni de su expedición al Paraguay, ni de su presencia con el ejército en la Banda Oriental, si en cambio se conservan algunos exponentes de su  paso por las provincias del Norte. Fue en marzo de 1812 cuando partió de Rosario a hacerse cargo del Ejército que había marchado de Buenos Aires con la noticia de la Revolución en julio de 1810, que obtuvo el triunfo de Suipacha en noviembre de ese año y vencido en Huaqui en junio de 1811. Enfermo su jefe Juan Martín de Pueyrredon le tocó a Belgrano hacerse cargo de un grupo de hombres enfermos y desalentados cuyo temple levantó. Una cuarteta “que perduró en la memoria popular por lo menos hasta la tercera década del siglo XX” afirmaba: “Desde el grito de la Patria / sigue nuestro padecer / los pueblos pacificando / sin esperanzas de ver”.

Juan Alfonso Carrizo a quien la doctora Botas ha difundido largamente, había rescatado un fragmento procedente de Guachipas (Salta) en abril de 1930, a don Esteban Giménez que tenía entonces 45 años y la había escuchado en Ledesma (Jujuy) de un viejito que la recordaba de una trova sobre que trataba “De las guerras por la libertad”.

El mismo Carrizo al referirse a la tradición de Jujuy en tiempos el éxodo apuntaba estos datos que le había dado el doctor Ovejero y cantaba un soldado: “Adiós, Jujuycito, adiós / te dejo y me voy llorando / la despedida es muy triste / la vuelta quien sabe cuando”. Y esta otra que puede ubicarse entre este hecho y la batalla de Tucumán cuando el ejercito bajaba seguido por los realistas: “¡Vamos tucumanos / vamos hermanos! / que corre peligro / el bravo Belgrano”.

No hay nada hasta ahora, digámoslo porque siempre en estos temas algo puede aparecer y es una caja de sorpresas, sobre la batalla de Tucumán, pero después de la batalla de Salta aparece esta glosa en décimas que rescataron y difundieron Bernardo Frías en su Historia de Güemes y Estanislao S. Zeballos de documentos del historiador Ángel J. Carranza.

Según cuenta la tradición en una correspondencia entre el general Tristán vencido en aquella batalla y el general Goyeneche en la aquel hablaba de un sable dio motivo a estos versos tan populares en su tiempo: “Ahí te mando, primo, el sable, / no va como yo quisiera; / de Tucumán es la vaina / y de Salta la contera. / Cercado de desventuras, / desdichas y desaciertos, / no distingo sino muertos; / no veo sino amarguras; / los hijos de estas llanuras / tienen valor admirable, /  Belgrano, grande y afable, / a mí me ha juramentado, / y pues todo está acabado / ahí te mando, primo, el sable. / Cada jefe,  testimonio / dio de ser un adalid, / Díaz Vélez, más que el Cid, / Rodríguez como un demonio;. / Aráoz por patrimonio / tiene la índole guerrera, / de Figueroa a carrera / me libré si no me mata. / Estoy ya de mala data, /  no va como yo quisiera. /  Forest, Superí y Dorrego, / Perdriel, Álvarez y Pico, / Zelaya en laureles rico, / y Balcarce brotan fuego; Arévalo de ira ciego; / en sus ardores no amaina, / me han cebado una polaina / los tales oficialitos / y cantan estos malditos: / de Tucumán es la vaina. / Por fin ese regimiento / llamado "número Uno", / con un valor importuno / me ha dado duro escarmiento; / y es tanto mi sentimiento / que ya existir no quisiera / pues la fama vocinglera / publicará hasta Lovaina / que es del Tucumán la vaina / y de Salta la contera”. 

Termina con esta Post Data: “Aseguran por muy cierto / que a Goyeneche, Tristán, / con un soldado alemán / esto escribió, medio muerto: / que aquel tuvo a desacierto / haberse juramentado, / por lo cual, desesperado, / Dijo, al verse sin arrimo: / -¡Maldito sea mi primo / y el padre que lo ha engendrado!”.

Se refiere al juramento que el magnánimo Belgrano ofreció al general vencido de no volver a tomar las armas contra los patriotas ningún jefe, oficial o soldado realista, jurando “ante Dios y por Nuestro Señor Jesucristo”. Tristán respetó su palabra pero una gran mayoría no respetó el juramento y volvieron al ejército real.

Estos versos tuvieron gran difusión y el insigne Carrizo recogió otros en Jujuy de la marcha del Ejército: “Ya vienen los soldados / por la Quebrada  /  y los godos disparan / como bandadas”. Y este que exalta el sentimiento patriótico: “Vámonos compañeritos / a defender la Bandera / que la sangre de la Puna / no se redama andequiera”. Finalmente esta copla jujeña que rescató Carrizo referida a la derrota final de Belgrano en la pampa de Ayohuma: “¡Palomiram palomita, / palomita de la Puna / a Belgrano lo vencieron / en la pampita de Ayuma!”.

Mucho más queda por agregar pero es digno de destacar que lo que no se encontró todavía o no se escribió en aquel momento con ese mismo sentir patriótico Olga Fernández Latour de Botas escribió en el 2012 en el Bicentenario de la Bandera una Balada Belgraniana 1812, que anunció en un panel que integramos con ella y María Sáenz Quesada en la Feria del Libro con el auspicio de la Academia Nacional de la Historia. Poco después la daba a conocer, sin duda de no haber sido por la situación que nos toca vivir este año lo habría repetido, pero seguro cando esto pase esta destacada estudiosa de nuestras tradiciones lo regalará nuevamente en una magnífica audición, que por este medio habremos de anunciar.