La Prensa

Infancia, estudio y clásicos

POR MARIA ROSA LOJO

De nena, como tantas y tantos de mis contemporáneos, fui asidua lectora de la colección Robin Hood, que tenía libros memorables para jóvenes de todas las edades. Así leí las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Y también decidí que quería ser como Jo, la aspirante a escritora de Little Women. Recuerdo igualmente una colección para los más chiquitos, donde leí sola un cuento por primera vez: “Nubecita, el chanchito distraído”, de Héctor Oesterheld, con dibujos de su hermana Nelly, publicado en la colección “Mis animalitos”, de Sigmar. Tanto las ilustraciones como la historia eran encantadoras; siempre pienso (y hasta escribí sobre eso) que en ese cuentito puede leerse una verdadera parábola de la condición de los artistas, contempladores que estamos siempre “mirando nubes” (como el héroe del cuento) ya que nos guiamos más por nuestros sueños que por las urgencias (y también banalidades) de la vida utilitaria.

Hoy día hay muchísimas colecciones para niños y jóvenes, con gran despliegue estético y variedad temática. Por mi parte, publiqué hace poco una novela: Solo queda saltar, en la excelente colección Loqueleo, de Santillana, destinada al lectorado juvenil, pero no necesariamente sólo a ellos. Alguien dijo que la buena literatura infantil/juvenil es aquella que también los niños pueden leer.  

En otro plano, ligado al estudio y a la investigación, siempre tengo como un referente la Colección “El pasado argentino” (Hachette), dirigida por un gran intelectual, Gregorio Weinberg, que volvió a publicar libros inconseguibles, con muy buenos prólogos de especialistas y a menudo con notas. El sello editorial Taurus revivió ese proyecto, con otro título: “Nueva dimensión argentina”, pero era esencialmente lo mismo y contó también con la dirección de Weinberg. Fui colaboradora de la última, con un prólogo a La conquista de las Pampas, de Manuel Prado.

Dentro de las colecciones de clásicos literarios, no puedo menos que destacar el extraordinario emprendimiento de la Colección Archivos, destinada a la publicación de clásicos latinoamericanos. Fue ideada y fundada por Amos Segala, nació con el patrocinio de la Unesco y de varios países de Latinoamérica y también de Europa y tiene una impresionante biblioteca de obras fundamentales; hoy el CRLA de la Universidad de Poitiers sigue con el proyecto, si bien los recursos financieros han mermado. Esta Colección se propone ediciones crítico-genéticas, que estudian el proceso de creación de cada obra. También abordan su recepción crítica y presentan una verdadera batería de estudios especializados. Mi aporte como investigadora para Archivos fue coordinar la edición de Sobre héroes y tumbas, con la participación central (en tanto editora crítica) de la filóloga Norma Carricaburo, y la colaboración de un gran equipo internacional de especialistas que escribieron trabajos especiales sobre la novela.

Otra colección cuya propuesta me parece muy interesante es “Las Antiguas”, dentro de la editorial cordobesa Buena Vista. Se dedica especialmente a publicar textos de nuestras escritoras argentinas pioneras, desconocidas para la mayoría de la gente. No tienen un formato académico, pero sí, siempre, el prólogo de otra escritora argentina contemporánea que dialoga con estas “originales perdidas” (como me gusta decirles) que también fundaron nuestra tradición literaria. En esta colección dirigida por la escritora Mariana Docampo se publicó una edición de Recuerdos de viaje, de Eduarda Mansilla, con un prólogo mío, entre obras de Juana Manuela Gorriti, Rosa Guerra, Juana Manso, Lola Larrosa, Elvira Aldao y otras.

Al final, como era en cierto modo previsible, terminé siendo yo misma directora de colecciones literarias muy especializadas. Fundé dos en la editorial Corregidor: la de tesis y ensayos sobre Literatura Argentina “La vida en las pampas”, y Ediciones Académicas de Literatura Argentina (Siglos XIX y XX), con la co-dirección de Jorge Bracamonte. Más recientemente, en el Centro de Estudios Críticos de Literatura Argentina de la Universidad del Salvador, del que soy directora, fundamos otras dos: la colección de Estudios Críticos de Literatura Argentina, que co-dirige Marcela Crespo, y la colección de Ediciones Críticas de Literatura Argentina, que co-dirige Marina Guidotti.