La Prensa

Luz en las tinieblas kafkianas

Franz Kafka. Una literatura...

Por Diego Cano
BŠrenhaus. 431 páginas

Menuda tarea se ha echado al hombro Diego Cano en su último libro. Ni más ni menos que desentrañar los misterios de Franz Kafka y, sobre todas las cosas, quitarle al escritor ese manto oscuro que recubre su literatura. El plan es, a través de un desmenuzar de la trama, descubrir que por contrario a lo establecido se trata de un autor irónico, divertido, lúdico en sus textos.
Franz Kafka, una literatura del absurdo y la risa es una misión compleja. Abordarlo implica para el lector, y esto a manera de sugerencia, sacudirse de encima todos los prejuicios que pudo haberse formado en la lectura de los cuentos y las novelas del escritor europeo. Se trata de mirar lo que antes no vimos, y en ese sendero Cano hace las veces de guía.
Kafka, uno de los autores más difundidos en el siglo XX, fue traducido en la Argentina a recomendación de Jorge Luis Borges. Como en otros tantos lados, aquí también se formó la idea de que su obra era más bien oscura. Dice Cano, entonces, que su objetivo en este libro es "desanquilosar esa lectura parcial de Kafka".
Estamos en manos de un experto. El autor, que ha coordinado lecturas colectivas en Twitter bajo el hashtag #Kafka2018, sostiene que frente a la angustia que generan las primeras lecturas de Kafka, la profundización de las mismas lleva a darnos cuenta que "su obra se encuentra plagada de elementos cómicos".
En el recorrido nos topamos con que el escritor oriundo de Praga habría tenido un breve acercamiento al anarquismo, y que también tenía la costumbre poco difundida de leer sus textos en voz alta, reunido con amigos, quienes estallaban en risas frente a las historias que hoy muchos consideran cuasi tétricas, como el relato "En la colonia penitenciaria".
En su labor, Cano repasa cada uno de los títulos de Kafka, desentrañando significados y construyendo lo que podríamos describir como una reñida idea de la comicidad. El escritor nacido en el por entonces Imperio Austrohúngaro era un perfeccionista que lograba cerrar el círculo de su literatura en los textos cortos, mientras que era incapaz de terminar los de largo aliento, como las novelas El desaparecido, El proceso y El castillo.
Kafka es, de alguna manera, rehén de sus miedos, víctima como todos de sus propias cadenas. Le sobra talento y pasión para escribir de un solo tirón, en la noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, el cuento "La condena", pero no puede ponerle punto final a sus novelas.
Al tratar La metamorfosis, tal vez uno de los cuentos más populares del autor, lo que no implica que haya sido realmente el más leído, se destaca que existen dos maneras de acercarse: "Una es más psicoanalítica y consiste en la asociación de La metamorfosis con la biografía del autor y, principalmente, con los conflictos con su padre. La otra es más sociológica y se trata de una lectura de la obra como representación de la realidad externa".
Aunque la puerta esté abierta, no resulta sencillo internarse en el laberinto kafkiano. Habrá quienes prefieran seguir de largo. Por eso es que el autor remarca que en sus cuentos Kafka ya exhibe los mecanismos literarios que caracterizan su escritura, volviéndose recomendables para todos aquellos que busquen iniciarse en la lectura de sus textos. Algo así como un primer escalón de una escalera tan larga como ardua.
Es cierto que, pese al afán por convencernos de la comicidad que reside en los textos kafkianos, su literatura amedrenta. De allí la utilidad de este libro, desde en un enfoque pragmático, que sirve como un bastón para echarse a andar por un camino escarpado.

Gustavo García