La Prensa

Los cuatro períodos de la historia argentina

Sin perjuicio de aceptar otras miradas, a mi buen entender, la historia de la Argentina independiente puede dividirse en cuatro momentos. De 1810 a 1861. De 1861 a 1930. De 1930 a 1976. De 1976 en adelante.

El período que va de 1810 a 1861 puede definirse como el de la Organización Nacional. Un tiempo de intensas luchas políticas centradas en la sanción de una Constitución que dio organicidad a la Patria. El fuerte  constitucionalismo que se vivía en Europa llegó a nuestras playas y no fuimos ajenos a esa ola. Provincianos y porteños  al decir de Juan Bautista Alberdi fue la síntesis conflictiva de aquellos años: ¨No son dos partidos, son dos países; no son los unitarios y federales, son Buenos Aires y las provincias alimentando a Buenos Aires¨

De 1861 a 1930 

Al triunfar el General Bartolomé Mitre en la batalla de Pavón se alcanzó la unión nacional. Finalmente  Buenos Aires se impuso a las provincias. El historiador  H. S. Ferns observó inteligentemente   este desenlace: ¨Lo cierto es que la Presidencia de Mitre, consecuencia directa de Pavón, fue la señal de una fundamental decisión política de toda la argentina, la expansión económica y la integración del país en los mercados internacionales.¨

De modo que la República Argentina  devino en lo que dio en llamarse, a veces despectivamente, el granero del mundo. Productores de alimentos para las naciones europeas, principalmente Gran Bretaña. Nuestra política exterior entonces  se construyó vinculada a Europa y a Inglaterra. Dándole la espalda a América. El general Mitre en discusión con Domingo Faustino Sarmiento lo anoticiaba en 1865: ¨Ya es tiempo de abandonar esa mentira pueril de que éramos hermanitos, y que como tales debíamos auxiliarnos. Las repúblicas americanas son naciones soberanas e independientes, como tales pueden tratar sus negocios según mejor les convenga o les dé la gana.  Debemos dejar de jugar a las muñecas de las hermanas.¨

Por su parte Carlos Pellegrini contribuía a la misma idea, en un discurso en 1905: ¨Todo nuestro porvenir, todos nuestros intereses morales y materiales, todo nuestro progreso y engrandecimiento se relaciona solo con los pueblos que baña el Atlántico, de allí nos viene la luz, y con ella el progreso y la grandeza futura…y es la Gran Bretaña la Nación con la que mantenemos las más importantes y valiosas relaciones comerciales.¨ 

LA POLITICA

Los partidos políticos del período fueron cinco. El mitrismo y el roquismo, el primero heredero cultural del unitarismo porteño y el segundo del federalismo provinciano. Ambos con fuertes raíces en la política del ciclo anterior, pero remozados y actualizados a las nuevas circunstancias. Luego  tres formaciones  nuevas, el radicalismo, la democracia progresista y el socialismo. El radicalismo de origen bifronte: Hipólito Yrigoyen y Leandro N. Alem, con tradiciones políticas diferentes. El primero con afinidades roquistas y Leandro sesgado al mitrismo. Lo novedoso fue que incorporaron a su lucha política cotidiana el espíritu  de moda en Europa y los EE.UU., esto es, el derecho de las masas a la vida política, mediante el voto universal. 

La Democracia Progresista más afín al viejo mitrismo y el socialismo de Juan B. Justo, variante criolla del marxismo europeo que hizo su aparición en 1896.  No obstante las diferencias todos estos agrupamiento políticos respetaron el modelo de economía abierta, liberal, vinculada al mercado mundial y al capitalismo europeo. Hubo luchas, desinteligencias, crímenes y muertes,  pero el modelo no se tocó. Hubo una excepción muy minoritaria surgida en 1921 como coletazo de la Revolución Rusa, el Partido Comunista.

De 1930 a 1976   

La crisis de 1929 puso en jaque al sistema capitalista mundial. Naturalmente la Argentina por su  vinculación al mundo sufrió las consecuencias. Tanto se ha escrito sobre este asunto que no ahondaremos en ello. Si diremos que la cultura política  dio vuelta como un guante. Los liberales, esto es, todos los partidos políticos debieron  rever sus postulados. Volver a pensar.  Algunos antes, otros después. El proteccionismo, la planificación estatal, el industrialismo y el intervencionismo aparecieron como solución a los problemas nuevos. El nacionalismo surgió como un cuerpo doctrinario de notable empuje permeando al conjunto de los partidos políticos. Los viejos partidos se adaptaron a la novedad.

Los radicales antipersonalistas, los conservadores y un sector del socialismo bajo la tutela   de Justo lo hicieron primero. La Democracia Progresista con Lisandro de la Torre, un poco después, se transformó de la noche a la mañana en un partido progre y  antiimperialista.  El grueso de los radicales se actualizó en 1947 con el programa de Avellaneda. Ninguno de sus postulados tenía que ver con el radicalismo histórico, el de Yrigoyen. Las revoluciones radicales de 1890, 93 y 1905 ya no estaban en su imaginario político, la prudencia y la realidad obligaba a olvidarlas. Sus tradiciones se hundían en otras efectividades conducentes. 

La nueva realidad económica la definió con claridad el Ministro de Agricultura del general Agustín P. Justo, Luis Duhau: ¨Ha concluido la etapa histórica de nuestro prodigioso desenvolvimiento bajo el estímulo directo de la economía europea…La argentina podía obtener en el pasado buena parte de las manufacturas que requería ya sea produciéndolas u obteniéndolas en los países extranjeros mediante el canje con sus productos agrarios. A la industria nacional le tocará pues resarcir a la economía argentina de las pérdidas incalculables que provienen de la brusca contracción de su comercio exterior.¨

LA POLITICA

Además de los viejos partidos remozados, uno nuevo  surgió para dar respuesta acabada a las novedosas realidades: el peronismo. En verdad iba en la dirección de los gobiernos argentinos del 30 y de  la política mundial: estado de bienestar, industrialización y anticomunismo. El hecho de surgir de un golpe de estado, en el marco de un nacionalismo vigoroso, con compañeros de ruta fácilmente asimilables al nazismo, hizo de Perón y su candidatura,   en 1946, la representación de la derecha política. En 1946 era claro ese perfil que el peronismo de hoy ha olvidado, como el radicalismo olvidó sus revoluciones. Intelectuales emblemáticos que luego se hicieron peronistas no estuvieron con el Coronel en febrero de 1946, como Arturo Jauretche u Homero Manzi por poner algunos ejemplos.

A Perón lo enfrentaba toda la izquierda argentina, más la progresía cuasi liberal  que siempre existió en la patria. Tan cierto es esta aseveración que en la Unión Democrática no pudieron estar los conservadores por decisión del Partido Comunista. Perón era demasiado claro en sus discursos. Lo interesante de ese momento fue ver como la clase obrera argentina se inclinaba por un candidato de derecha, porque esa derecha, con apoyo militar y de la Iglesia Católica asumía la responsabilidad de la justicia social. Una derecha popular y aunque le moleste a los progres y liberales elitistas, también republicana. O por lo menos lo más republicana posible en el contexto de un mundo plagado de dictaduras y de un gobierno que encaraba una revolución social verdadera.

Es notable el esfuerzo y la indignación de historiadores de izquierda, a excepción de Jorge Abelardo Ramos o Rodolfo Puiggros, que ya estaban  con el peronismo, al  explicar la actitud de la izquierda en esos años. Los conversos suelen exasperarse.  En vez de entender las cosas como fueron: la izquierda y los progresistas por un lado y Perón por otro, cargan las tintas contra la izquierda porque no fueron de izquierda. Todo para redimir al marxismo. Claro cincuenta años después. Un disparate.   

El 4 de junio, el 17 de octubre y el 24 de febrero fueron las fechas claves del peronismo y cada una tiene un sesgo diferente. Discernir sobre ellas aclara serias confusiones modernas.

Al nuevo modelo correspondió una nueva política exterior. La autarquía económica ¿implicaba aislamiento internacional? En el caso del peronismo no. En su discurso del 10 de junio de 1944 en la Universidad de La Plata sobre Defensa Nacional dijo Perón: ¨Así, nuestra diplomacia,  tiene ante sí una constante tarea que realizar con los demás países del mundo en particular con los continentales y dentro de estos con nuestros vecinos¨ Esta visión de la política exterior era coincidente con la de Federico Pinedo  que era partidario de una alianza con Brasil y los Estados Unidos. Exactamente lo que luego intentaría Perón.

Otra formación política novedosa del período fue el Desarrollismo. Un sector del radicalismo, afín al programa de Avellaneda, con Rogelio Frigerio, un hombre que venía de la izquierda. Hasta el final del ciclo, en 1976, el proceso de sustitución de importaciones continuó. 

En cada uno de los ciclos vistos hubo continuidades y cambios. Se apelaba a las tradiciones partidarias pero ya no eran lo mismo. Ni los conservadores, ni los radicales, ni la izquierda pensaban y actuaban como siempre.  Cada ciclo obligaba a remozarse surgiendo actores nuevos como ya lo hemos visto. El peronismo en su ciclo fue novedoso. No guardaba raíces con el pasado algo central en la vida de los partidos políticos que pretenden representar sectores que tienen historia. De modo que Perón buscó raíces en el Ejército y dentro de él a su figura central, Don José de San Martín. Mientras los nacionalistas católicos y no tanto intentaban construir un relato peronista, el perspicaz historiador Jorge Abelardo Ramos al entender la orfandad histórico-cultural  del peronismo escribió Historia Política del Ejército Argentino con la clara intención de situar allí las raíces. 

Finalmente el golpe del 24 de marzo de 1976 cerró el ciclo iniciado en 1930. Ramos  en uno de  sus libros descubre la esencia del golpe, escondida en el Bando Militar, allí  las FF. AA. anoticiaban a la sociedad que no se trataba solo de la caída de un gobierno sino el cierre definitivo de un ciclo histórico y la apertura de uno nuevo. En otro artículo lo veremos.