La Prensa

Adolf Hitler: ¿izquierda o derecha?

Los totalitarismos europeos tienen algo en común: reducen al individuo a la servidumbre. Comunismo (colectivismo homicida), socialismo (colectivismo suicida), fascismo (colectivismo genocida), son ideologías de izquierda. Perón destruyó la Argentina de Alberdi con ideas importadas.

Por Denis Pitté Fletcher

Reiteradamente surge en algunos comentaristas o articulistas la noción de que Hitler era de derecha, mientras que Lenin, Stalin, Castro, etc., son de izquierda. Y reiteradamente ocurre también que esta nomenclatura curialesca enciende batallas retóricas interminables y en general poco útiles, salvo para los partidarios de la izquierda que creen que enviando a Hitler al otro lado de la puerta ya se salvan del embrollo de verse envueltos en el genocidio judío que dispuso el canciller del Tercer Reich.

Por eso entiendo útil -discúlpeseme el engreimiento- de mostrar en una brevísima síntesis cómo surgió el sistema fascista luego implementado por Mussolini en Italia a partir de 1922, y por Hitler en Alemania a partir de 1933.

LA ECLOSION

Todos sabemos que la revolución rusa de 1917 fue la eclosión de las ideas de Marx y de Lenin, es decir, de la ideología comunista donde todo pasaba a ser de todos, de la colectividad, representada por el Estado como la obra cumbre de la razón según el díctum de Hegel y de Rousseau.

También se sabe que el comunismo destruyó en Rusia el sistema productivo, pues al pasar la economía a la dirección y planificación del Estado, ya no había incentivos para trabajar y producir, como ocurre siempre en los socialismos. Y esto ya ha sido probado por la ciencia de varias maneras y contrastándolo con varios experimentos (ejemplos, el profesor que ponía a todos los alumnos la nota promedio derivada de la suma de todas las notas y la división por el número de alumnos; o el caso de los musculosos obreros que debían tirar primero individualmente y luego todos juntos de una soga atada a un vagón, mostrándose que el promedio de las individualidades era muy superior al del colectivo; o también los empíricos ensayos de las dos Alemanias, o las dos Coreas, o los Estados Unidos versus la Unión Soviética).

Fue tan brutal la escasez de producción, que en el sector agrícola cayó en 1920 al 10% de los que fue en 1914, y la producción industrial cayó al 40% en ese breve período. Y hasta las fuerzas leales al régimen de Lenin ya mostraban signos de contrarrevolución, lo cual llevó a Lenin a reinventar el sistema. Y así lo hizo en su famosa NEP (Nueva Economía Política), donde sin lugar a dudas funda lo que sería el fascismo, es decir, control del Estado pero fábricas y producción agrícola en manos del sector privado, garantizando la propiedad de las ganancias. Es decir, estableciendo un capitalismo limitado y controlado por el gobierno, cuyo objetivo era reconstruir la maltrecha producción.

Apenas instauradas las nuevas políticas económicas, cesaron las incautaciones de granos por parte del Estado, salvo la cuota obligatoria del 10% que los productores debían aportar al gobierno (¿casi nada comparado con los impuestos de la Argentina actual no?).

También se liberaron los salarios al convenio entre empresarios y trabajadores, se autorizó el libre comercio interior, se garantizó la propiedad privada de pequeñas y medianas empresas, y el Estado mantuvo bajo su control los transportes, el comercio exterior, y la banca, permitiendo inclusive el ingreso de capitales extranjeros.

La NEP obtuvo como resultado una revitalización de la economía -aunque obviamente no a los niveles del capitalismo liberal-, eliminando el hambre que se había cobrado más de dos millones de vidas humanas, y muchas más de animales.

Pues allí tienen ustedes descripto al sistema fascista, aplicado por Mussolini y por Hitler. Estatismo cum capitalismo, de la mano de los sindicatos de trabajadores como símbolo del sistema corporativista que, dicho sea de paso, Perón importó a la Argentina destruyendo el sistema de Alberdi y de la Constitución de 1953 que nos había catapultado al sexto lugar entre las naciones. Con el sistema fascista hoy estamos cerca del número cincuenta.

En otras palabras, el sistema aplicado por Hitler fue inventado por Lenin para salvar al comunismo, pues Lenin decía en la NEP que los empresarios eran unos ladrones, pero los únicos que sabían hacer las cosas, y que la ambición privada es el verdadero motor de la economía.

ES DE ELLOS

¿Por qué la izquierda afirma que Hitler fue de derecha? Por una sola razón. El mundo se horrorizó del genocidio de seis millones de judíos implementado por Hitler en sus campos de concentración y sus galpones de envenenamiento, mientras que ignoraba -por la propia cerrazón comunicacional de los comunismos- los más de cincuenta millones de muertos del régimen marxista-leninista-stalinista. Y la izquierda, siempre hábil a la hora de pergeñar estrategias comunicacionales y diseñar relatos, optó por calificar a Hitler como de derecha para mostrar que la izquierda no tuvo nada que ver con esas matanzas de judíos en las mazmorras nazis. Pero hasta el propio Hitler denominó a su sistema como nacional-socialismo, de modo que poco queda por discutir.

Comunismo (colectivismo homicida), socialismo (colectivismo suicida), fascismo (colectivismo genocida), son ideologías de izquierda. Y tienen a los mismos inventores. Ideologías donde la propiedad, la producción y el comercio son absolutamente controlados por el Estado, quien interviene también, y sobre todo, en la redistribución de la riqueza (o, más propiamente, de la pobreza).

La derecha queda reservada a los nacionalismos, como el nacionalismo-católico argentino, que destruyó el sistema liberal, y que se fundamenta en un sistema de castas con un Estado todopoderoso que invoca las tradiciones patrias para amalgamar al pueblo y evitar el egoísta individualismo. La única diferencia es que la izquierda somete al individuo en función del pueblo, y el nacionalismo lo hace en función de la nación o de la patria. Pero en ambos sistemas, el individuo humano es un simple engranaje de la maquinaria estatal, y su existencia no tiene más motivo que el de servir al colectivo. Un esclavo del Estado.

En el medio estamos los pobres infelices que defendemos los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad, y la búsqueda propia de la felicidad, y que el Estado tenga esos derechos como límites a su poder, según el diseño de una Constitución republicana.