La Prensa
TEMAS ESPAÑOLES INSPIRARON PIEZAS SHAKESPERIANAS

Tras la pista del influjo quijotesco en la obra del bardo

"Cimbelino" en particular reconoce la influencia de "La historia del curioso impertinente", una de las novelas cortas que componen el libro cumbre de las letras hispanas. El papel del género picaresco y de John Fletcher.

Cervantes y el Quijote "influyeron" en la obra de William Shakespeare. A esa conclusión, debatida durante siglos, llegó un reciente simposio sobre ambos escritores organizado en la Universidad de Oxford.

Veamos algunos ejemplos. Para el profesor de la Universidad de Nottingham, Brean Hammond, el argumento de una de las últimas obras teatrales de Shakespeare, Cimbelino, "podría estar inspirado" en "La historia del curioso impertinente", una de las tantas novelas cortas que integran la primera parte del Quijote.

Hammond observó que Shakespeare se inspiró en las peripecias de los amigos Lotario y Anselmo, que escribió el autor español más universal, a la hora de componer una de las partes de Cimbelino, ("La prueba de la virtud").

A su juicio las similitudes en el tratamiento de ambos textos son más relevantes que las que hay en el propio argumento. "La historia se convierte en reflexiva, consciente y autocrítica y, en parte, Cervantes es el responsable de que esto le pasara a Shakespeare", señaló.

Tras leer la obra maestra del español, el autor de Hamlet y Romeo y Julieta volvió a interesarse por "la cuestión del matrimonio heterosexual contra la amistad homoerótica entre dos hombres" de su libro Los dos nobles parientes.

Para el profesor existen "evidencias" de que Shakespeare supo de Cervantes gracias al dramaturgo inglés John Fletcher, quien le presentó las novelas del español y con quien escribió diversas obras de teatro, entre ellas Cardenio, una pieza perdida que está basada en una de las historias intercaladas en Don Quijote.

Hammond señaló otro elemento característico de la literatura española por el que Shakespeare habría sentido fascinación: la picaresca.

El profesor puso en duda la negativa de otros expertos a que el personaje de Autolycus de Cuento de invierno tuviera algo ver con la picaresca, y se remitió al Lazarillo de Tormes y al Guzmán de Alfarache de Mateo Guzmán como obras picarescas que podrían haber influido en el autor británico.

LAZOS COMUNES

Otra de las participantes en el simposio, la española Clara Calvo, profesora de la Universidad de Murcia, apuntó varios lazos en común que mantienen Shakespeare y Cervantes.

Mencionó "el interés por la honorabilidad, la virtud femenina, el amor y la traición, la apariencia y la realidad, además de estar interesados en temas vigentes de su tiempo como la política, la censura o la libertad de expresión".

Calvo destacó que Shakespeare, al igual que Cervantes, "no es una cosa empolvada" ya que en sus obras habla de problemas actuales. "De él podríamos aprender sobre inmigración porque hay personajes que comparten la situación de los refugiados, como la Viola de Noche de Reyes, cuyo barco naufraga", observó.

Zenón Luis-Martínez, de la Universidad de Huelva, salió de la literatura y abordó con espíritu autocrítico el tema de la diferente intensidad de los homenajes organizados en ambos países para evocar el cuarto centenario de la muerte de sus máximos escritores.

Reconoció al respecto que en el Reino Unido se crean más actos para promover a Shakespeare que en España para ensalzar a Cervantes. "Aquí nos llevan años de ventaja en lo de explotar los propios íconos culturales, pero estamos aprendiendo muy bien", matizó.

Los vínculos entre ambos autores, o al menos el recuerdo de su trayectorias, se exploran también en la Biblioteca Británica de Londres, que hasta el 22 de junio dedica una exposición y varias conferencias que repasan el Quijote y sus versiones gráficas.

El eje está puesto en la muestra Imagining Don Quixote en la galería Sir John Ritblat Treasures, donde se exhiben una selección de cuatro capítulos de la novela examinados a través del tiempo.

Intenta la muestra una interpretación de la obra de Cervantes a través de los dibujos incluidos en estos cuatro capítulos, explicó el curador y ex jefe de la sección hispánica de la British Library, Geoff West.

Entre las ediciones más antiguas que se presentan al público se incluyen la emblemática edición londinense (en español) de 1738, dos ediciones con diseños de Salvador Dalí, y otras dos versiones gráficas contemporáneas contrastadas, entre un total de 22 libros.

Algunas ediciones ilustran los primeros capítulos con Alonso Quijano leyendo en su estudio, hábito que le lleva a embarcarse en su disparatada misión, como en el caso de la novela ilustrada de Rob Davis de la editorial SelfMade Hero, publicada en 2011.

Otras lo muestran en su caballo Rocinante, tras adoptar el nombre de Don Quijote de la Mancha y elegir a Dulcinea como su amada.

Antes del siglo XIX lo más común era mostrar al Quijote aquejado de delirios de grandeza, y sólo a partir de ese siglo se lo empezó a representar en imágenes de locura.

Otro capítulo que forma parte de esta exposición es el de las visiones del protagonista en la venta donde se aloja, que imagina como un castillo con un gobernador, damas y sirvientes.

La conocida escena de los molinos de viento convertidos en gigantes también se compara en las diferentes ediciones, así como el episodio del caballo de madera Clavideño que aparece en la segunda parte del Quijote (1615).

El 12 de abril se organizó en la Biblioteca la conferencia "Lunatics, Lovers and Poets: Stories After Cervantes and Shakespeare", en la que 12 escritores contemporáneos conmemoraron las muertes de los dos grandes autores escribiendo cuentos alusivos tomados de sus obras.

Para el 9 de mayo está prevista una charla sobre la dificultad de traducir el Quijote al inglés.
West, quien es especialista en literatura hispánica, considera que Cervantes "sigue vivo en espíritu" a través de las nuevas ediciones, traducciones e ilustraciones que se publican sobre el Quijote.

"He leído el Quijote dos veces en español y una en inglés y por eso la disfruto", aseguró el curador, quien se lamentó que la sociedad británica no conozca bien esta novela pese a que es la segunda obra más leída después de la Biblia.