La Prensa
EL ESCRITOR ESPAÑOL VISITO BUENOS AIRES PARA PRESENTAR SU NUEVA NOVELA

El romance de José Ovejero

"La invención del amor" (Alfaguara) tiene una temática siempre vigente como la de los celos, la ambición, el deseo y la muerte. El protagonista es Samuel, cuya vida cambia tras un llamado inesperado. El lanzamiento en Montevideo.

El escritor español José Ovejero, de visita en Buenos Aires para presentar "La invención del amor", su último libro, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2013, dice "la historia que de verdad nos importa no es la que nos entretiene, sino la que crea un mundo para devolvernos al propio. Aunque se haya abordado un montón de veces, el amor es un tema que va a seguir estando ahí, como los celos, la ambición, el deseo y la muerte".

Y explica, "pero no me senté pensando en escribir una historia de amor, sino en escribir una historia, la de un tipo al que de madrugada llaman por teléfono y le cuentan la muerte de una mujer. Y él, en lugar de explicarle al interlocutor que no conoce a esa mujer, le sigue la corriente. Ese fue el punto de partida. Suelo trabajar así, no con un tema, sino con una situación que me interesa".

José Ovejero (Madrid, 1958) exploró todos los géneros literarios: publicó el poemario "Biografía del explorador" con el que ganó el premio Ciudad de Irún en 1993; el libro de viajes "China para hipocondríacos", que se hizo con el premio Grandes Viajeros en 1998, y la novela "Las vidas ajenas", depositaria del Primavera 2005. Además, publicó las novelas "Añoranza del héroe", "Huir de Palermo", "Un mal año para Miki" y "Nunca pasa nada".

EMOCIONES OCULTAS

Así como "La comedia salvaje", que obtuvo el Ramón Gómez de la Serna 2010; y los libros de relatos "Cuentos para salvarnos a todos", "Qué raros son los hombres", "Mujeres que viajan solas" y los ensayos "Escritores delincuentes" y "La ética de la crueldad", que se llevó el premio Anagrama de Ensayo en 2012.

"Lo que sucedió fue que al cabo de un tiempo de estar escribiendo, todo se empezó a condensar cada vez más en una historia al principio absurda, y eso me fue permitiendo jugar con la idea del amor como impostura y con el "suspense" de que te descubran. Porque todos ocultamos algo en nuestras relaciones", sostuvo el autor.

Y agregó que "la sensación que buscaba generar era que el lector se sintiese como si Samuel, el protagonista, le estuviera contando la historia a su lado, en el presente, entrelazando la acción y la reflexión".

"Samuel, distante, irónico y descreído, va observando la realidad aunque no se siente parte de ella en muchos aspectos, pero siente curiosidad, y la curiosidad es la que lo va involucrando en la historia, la que lo hace entrar en todas esas situaciones; ahí aparece el suspenso, porque ni Samuel ni el lector saben lo que va a suceder"", mencionó el escritor.

A su entender, "la impostura es una parte de la condición humana; todos en algún punto somos impostores, en mayor o en menor medida, y depende cuánto te lo creas eres un caso clínico o una persona normal. Lo que hace Samuel es llevar esa impostura más lejos".

"Al mismo tiempo -apuntó el autor- está la idea de la invención del otro, que existe tanto en la literatura como en la vida, porque uno siempre se reinventa, cuando se enamora se inventa al otro aunque no lo conozca. Y esa misma idea, en la escritura, curiosamente, en lugar de llevarnos a un lugar absolutamente ficticio, nos devuelve a nosotros mismos".

ALGO DE VERTIGO

Para Ovejero, "es justamente el conflicto el que genera sentido, porque con el conflicto descubres quién eres tú, cuáles son tus deseos, quién es el otro, dónde chocas, en qué puedes ceder, en qué no, y al mismo tiempo incluye una cierta porción de riesgo, por eso, a Samuel, que no está mal en su vida, le falta algo: el conflicto, el riesgo, el vértigo".

"El paso a la primera persona es algo que he utilizado en cuentos pero nunca lo había hecho en novelas -puntualizó-; siempre usé la tercera, pensando que da la distancia justa para narrar, pero aquí no. Escribir así, quieras o no, te lleva a un mayor grado de implicación con el personaje, como si lo tuvieses más cerca. Es un proceso distinto, porque al ser ese yo que va narrando acción y reflexión, se vuelve una novela más intimista".

Según Ovejero, "la historia que de verdad nos importa no es la que nos entretiene, sino la que crea un mundo para devolvernos al propio porque tiene que ver con nuestras emociones, deseos, miedos, etcétera, etcétera".