Habla Miguel Bernard Remón, integrante de la acusación popular
A Baltasar Garzón todo lo que hacía le salía gratis
El fundador del sindicato Manos Limpias, que acusa al juez de prevaricato en la causa del franquismo, lo critica por sectario y ególatra. Denuncia al lobby mediático que lo defiende.
La condena impuesta al juez español Baltasar Garzón por ordenar escuchas ilegales en el caso Gürtel ya frenó en seco su carrera judicial. Pero otra sentencia le espera en estos días, con mayor relevancia, por su presunto prevaricato al investigar los crímenes del franquismo.
De hecho, todo pivoteó siempre sobre este asunto: las movilizaciones, las pancartas, los gritos contra el Tribunal Supremo y, según los simpatizantes del juez, también las tres causas en su contra.
Es el verdadero fondo donde se recorta la figura del magistrado y donde se juega más su futuro profesional. Así lo afirma el abogado español Miguel Bernard Remón, un ex político tachado de ultraderechista y miembro de la acusación popular, en un diálogo telefónico con La Prensa.
- ¿Por qué dijo que Garzón busca enjuiciar una época?
- Garzón ha querido ser el juez universal. No contento con enjuiciar a Pinochet y a los militares argentinos, quiso aumentar su credibilidad internacional, promocionarse al premio Nobel de la Paz y a presidente del Tribunal Penal Internacional e inició el proceso contra el franquismo. Y lo hizo a sabiendas de que no podía, porque hay
una legislación en España (la Ley de Amnistía de 1977) que lo prohíbe. Por eso el delito de prevaricación. Pero fíjese: Garzón archivó en 1999 una querella de la asociación de víctimas de la matanza de Paracuellos contra el entonces diputado comunista Santiago Carrillo.
- ¿Cómo fue eso?
- Paracuellos de Jarama es un pueblo cercano a Madrid. En 1936 se produce allí un genocidio de 9.000 personas durante la Guerra Civil. Matan a mujeres, niños, monjas, sacerdotes. Garzón archivó la querella con el argumento de que la ley de Amnistía impedía revisar la cuestión, que no existía el derecho de genocidio y que el Código Penal establecía la irretroactividad de la ley penal. Sin embargo, años después la Asociación de Memoria
Histórica le presenta una querella similar, esta vez contra el régimen de Franco, y la acepta. Utiliza una doble vara para medir.
- Usted ha tenido palabras duras contra Garzón: lo acusa de ser un ególatra, de tener un carácter sectario y de izquierda.
- Sí, sectario, politizado. El no puede hacer fe pública de una ideología y perseguir desde su juzgado, con dolo y con saña, un régimen cuyos responsables ya han fallecido. El sabía que no podía hacerlo. Pero hasta ahora todo le salía gratis. Hizo lo que le vino en gana. Estaba por encima del bien y del mal. Y al final terminó cometiendo un delito.
APOYOS
- Los simpatizantes de Garzón dicen que fue condenado por la corporación judicial. Eso parece sugerir que Garzón está solo. ¿Es así?
- El tiene su lobby garzoniano. En España está integrado por la izquierda radical, Izquierda Unida, el sindicato Comisiones Obreras, el sindicato UGT y toda una serie de artistas. En realidad son grupos minoritarios. Las concentraciones en su apoyo no convocan más de dos o tres mil personas, cuando en España somos 47 millones. Pero el lobby cuenta con medios de comunicación afines, entre ellos grandes periódicos y cadenas, todas de izquierda, que le dan cobertura y magnifican el respaldo. Están el diario El País (del Grupo Prisa) o
Público (periódico de Cataluña), las emisoras de televisión La Sexta y La Cuatro. Ellos hacer ver que tienen un respaldo nacional mayoritario.
- A juzgar por lo que se lee en el exterior sería más que eso, porque sólo se ven apoyos. The New York Times, la ONU...
- El lobby garzoniano es internacional, claro. Hay dos personajes, los hermanos José Fernando y Antonio Navalón, que se encargan en parte de eso. Uno está en Nueva York y el otro en México. Son muy activos.
- ¿Quiénes son estos hermanos Navalón?
- Son dos hermanos muy influyentes. En España se los conoce como ‘los conseguidores’. Tienen una muy buena relación con el New York Times, con el magnate Carlos Slim (propietario de Telmex, de emisoras en varios países de Latinoamérica y socio de Prisa). Ellos son los que le proporcionaron a Garzón la posibilidad
de dar conferencias en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
- Enfrentado a Garzón sólo parece estar usted, y es presentado como un ultraderechista. ¿Qué responde?
- Es otra gran falacia. Para deslegitimar la acción popular te llaman ultraderechista, fascista. Nunca he sido de extrema derecha. Solo incursioné en política en 1995 en el Frente Nacional, que defendía la Constitución y los valores tradicionales de España, y fracasé en las elecciones al Parlamento Europeo. Al año siguiente abandoné la política y fundé el sindicato Manos Limpias, inspirado en el proceso judicial de Antonio Di Pietro en la Italia de los 90. Se me achaca maliciosamente que participé en 1982 de Fuerza Nueva (partido fundado por Blas Piñar y que era tratado de ultraderecha), cosa que no es verdadera.
PROGRESISMO
- Leí un comentario sobre la necesidad de un recambio ideológico en el Tribunal Supremo español, como el que se forzó aquí en la Argentina.
- Déjeme aclarar algo. El Tribunal Supremo en España ya está compuesto en su mayor parte por jueces progresistas. Son jueces de izquierda. Incluso los que llevan adelante el proceso contra Garzón por la causa del franquismo. Son jueces que odian el régimen de Franco. Y aún así prevaleció la independencia de esos jueces, porque lo procesaron por prevaricador en la causa Gürtel y presumiblemente lo harán también en esta causa.
