La Prensa

María Rosa Lojo íntima

En "Bosque de ojos", la escritora reconocida por su obra narrativa y su labor académica, descubre una faceta desconocida a través de microficciones creadas en una frecuencia distinta al resto de su producción.

Con ilustraciones de Leonor Beuter y publicado por Sudamericana en "Bosque de okos" la realidad reúne cuatro libros, tres de los cuales ya habían sido publicados con anterioridad a este volumen: dos porque ganaron premios ("Forma oculta del mundo" y "Visiones" ) y otro editado por una pequeña editorial y que luego salió en Estados Unidos en una versión bilingüe ("Esperan la mañana verde").

El cuarto, "Historias del cielo", estaba inédito, salvo algunos textos que Jorge Monteleone incluyó en su antología poética del bicentenario.

"Fue un libro de escritura lenta, son textos que no se pueden planificar, requiere de otra metodología de trabajo. Más que deliberadamente creados con una apuesta de la voluntad, son recibidos. Zonas que se iluminan de golpe sin que uno pueda forzar su aparición", apunta la autora de "La pasión de los nómades", y "árbol de familia", entre otras novelas.

Para mí son textos germinales, porque muchos de ellos fueron disparadores de obras narrativas más extensas, me acompañaron a lo largo de mi vida literaria", explica.

LAS VISIONES

Surgieron cuando quisieron, desgrana Lojo, "fruto de visiones que luego se desarrollarían en novelas como "La princesa federal", "Una mujer de fin de siglo" o "Finisterre", contaminadas por estas microficciones".

Aunque María Rosa Lojo acentúa esa continuidad, la existencia de un núcleo que se desarrolla luego en su literatura; de la lectura surge la impresión de algo que se corta, que no puede ser dicho si no es de una manera poética. Incluso que va más allá de las formas.

"Sí, son núcleos muy profundos. Son zonas extremas, abismales, con una gran elaboración existencial. Y otras que irrumpen sin aviso previo", reflexiona.

Inquietante, misterioso, son adjetivos que sugieren estos textos, que no son tranquilizadores, sobre todo "Historias del cielo"; "Los más extraños, fuera de la percepción habitual, alejados de la realidad", coincide la escritora.

PERCIBIR A DIOS

A veces la escritura adquiere un tono de interpelación: "Una manera de interpelarme y de abordar mi percepción de lo que llamamos Dios", desliza Lojo. Esa forma de acercarse chanfleada que aparece en "Historias del Cielo", "tiene que ver -dispara- en que lo racional ha jugado muy poco. Nace en zonas oscuras, de abismo y de visión de algo extraño".

El arte consiste en desautomatizar la percepción decía Vladimir Shklovbski, menciona la escritora, "y así define el mecanismo de la poesía, que es instalarse en otra dimensión, en otro registro de la mirada, en una intemperie. Fuera de los parámetros habituales con los que nos manejamos en la vida".

"No es que el libro hable de cosas que no vemos, porque tiene relación con lo cotidiano. Pero justamente muestra las fisuras, las grietas, los pasajes hacia otras dimensiones no perceptibles. No reducibles a lo utilitario, a lo ordinario. A los otros mundos que están dentro de éste", completa.

LO SIMBOLICO

Lojo considera que "Bosques de ojos" es un libro muy simbólico: "en el sentido de polisemia y de hacer estallar los significados unívocos que tiene el símbolo a través de la imagen, de la enorme fuerza de la imagen que se va cargando de sentidos, incluso contradictorios entre sí, nos está hablando de una realidad, del único modo que esa realidad se puede expresar".

"Tienen la característica de ser a la vez semilla y decantación, germen y concentración de la experiencia -compara-, como una especie de microcosmos de un mundo vital y literario. Toda mi historia como escritora y como persona está condensada ahí".

El más contemporáneo de estos cuatro libros reunidos, "Historias del cielo" "plantea lo que no podemos resolver en este mundo, todas las asignaturas pendientes, las deudas, los cabos sueltos, las fracturas; no las plantea para resolverlas -eso no se puede- pero si para exhibirlas, para mostrar el infinito deseo, para enfrentarse a el enigma, al profundo misterio de nuestra vida".

La escritura es muy paradojal: "es que no se puede pensar esa dimensión sin paradoja. No nos resignamos a morirnos pero tampoco podemos entender cómo sería la vida más allá", afirma la autora.

UNA DESAPARECIDA

En uno de los textos llama la atención una dedicatoria a Leoni Duquet (monja detenida y desaparecida durante la dictadura militar): "Representa una etapa de mi vida porque yo me formé en una escuela que estaba manejada por una congregación de monjas muy comprometidas con el trabajo social. Yo vi ese compromiso asumido de una manera muy genuina por personas como Leoni, que terminaron inmoladas sólo por haber testimoniado el evangelio", cuenta.

Y hay otra imagen muy fuerte, que era una figura de María no representada en sus roles convencionales: "Aparece como una muchacha que sueña con las manos en el regazo -describe- ¿Por qué me atraía tanto cuando era chica? Estaba transportada hacia otro lado fuera de las dimensiones de servicio y utilitarias que ocupamos las mujeres en el mundo cotidiano".

"Una frase en ese texto ("Secretaría de la escuela en la capilla de Mater admirabilis") habla de los que pactamos con pequeños demonios para seguir viviendo de este lado donde cualquier imagen se deshace. Esa es nuestra vida", remata.