La Prensa

Parto respetado

Que dar a luz y nacer no resulten experiencias traumáticas es una meta a la que apunta el mundo en pos del bienestar de la mujer y el recién nacido. Para lograrlo, aseguran que es necesario introducir importantes cambios en las prácticas que se han instalado en la sociedad durante años y otras que surgieron en los últimos tiempos. Expertos locales analizan cuáles son los obstáculos que atentan contra el respeto al parto en el país.

La vida debe respetarse desde el comienzo. Y aunque en el último tiempo se han aprobado leyes tendientes a garantizar ese derecho, la realidad muestra que en los primordiales procesos de alumbramiento y nacimiento el respeto no es una constante.

La falta de participación de la mujer en las decisiones que se toman al momento de dar a luz, la medicalización de los partos y la escasez de evidencia científica que avale las prácticas que se implementan sistemáticamente cada vez que a una embarazada le llega la hora de parir, son algunas de las "irregularidades" de las cuales suelen ser víctimas tanto la madre como el recién nacido.

Con el objetivo de revertir esta situación es que desde 2004 se desarrolla la "Semana Mundial del Parto Respetado", que este año tuvo como lema: "Parir y nacer, del trauma al placer".

En la Argentina, la celebración estuvo encabezada por una conferencia que se llevó a cabo en el salón San Martín del Palacio de la Legislatura, organizada por el Centro de la Mujer "Cuestión de Género... mucha tela para cortar" de la Fundación Misión y Servicio.

Luego de haber participado en el encuentro, el doctor Fernando Althabe, médico obstetra y epidemiólogo, director del departamento de Investigación en Salud de la Madre y el Niño del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS) de Buenos Aires, dialogó con La Prensa sobre los principales problemas que hoy opacan el momento del parto.

- ¿Qué condiciones tienen que cumplirse para que una mujer pueda gozar de un parto respetado?

- Los principios centrales para poder avanzar en lo que es el parto respetado son: que las formas de cuidado que se recomienden o usen rutinariamente en la atención de los partos normales estén basadas en evidencia científica rigurosa, es decir, proveniente de buenas investigaciones, que hayan demostrado que estas prácticas son beneficiosas y no perjudiciales o que son más beneficiosas que perjudiciales. En ese sentido, aquellas prácticas que están claramente demostradas como beneficiosas tienen que ser rutinariamente aplicadas y tienen que estar legisladas o normatizadas de alguna manera para que toda mujer la pueda recibir.

El segundo principio es que la atención del parto esté basada en el respeto hacia las mujeres, en la participación de ellas en las decisiones y en la equidad.

- ¿Cuáles son las prácticas aceptadas en la actualidad desde el punto de vista científico?

- Son pocas. La mayoría de las prácticas que se utilizan rutinariamente al momento del parto no tienen mayor evidencia científica por detrás. En cambio, deberían promocionarse las que sí cuentan con respaldo científico: una de ellas es que la mujer esté acompañada tanto durante el parto como durante el trabajo de parto, al menos por una persona de su elección en la cual tenga confianza para recibir apoyo emocional y, si es posible, que también esté acompañada por alguien que le dé apoyo técnico para manejar mejor el trabajo de parto.

El apoyo y acompañamiento, deben ser continuos. No es una cuestión intermitente, de un momento y que luego la mujer quede sola como es lo habitual. Está ampliamente demostrado que el acompañamiento genera innumerables beneficios para las mujeres, sin ningún perjuicio: se sienten mejor, toleran mejor el dolor, tienen trabajos de parto más cortos, tienen mayor frecuencia de partos vaginales, están más satisfechas consigo mismas y con el parto una vez terminado.

Esto está legislado; en la ley 25.929 de 2004 está incluido un artículo que dice que las mujeres tienen derecho a estar acompañadas. Además, esto tiene que ver con los otros dos principios que mencioné: el respeto y la equidad. Con la equidad, sobre todo porque las mujeres no están acompañadas como deberían en los hospitales públicos pero en los hospitales privados sí.

EL FACTOR SOCIAL

- De modo que la problemática en torno al respeto por el parto varía según se trate de un centro de atención privada o un hospital público.

- Algunas de las prácticas que mencionamos lamentablemente no se usan en los hospitales públicos todavía. Sin dudas, la opinión de las mujeres y el respeto por la privacidad o dignidad en cómo tiene que parir es menos tenida en cuenta que en otros sectores, pero ninguno de estos son problemas insalvables. Que las mujeres estén acompañadas en el trabajo de parto, que haya un respeto en la forma en que uno se dirige a las mujeres, se las trata, se las examina y se maneja su trabajo de parto a nivel de los hospitales públicos es perfectamente posible.

- ¿Y cuáles son los obstáculos dentro del ámbito de atención privada?

- En el nivel privado hay un exceso de medicalización. Hay respeto porque las mujeres estén acompañadas, estén cómodas, se las trata bien y dignamente. Pero a la hora de juzgar las intervenciones o las prácticas que se usan en los partos, hay un exceso de cesáreas selectivas sin ningún tipo de justificación médica ni porque son pedidas por la mujer. Además, hay un exceso de utilización de tecnología no demostrada como beneficiosa y un exceso de personalización de la atención que sólo lleva a que en lugar de haber equipos de múltiples obstetras o parteras que manejen los trabajos de parto, tiendan a aumentar las terminaciones artificiales o por cesárea de los partos.

- ¿Es decir que el aumento de cesáreas está en parte vinculado con el esquema de los sistemas de atención?

- A nivel privado se ve la necesidad de personalizar la atención, lo cual hace que las decisiones y la carga del trabajo estén concentradas en una sola persona: el obstetra. Y muchas veces poder manejar esas presiones hacen que se termine eligiendo una forma de terminación como una cesárea programada, que se percibe como "menos riesgosa" para las mujeres y para los profesionales.

Esto tiene que ver también con una presión legal, por la cantidad de juicios a los cuales se ven sometidos los obstetras a nivel individual y esto en cambio tiende a diluirse cuando la atención es en equipo.

En cambio, en los hospitales públicos, donde hay una atención menos centralizada en una persona, ya que es el equipo de una guardia el que atiende, hay menos presión para que se tomen conductas defensivas, como operar a las mujeres frente a la mínima duda.

Por otra parte, existe una falta de comunicación entre las mujeres y los profesionales, lo cual lleva a una menor participación de la mujer en las decisiones.

- ¿La posibilidad de participación en las decisiones está empezando a concretarse?

- Se está fomentando más, pero a mi modo de ver se está fomentando en un solo sentido, es decir, se respeta cuando la mujer elige una cesárea pero muchas veces no se respeta cuando la mujer elige tener un parto vaginal, porque la tasa de cesáreas -esencialmente en el nivel privado- supera el 50%.

- ¿Cómo se puede revertir esta situación?

- No está para nada claro cómo reducir el aumento de las cesáreas. Nosotros hicimos esta investigación como una intervención para tratar de bajar las tasas de este tipo de procedimiento -mediante una segunda opinión pedida a otro profesional en el momento de indicar una cesárea-, pero no lo pudimos lograr, no fue efectiva. En mi opinión -y haría falta demostrarlo- esto implica un cambio mucho más profundo que tiene que ver con la modalidad de atención de los partos. Es decir, las atenciones grupales están mucho más asociadas a una menor incidencia de cesáreas.

CONTRA EL DOLOR

- ¿Qué tipo de métodos de control del dolor durante el parto son aceptados?

- A la mujer se le debe ofrecer algún modo de calmar el dolor si lo requiere y hay muchos: desde un apoyo emocional y técnico, algunas prácticas no farmacológicas que tienen que ver con posiciones, con una guía y un apoyo, hasta métodos farmacológicos mediante algunas drogas y la anestesia epidural. Todos aquellos métodos que calman el dolor y no le producen a la mujer más perjuicios que beneficios, son bien aceptados.

- ¿La utilización de oxitocina es obligatoria?

- No, hay un uso excesivo de la conducción farmacológica del trabajo de parto con esta droga llamada oxitocina. Las mujeres no tienen por qué tener rutinariamente una conducción del trabajo de parto utilizando oxitocina. Esto se utiliza para acelerar el proceso y hay ciertas indicaciones claras, que es cuando los partos progresan lentamente. Sin embargo, la verdad es que en este momento aproximadamente el 50% de los trabajos de parto en los hospitales tanto públicos como privados, están recibiendo una conducción con oxitocina, que sin dudas es mucho más frecuente que lo indicado.

- ¿Esto puede generar cierto malestar "extra"?

- El malestar extra es que para esto hace falta colocarle a la mujer una guía de suero, lo cual le impide movilizarse fácilmente, está como ligada a la guía de suero y en general más confinada a una cama o a una silla. Por otro lado, existe el riesgo de que esa droga -cuando pasa en cantidades excesivas- produzca problemas, tales como aumentar la cantidad de contracciones y que el bebé no tolere bien el trabajo de parto.

Por lo tanto la decisión debe ser del médico o la partera desde el criterio de la necesidad, para aquellos trabajos de parto que son prolongados, es decir que no evolucionan dentro de los tiempos establecidos como normales.

- ¿Seguir estas pautas permitirá a su vez bajar costos?

- Totalmente, no hay ninguna duda que aplicar estas prácticas beneficiosas y evitar algunas que se hacen de más, como ser las conducciones del trabajo de parto sin motivo suficiente y las episiotomías sistemáticas, van a tender a mejorar la calidad de atención y los resultados maternos y prenatales.