La Prensa
Como la mafia siciliana, "La Familia Michoacana" busca legitimarse con la beneficencia

Un cartel "narcoevangelista" siembra el terror en México

Pandilleros y asesinos de día, los miembros de la banda deben seguir un estricto código moral cuando vuelven a sus casas. Se dice que obedecen a una biblia escrita por su líder, Nazario Moreno, apodado "El Loco".

POR SARA MILLER LLANA
DESDE APATZINGAN, MEXICO

Reparte Biblias a los pobres al pie de los cerros del estado de Michoacán, prohíbe el consumo de drogas, construye escuelas y cloacas y se declara protector de mujeres y niños. Pero no es un grupo religioso: es La Familia Michoacana, la más reciente de las bandas de narcotraficantes mexicanos que ahora reina sobre el comercio de metanfetaminas del país. Lo que empezó como un grupo de autodeclarados vigilantes que hacían "la obra de Dios", es ahora el grupo delictivo más violento de la nación.

Su influencia excede la franja conocida como la tierra caliente. El mes pasado en la más grande acción coordinada contra una organización de narcos mexicanos al norte de la frontera, Estados Unidos apresó a 303 supuestos miembros de La Familia en 38 ciudades. Fue la culminación del Proyecto Coronado, que detuvo a 1.100 sospechosos en 44 meses.

La semana pasada funcionarios federales norteamericanos anunciaron que 15 integrantes del grupo fueron procesados por distribuir cocaína en la zona de Chicago. La policía se incautó de casi 1.000 kilos de cocaína y 8 millones de dólares en efectivo. Los procesos son parte de las acciones para reprimir las actividades del cártel en Estados Unidos.

MACABRA FASCINACION

El rápido ascenso de La Familia -una rara mezcla de narcoevangelismo- es una fuente de fascinación macabra para la prensa mexicana. Pero sus hazañas también son ejemplo de cómo una banda de narcotraficantes intenta corromper las instituciones del estado y de qué manera México, con la ayuda de Estados Unidos, procura vencer su brutalidad, su influencia y sus profundos bolsillos.

"Infiltraron el estado... convertidos en Robin Hoods en algunas comunidades... Para otros incitan al terror", dice Germán Tena, presidente del Partido Acción Nacional (PAN), la agrupación conservadora del presidente mexicano Felipe Calderón.

Tena apoya la campaña militar nacional que lanzó Calderón en diciembre de 2006 para arrancar de raíz la delincuencia organizada, y afirma que detenciones como las de Estados Unidos son esenciales para el triunfo, a pesar de que a corto plazo intensificaron la violencia.

La Familia "reacciona al combate contra ellos...El problema es más grave de lo que pensábamos, pero estamos avanzando", señala Tena.

En su origen La Familia surgió con el propósito declarado de proteger a los pobladores de los vicios del narcotráfico y el riesgo de secuestros. Pero pronto se labró un nicho más lucrativo en un estado en el que los narcotraficantes hace tiempo cultivaban marihuana y donde la costa del Pacífico les ofrece muchos puntos de embarque para las drogas ilícitas que van a Estados Unidos. El Departamento Estadounidense Antinarcóticos (DEA) afirma que en 2002 y 2003 La Familia empezó a elaborar metanfetaminas.

BRUTALES CON VALORES

No son el cártel más poderoso de México pero posiblemente sean el más brutal. El grupo se hizo famoso en septiembre de 2006 cuando arrojó cinco cabezas de humanos en una pista de baile en Uruapan con un mensaje que decía: "La Familia no mata por dinero, sólo mata a los que merecen morir".

Pandilleros de día, los miembros de La Familia deben seguir un estricto código moral cuando vuelven a sus casas. Se dice que obedecen a una biblia escrita por su líder, Nazario Moreno, apodado El Loco. Suelen reclutar jóvenes en los centros de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, y los ayudan a vencer las adicciones y convertirse en "buenos hombres de familia".

Muchos se creyeron el mensaje en este estado, uno de los más pobres de México. Como la mafia italiana, La Familia busca legitimarse con la beneficencia. Dan dinero a los campesinos pobres que se les unen, colocan semáforos y construyen escuelas. "Se convirtieron de delincuentes en un fenómeno social", dice Antonio Ramos Tafolla, periodista de la zona.

Tienen tanto apoyo que a menudo son los pobladores locales los que alertan a La Familia sobre la llegada de un convoy militar.

Al mismo tiempo, las denuncias de violaciones estatales de los derechos humanos pasaron de unas pocas por año a 70 el año pasado y 118 hasta la fecha. Una tarde Mario Mendoza Reyes estaba en misa con su esposa y su hijo de 2 años cuando la policía federal irrumpió en la iglesia buscando a un líder de La Familia. Se llevaron a todos los hombres, incluido Mendoza Reyes, y los transportaron a una cárcel en Ciudad de México. "Antes las cosas estaban mejor", se lamenta.

Así como la estrategia de Calderón hizo que los narcotraficantes se dividieran y pelearan entre sí por el mercado -al costo de unas 15.000 muertes desde que llegó al poder-, la presión sobre La Familia empujó al grupo al secuestro y la extorsión.

José Infante, propietario de un hotel y presidente de la asociación de hoteles de Apatzigan, dice que a muchos colegas les piden pagos mensuales por "protección", y La Familia les advirtió que no permitan que los policías se alojen en sus hoteles. "Estamos entre la espada y la pared", protesta Infante.

LOS LIMITES DE LA FUERZA

Ya sea por temor o simpatía, la cobertura que dan a La Familia las comunidades locales complica la tarea de erradicarla. Michoacán, que es donde nació Calderón, fue el primer lugar al que mandó tropas para luchar contra los narcotraficantes. Desde entonces, el gobierno fue tras los políticos de Michoacán que estaban en connivencia con los traficantes e hizo varios arrestos, algo que le ganó muchos partidarios. En septiembre una granada explotó en Morelia cuando los mexicanos celebraban el Día de la Independencia y causó ocho muertos. El gobierno culpó en principio a La Familia.

"A partir de eso, hubo mucha más vigilancia -dice Augusto Campos, sentado en el banco de una plaza-. Las autoridades tienen la obligación de recuperar el control".

Aunque la mayoría de los mexicanos coincida con ese objetivo, para algunos Michoacán muestra lo monótona que es la estrategia del gobierno. "Michoacán representa la zona militar más importante del país, pero las extorsiones, los miedos de los ciudadanos y las denuncias por derechos humanos indican que hay límites a la estrategia militar", dice Pedro Isnardo de la Cruz, experto en seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de Méxica.

Empero, no hay indicios de que la estrategia de Calderón vaya a cambiar. Por lo pronto recibirá un espaldarazo con el paquete de ayuda estadounidense por 1.400 millones de dólares. Esa ayuda acompaña un cambio de mentalidad en ambos países: Estados Unidos reconoce que sus armas y la demanda de droga agravan el problema; México, por tradición desconfiado de su vecino del norte, es más abierto a recibir asesoramiento y entrenamiento, explican funcionarios de ambos estados.

Autoridades mexicanas y estadounidenses opinan que los allanamientos de octubre "asestaron un golpe significativo" a La Familia. En total, las fuerzas de la ley se incautaron de unos 30 millones de dólares, unos 4.000 kilos de metanfetaminas y casi dos toneladas y media de cocaína.

Pero Tena aclara que el ataque frontal por sí solo no resolverá el problema. El gobierno debe enfrentar también la cobertura política que tienen los grupos delictivos. En tanto, no se atiende la raíz del apoyo a La Familia, que es la pobreza en Michoacán. "Podremos arrestar a alguno pero siempre habrá otro que ocupe su lugar", advierte Tena.