La Prensa
EL BALLET DE BIARRITZ SE PRESENTO EN LA TEMPORADA DEL MOZARTEUM

Memorable belleza coreográfica

Ficha técnica:
"Le sang des étoiles", por el Ballet de Biarritz. Director artístico: Thierry Malandain. Coreografía: Thierry Malandain. Música: Johann Strauss, Gustav Mahler, Emil Waldteufel y León Minkus. Decorado y vestuario: Jorge Gallardo. Dirección de la producción e iluminación: Jean-Claude Asquié. Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125).

Basándose en el mito de la ninfa Calisto, convertida en osa por la diosa Hera para vengar sus amores con Zeus, Thierry Malandain creó "Le sang des étoiles", una obra de bellas imágenes e inspiradora música.

Malandain relaciona el mito con el incesante recorrido de la constelación de la Osa Mayor y define su obra como "un baile cósmico realizado en honor a la naturaleza".

Queda claro su propósito y el mensaje ecologista que subyace en él, en especial en el final, donde todos los bailarines de la compañía se despojan de los trajes de osos, que nos interpelan con dulzura desde su amontonamiento en el piso.

"Le sang des étoiles" comienza con una marcial danza donde se presentan los dieciséis integrantes de la compañía. Son dieciséis potentes bailarines provenientes de Venezuela, Japón, Portugal, Bélgica, Italia, España y por supuesto Francia, con una evidente formación clásica, pero con físicos dispares, de marcada musculatura, contextura robusta y estaturas disímiles, tanto en hombres como en mujeres. Exigidos por la perfecta musicalidad de la coreografía de Malandain, todos se desenvuelven con entrega y compromiso, dentro de un estricto lenguaje contemporáneo.

NOCHE ILUMINADA

"La constelación ilumina la noche de sangre celeste" es el original título del último número del ballet. Parodiando la entrada del cuerpo de baile del Acto de las Sombras de "La bayadera", creemos que Marius Petipa no se sentiría ofendido al ver la inusual delicadeza con que los dieciséis osos invaden lentamente el escenario.

Antes, habrá sido el turno de siete de las más bellas canciones de Mahler, acompañando un hilo argumental apenas esbozado, donde Malandain hace uso de eficaces geometrías y dinámicas. La interpolación de partituras de muy contrastante factura (polcas y valses de Strauss, España de Waldteufel) obra sin embargo como apropiada amalgama para la totalidad de la obra.

El vistoso vestuario de Jorge Gallardo y la iluminación de Jean-Claude Asquié coadyuvan para lograr los climas propuestos por el coreógrafo, en un espectáculo que, sin deslumbrar, proporciona belleza coreográfica y visual. Nada menos.

Patricia Casañas