La Prensa
ENTREVISTA A LA ACTRIZ QUE TERMINA DE CUMPLIR NOVENTA AÑOS Y FUE REITERADAMENTE HOMENAJEADA

Elena Lucena aún sueña con trabajar

La creadora de Chimbela, personaje que dió a conocer a fines de los 30, se inició cantando tangos. Admiraba a Mercedes Simone y se la comparó con Libertad Lamarque. Hoy habla con la misma naturalidad de Eva Perón que de Adrián Suar.

Al abrir sonriente la puerta de su casa del barrio de Colegiales, Elena Lucena saluda al cronista y fotógrafo con un... "esta casa es chica pero este es mi hogar", dice. Es la actriz que el 25 de septiembre cumplió noventa años. En su pequeño y cálido living, pueden verse varias de las plaquetas y premios que le otorgaron -la Asociación de Actores, la Secretaría de Cultura de la Nación, el Gobierno de la Ciudad, el teatro Cervantes, en el que pocos días atrás se le hizo un homenaje-, a su trayectoria, por sus protagónicos en películas como "La Rubia Mireya (1948), o su popular personaje de Chimbela (creado a fines de los años 30), que le dio fama y la hizo conocida a través de la radio, el cine y el teatro, en el que, entre otras obras, hizo "Hello, Dolly!", "La pérgola de las flores" y más recientemente "Hoy ensayo hoy" y "Minas fieles de gran corazón", dirigida por Susana Rinaldi. Acompañada de su única hija, Hebe, de la que tiene un nieto -Juan Francisco-, a Elena Lucena se la ve con su sonrisa de siempre y una actirud que despierta simpatía. Espera al cronista y fotógrafo con sandwiches y masitas, y ofrece té y café para acompañar la charla, mientras en una de las pequeñas mesas al costado de un sillón las fotos de Juan Domingo Perón (lo visitó en la década del 70, en su casa de Puerta de Hierro, en España) y Evita ("a ella le debemos los lunes de descanso para los actores y el voto femenino"), a la que admiraba, parecen presidir la vida cotidiana de la señora que dice estar dispuesta a "hacer una comedia, con situaciones equívocas, para que la gente se ría sanamente..." O aclara que "si a alguien se le ocurriera rescatar a Chimbela para hacer un micro en radio, ella bien podría jugar a ser periodista u otros personajes, porque siempre tuvo un corazón muy puro y decía verdades, con las que la gente lloraba o reía", subraya. "ADIOS, BUEN MOZO" Entre lo último que Elena Lucena hizo en televisión está "099 Central", la teleserie de Pol-ka. "Fíjese que eso surgió porque un día mientras tomaba mate acá en la ventana, lo veo pasar a Adrián (Suar) y le grité "adiós, buen mozo". El, que venía de filmar con Leticia Brédice, que vivía acá frente a mi casa, se acercó, me saludó, lo hice pasar y me preguntó "¿por qué nunca trabajaste conmigo?". Porque no me llamaste, le contesté. "Bueno en lo próximo que haga te voy a dar un papel". Así surgió que hice el personaje de la madre de Emilio Disi, en ese programa", recuerda con alegría. Elena Lucena no vive del pasado. Lo demuestran con su vitalidad al moverse, en sus silencios al hablar, en sus movimientos de manos, en su humor al preguntar "falta mucho para terminar la entrevista". Al hacer un recorrido -será amplio- por su vida, dice "tenía dieciséis años cuando comencé. Por el contacto con un canillita amigo mío que conocía a los guitarristas de Libertad Lamarque, me presenté a Radio Belgrano, para que me escucharán. Y cuando me dijeron que servía, respiré aliviada", evoca. Poco después menciona al único hombre, Julio Bianquet, que hubo en su vida, con el que se casó y tuvo a su hija Hebe, que le juega de "apuntadora" cuando Elena olvida algún nombre. En un álbum con fotos y recortes de distintas épocas que le acerca Hebe y le regaló Hernán Aguilar, presidente de la Obra Social de la Asociación de Actores, se ve a Elena Lucena como una mujer impactante, su look en las décadas del 40, 50, con faldas amplias hasta la rodilla, cintura muy fina, con su cabello rubio y su amplia sonrisa al mejor estilo de Hollywood. CON VARIOS OFICIOS "El oficio de actriz lo aprendí gastando varios pares y pares de zapatos en el escenario. Cuando comencé dicen que tenía una voz melodiosa, era una "cantorcita" de tangos. Mi primera película fue "La que no perdonó" en 1938, dirigida por José Agustín "El Negro" Ferreyra, que un año antes había hecho "Besos brujos", con Libertad Lamarque" "Mi madre nunca quiso que me dedicara a esta profesión, porque decía que era de prostitutas, aunque d