La Prensa

Sobrevivir al horror

Un libro compila doce testimonios de exiliados en Italia durante la dictadura. Estas historias habían sido grabadas para la televisión italiana, para un proyecto que no prosperó. Ahora Delia Ana Fanego las unió en "Quebrantos". La obra cuenta con prólogo de Juan Gelman.

En el prólogo del libro "Quebrantos", el poeta Juan Gelman habla de "una memoria recién salida del infierno" al referirse a los doce testimonios de exiliados en Italia durante la dictadura militar compilados por Delia Ana Fanego, que permanecieron olvidados hasta ahora.

Las historias fueron grabadas entre 1978 y 1979 para la televisión italiana, un proyecto que quedó trunco. En muchos casos, sin el nombre real de los entrevistados, que temían por su seguridad.

"Creo que el gran valor del libro es no haber sido mediado por la memoria. Por eso es tan fresco, los testimonios los grabé y ahí quedaron. Cuando recuperé el material algunos se encontraron con recuerdos ya perdidos, con historias que habían sepultado o se siguen abriendo hasta hoy. La memoria puede ser engañosa o una trampa", afirmó Fanego, en diálogo telefónico desde Roma.

DURA EXPERIENCIA

En la presentación del libro la compiladora define que "en los relatos prevalece el lenguaje áspero de quienes sobrevivieron al horror" y que continuaron desde el exilio su resistencia a la dictadura.

El poeta, en su prólogo, resignifica esa experiencia que quedó suspendida en el tiempo y señala "hasta qué punto los fusilamientos de Trelew, la Triple A (...) y la violencia imperante que impedía pensar con claridad, empujaron a la opción armada a jóvenes que a los veintitantos de edad nunca habían podido votar y sentían el padecimiento ajeno como propio".

Protagonizaron -señala Gelman- "una lección de ética y de moral cívica que las actuales polémicas al uso quieren envilecer; es que ellos son testigos insoportables para los que dejaron de soñar con una vida mejor para todos".

El libro, publicado por Fabro, incluye los relatos de Adelaida Gigli, Albertina Paz, Andrés Imperioso, Franco Castiglioni, Juana Bettanín, Lucía Torres, Teresa Cofferri, Walter Calamita y Wanda Fragale, además de tres testimonios identificados bajo los nombres de Daniel, Hugo y Jaime, algunos de ellos ya fallecidos, a quienes está dedicado el texto.

-¿Qué hacía en Italia en ese momento?

-No estaba exiliada, llegué a Italia en el 75 porque me casé con un italiano. Cuando comenzó el accionar de la triple A y la represión con cuatro argentinos que estábamos acá, en Roma, nos organizamos y fundamos un comité de denuncia. Escribíamos para los diarios con el objetivo de que se conociera la situación a nivel internacional. Antes del golpe, llegó Juan Gelman con Lili Mazaferro. Ella vino por la organización de los derechos del hombre y se puso a trabajar con nosotros; el comité comenzó a crecer enormemente y fue el referente para el exilio, sobre todo en Roma. Después hubo algunos comités más pequeños en Milán, Turín y en otras ciudades.

-¿Cómo surgieron los testimonios?

-Un día estaba muy shockeada porque me enteré que habían "levantado" de una manera terrible a Alberto Camps, uno de los sobrevivientes de Trelew, él vino a Italia y después volvió a la Argentina y a los dos años me enteré que había caído. Yo lo comenté en una cena, al poco tiempo me llamaron para hacer una película sobre el exilio argentino y me pidieron que grabara historias de vida, algo que hice con Julia Constela. Con el tiempo elegí algunas de esas historias y luego de muchas negativas de distintas editoriales tuve un encuentro con Fabián D" Antonio, de Ediciones Fabro. Cuando llegué a Buenos Aires en noviembre del año pasado me encontré que estaban las pruebas del libro y en diciembre lo presentamos en el Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex Esma.

EL APORTE DE GELMAN

-La intervención del consulado italiano para que muchos detenidos pudieran exiliarse se evidencia a lo largo de todas las historias...

-Sí, la actitud del consulado fue increíble, a muchos les salvaron la vida como hizo el vicecónsul Enrico Calamar, que es muy conocido. Hugo menciona también a un cónsul de Rosario que lo alojó en su casa y le pagó el pasaje a Río de Janeiro. Hay más personas que hablan de este diplomático y no pudimos saber como se llamaba.

-Otra de las cosas interesantes es que las historias abarcan toda la sociedad argentina...

-Sí, desde la clase alta como el caso de Albertina Paz hasta personas de extracción muy humilde como Lucía Torres. Los primeros años del exilio fueron muy duros para todos. El exilio borró las barreras sociales. Lucía nació en Metan, en la provincia de Salta, y cuando llegó a Roma nunca había estado en una ciudad. Se sienta en el aeropuerto y dice: "Que hermoso, hay sol y soy libre". Ella toma conciencia de sus derechos en la cárcel, allí comienza a formarse en contacto con otras compañeras. Cuando presentamos el libro el director del Centro Haroldo Conti, Eduardo Jozami, relató que al leerlo se impresionó porque le traía recuerdos de gente conocida. El estuvo preso en algún momento con Eduardo Anguita, a quien le llegaban las cartas de su mujer Wanda Fragale y las compartía con sus compañeros, porque -decía- era como un soplo de libertad.

-¿Cómo lo convenció a Gelman para que le escribiera el prólogo?.

Juan es un luchador. El me dio mucho aliento para el libro, le llevé las historias a México y me contó que no hacía más prólogos. "Pero a vos te lo voy a escribir", me dijo. El no baja las banderas.