La Prensa
VIVIR EN ARMONIA

Psiquismo adulto y mentalidad infantil

El equilibrio es, de por sí, una situación altamente inestable; pero donde prevalecen la razón y la lógica, en lugar de la simple emotividad, siempre se termina haciendo lo que corresponde y el grupo avanza adecuadamente rumbo a la armonía.

POR ANTONIO LAS HERAS Existen dos tipos de psiquismos: el adulto y el infantil. Esto nada tiene que ver con la edad cronológica. Hay adultos de quince años de edad y mentes infantiles que ya pasaron los sesenta años. El psiquismo infantil está atrapado por el pensamiento mágico: presupone que siempre hay soluciones fáciles que están a cargo de otros que se hallan dotados de algún poder especial. Siempre espera que alguien o algo superior llegue para salvarlo y resolverle los problemas, dándoles fácil solución a los asuntos que lo angustian. Anhela que sean otros quienes actúen en su beneficio, tal como hacen los padres con sus hijos. El psiquismo adulto, en cambio, lo posee quien comprendió que es uno mismo quien debe encontrar respuestas, asumir riesgos, ejercer protagonismos. Ser responsable es precisamente eso: tener respuestas. Cuando quienes integran una comunidad son personas mayoritariamente de psiquismo adulto, las cosas suelen marchar en discreto equilibrio. El equilibrio es, de por sí, una situación altamente inestable; pero donde prevalecen la razón y la lógica, en lugar de la simple emotividad, siempre se termina haciendo lo que corresponde y el grupo avanza adecuadamente rumbo a la armonía. En cambio, el psiquismo infantil es altamente sensible a "etiquetas" emocionales, a eslóganes vacíos de contenido pero que calan profundo en el ámbito afectivo. Mas, a poco que alguien examine estas afirmaciones con juicio crítico, encontrará que son frases que sólo apelan a deseos y esperanzas de los demás, pero que nada refieren sobre cómo habrán de cumplirse. Un ejemplo actual. En los últimos años se ha puesto de moda el eslogan "¡Que se vayan todos!" Dicho así, ¿qué significa realmente? Pues nada aclara sobre quienes ocuparán los sitios dejados vacantes. ¿Por qué la frase no se completa con: "porque vamos a ocuparlos nosotros"? Esto implicaría que quienes se quejan están dispuestos a ocupar un rol activo, de participación responsable. Pero no es así. ¿Qué va a pasar con lo que será dejado vacío? ¿Y quién lo resuelve, entonces? El psiquismo adulto no apelaría a frase alguna. Directamente trabajaría -como hay quienes lo están haciendo- para producir los desplazamientos y ocupar los cargos. En el psiquismo adulto hay planificación, un camino que se está dispuesto a transitar. No se espera que otro lo haga para mi beneficio; se busca ser el protagonista del cambio. Lo que requiere admitir que serán necesarios dedicación, esfuerzo y -sin dudas- algunos sinsabores. Estar dispuesto a pagarle ese precio a la vida para alcanzar una mejor calidad de existencia. El psiquismo infantil, en cambio (remedo de aquellos tiempos de la infancia), espera algo de cumplimiento imposible: obtener beneficios sin asumir riesgos, ni pagar costos, ni hacer esfuerzo alguno. La búsqueda de lo fácil y de los atajos es la programación psíquica usual en tales personas. Lo cual es sumamente riesgoso puesto que las conduce a sentirse atraídas por personalidades autoritarias. Creen ver en ellas a quienes, sin dificultades y de inmediato, pueden establecer cambios duraderos, de donde vendrán beneficios convenientes sin esfuerzos ni riesgos de su parte. La importancia del psiquismo adulto ya fue objeto de análisis de Sidharta Gautama (Buda), quien -medio milenio antes de Jesús- lo denominó "conciencia plena". "No hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios porque ellos los han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva (esto es una "inspiración espiritual"); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y concie