La Prensa
"CLEANSED" DE SARAH KANE EN UNA CURIOSA PUESTA EN ESCENA DE STOLKINER

Una travesía hacia el dolor

Ficha técnica: "Cleansed" de Sarah Kane. Dirección: Mariano Stolkiner. Adaptación: Mónica Koller y Mariano Stolkiner. Vestuario: Lorena Celeznoff. Iluminación: Julio López. Música: Juan Bernabé. Actores: Carlos Eduardo Spindola, Hernán Catvin, Sebastián Pajoni, Gustavo Antieco, Rodrigo Mujico, María Milessi, Pedro Riva y Ana Livingston. El gato viejo-Atelier de Carlos Regazzoni (Avenida del Libertdaor 405), martes, a las 21 y sábados, a las 21.30.

En el último tiempo los directores locales han descubierto una particular fascinación por la obra de la autora inglesa Sarah Kane, nacida en 1971 y que se suicidó a los veintiocho años. Desde "4.48 Psicosis", la primera de las obras siyas que se conocieron, con una magistral interpretación de Leonor Manso a esta puesta del director, y adaptador Mariano Stolkiner, puede decirse que la dramaturgia de Kane ha logrado resplandecer en trabajos locales, en los que de algún modo parece haber una identificación con su universo sombrío y lúcido que ella expuso en sus piezas. "Cleansed" se dice fue escrita dos años antes de que Kane dejara este mundo y en sus situaciones a pesar del oscuro laberinto por el que obliga a internarse al espectador, se percibe todavía un halo de esperanza frente a la existencia, frente a la vida. OBJETO DE ESTUDIO En esta pieza como en "4.48 Psicosis" Kane desnuda los entretelones de una posible clínica, un hospicio, aunque en realidad a lo que se alude en la pieza, es a una muy "extraña" universidad, en la que se expone al ser humano a objeto de estudio, de humillaciones, de tortura y de muerte. En este caso el espacio juega el papel de una metáfora, en la que Kane hace referencia a ese tortuoso calvario de drogas y sufrimiento en que se convirtió su vida desde que fue internada en un neuropsiquiátrico. La pieza de Kane hace referencia a una joven que busca a su hermano muerto en circunstancias no claras. Tiene personajes como un siniestro y perverso médico que oficia de torturador y varias víctimas, que antes de sus minutos finales, se deslizan como por un tobogán siniestro hacia zonas que remiten a la infancia, a la desolación, a una especie de "vaciamiento" interior en el que parece que ya no se espera nada de la vida. Sin embrgo a pesar de eso, Kane, en esta pieza también deja una puerta entreabierta, en la que cada uno, a su manera parece querer acceder al amor, como un salvavidas a tanto sufrimiento en vano. LA DIRECCION El director Mariano Stolkiner y su equipo apeló a que el público que asista a las funciones realice, igual que los personajes "un viaje" hacia sus propias y oscuras zonas interiores. Por eso es acertado todo el trayecto que se hace desde que se adquiere el ticket para entrar hasta que se pasa a la pequeña sala, ubicada en uno de los ángulos, del taller del plástico Carlos Regazzoni. En ese trayecto el espectador vivirá el sorpresivo contraste de visualizar grandes edificios y autopistas, mientras se va internando en un laberinto oscuro, precario e industrial, que lo conducirá al reducido lugar de la representación. Como en un juego de cajas chinas, Stolkiner y sus actores -muy comprometidos todos con el objetivo de la pieza- van desarrollando cada secuencia, con un ritmo de sesgo cinematográfico. Entre los logros de este montaje se destaca el tratamiento que del cuerpo de sus actores consiguió Stolkiner, al considerar a éste simplemente como una materia, despojada de sentimientos. Desde ese punto de vista esos cuerpos son mutilados, fragmentados y sin embargo a pesar de eso, parecen esconder una oculta lucidez, un estado de amor que roza una extraña y ancestral pureza. Juan Carlos Fontana