La Prensa

Esa brutal terapia de shock

HACE TREINTA AÑOS, EL MINISTRO CELESTINO RODRIGO ANUNCIABA UN PLAN QUE ESTREMECIO AL PAIS

POR GUILLERMO BELCORE LA PRENSA El 2 de junio de 1975, de la mano del siniestro José López Rega asume como ministro de Economía Celestino Rodrigo, en reemplazo de Alfredo Gómez Morales. Viaja al Palacio de Hacienda en subterráneo desde su departamento en Rivadavia y Acoyte, para complacer a un famoso periodista. Estará sólo 55 noches en el cargo, junto a su mentor ideológico Masueto Ricardo Zinn, reclutado como secretario de Coordinación y Programación Económica. Su decisión de aplicar una terapia de shock con una devaluación del peso del 61,5% fue un parteaguas de la historia económica nacional. La bancarrota humilló a muchos, los comerciantes se hundieron en la remarcación frenética de precios y la mayoría de los argentinos descubrió una variante de ahorro, hasta allí limitada a aristócratas o avispados: el dolar. ¿Pero quién era ese atildado ingeniero industrial que pasó a la historia de la peor manera posible? Celestino Rodrigo nació en Capital Federal el 19 de mayo de 1915. Estudió en el Otto Krause y en el Colegio Nacional Buenos Aires. Hasta 1955 trabajó en el Banco Nacional de Desarrollo. Se felicitaba de haber colaborado con el general Manuel Savio. Se casó con Susana Ana Mayorga y tuvo tres hijos. Fue docente universitario y director de empresas industriales y mineras. Se mencionó que compartía los delirios esotéricos de su valedor, López Rega. Comandó algunos de los oscuros proyectos petroleros con Libia y fue director de la infame Cruzada de la Solidaridad. Después de 1976, se lo juzgó por malversación de caudales públicos, entre otros cargos. Estuvo detenido cuatro años. Murió en Mar del Plata de un síncope cardíaco el 13 de diciembre de 1987. El ingenio popular bautizó como el rodrigazo a su creación inolvidable. Fue, al fin y al cabo, una respuesta desaforada para superar atolladeros, tanto de origen externo como locales, en medio de la veloz descomposición del gobierno peronista. En el plano internacional, era una época de cambios turbulentos. Desde 1973, la crisis del petróleo hacía tambalear las economías occidentales. La Comunidad Económica Europea comenzó a subsidiar la producción agropecuaria lo que derrumbó el precio de nuestros granos. Se vivía el fin del largo crecimiento capitalista de posguerra, los gloriosos treinta años. CONSUMAN MENOS La Argentina estaba en llamas. La brecha cambiaria en junio de 1975 era de un 210%, lo que alentaba la subfacturación de exportaciones, a tal punto que ese año se exportó por u$s 2.960 millones, mil millones menos que en 1974. En los últimos doce meses, se había acumulado un déficit comercial de u$s 544 millones, mientras las reservas del Banco Central no superaban los u$s 700 millones y sólo una fracción era de libre disponibilidad. Desde la llegada del peronismo al poder, había aumentado en 250.000 el número de empleados públicos. FIEL consignaba una caída de la inversión bruta del 19%. El mismo Rodrigo lo plantea en su discurso de asunción: “el pueblo debe abstenerse de gastar en exceso, debe abstenerse de derrochar (...) eliminando la demanda excesiva de bienes sobre todo de origen importado”. Por cadena nacional, esa noche, repitió el concepto, pero embadurnado con una curiosa reflexión filosófica: “las sociedades de consumo que hoy lideran el mundo son el fracaso de lo que deben ser. Como el dinero no tiene valor se compran cosas no imprescindibles, no necesarias”. Definió incluso a sus dos grandes enemigos: primero la guerrilla; luego la especulación. Los caminos del ajuste, palabra maldita si las hay, estaban trazados. El miércoles 4 de junio se decreta una brutal devaluación de la moneda, al pasar el dólar comercial de 10 a 26 pesos ley. En la calle, los verdes vuelan a 45 pesos. La nafta aumenta el 172%: la especial de $ 5,50 a $ 15. Las tarifas del gas y la electricidad crecen en promedio el 60%. Algunos economistas elogian la cruda cucharada de realismo propinada a los argentinos con una vara en la mano; por fin, un valiente se anima a termina