La Prensa
La falta de datos será una gran dificultad para rehacer Irak

Como Urquiza en Buenos Aires

La toma de Bagdad se parece más bien a la de Buenos Aires en febrero de 1852 por las tropas comandadas por el general Justo José de Urquiza, tras derrotar al ejército rosista en Caseros.

POR JUAN CARLOS CASAS Bagdad ha caído ante el empuje de las tropas norteamericanas; Basora cayó ante fuerzas británicas dos días antes. La caída de la capital de Irak supone prácticamente el fin de la guerra, aun cuando reste ocupar algún enclave. Contra lo que se esperaba, Bagdad no fue ocupada tras una larga y heroica lucha calle por calle, sino a muy pocos días de que los norteamericanos se acercaran a ella. Nada de Stalingrado, donde la lucha entre soviéticos y alemanes duró meses, con inmensa destrucción y mortandad. Tampoco es el caso de Grozni, la tres veces devastada capital de Chechenia, hoy totalmente arruinada. No, la toma de Bagdad se parece más bien a la de Buenos Aires en febrero de 1852 por las tropas comandadas por el general Justo José de Urquiza, tras derrotar al ejército rosista en Caseros. TAMBIEN CON SAQUEOS Urquiza no entró inmediatamente en la ciudad después del triunfo del 3 de febrero. La ciudad desprotegida, salvo seis batallones de guardias nacionales dirigidos por el general Lucio Mansilla, que al conocer el resultado de la batalla se disolvieron. Entonces, inmediatamente comenzaron los saqueos de tiendas y almacenes que duraron todo el día 3 y el 4. "Los dispersos del ejército vencido, entremezclándose con soldados de caballería del ejército aliado, se derramaron en las calles centrales de Buenos Aires y saquearon las casas de negocio y las de familia que encontraban en su tránsito", escribió Adolfo Saldías en su Historia de la Confederación Argentina (tomo V, pág. 310, Librería La Facultad de Juan Roldán, 1911). Recién en la tarde del día siguiente de la batalla, y a pedido de una comisión presidida por el capitán Didelot, del bergantín de guerra francés Hussard, "Urquiza envió recién tres batallones, los que subdividiéndose en partidas por las calles contuvieron el saqueo, fusilando en el acto a los que tomaban in fraganti", informó Saldías. Esa misma tarde Urquiza designó gobernador provisional al doctor Vicente López, quien presidía el superior Tribunal de Justicia. En cuanto a Rosas y su hija Manuela, se embarcaron sin tropiezos, acompañados del encargado de negocios inglés Roberto Gore, en la fragata de guerra Centaur, nave capitana del almirante Henderson, para transbordar cuatro días después al vapor de guerra Conflict. Urquiza postergó hasta el día 20 el desfile de la victoria por la calle Perú (hoy Florida), desde Retiro hasta la plaza hoy de Mayo. Lo encabezó montado en un soberbio caballo de Rosas con poncho, sombrero de copa alta adornado con el cintillo punzó y seguido por su estado mayor. En la esquina de la calle del Temple (Viamonte) la brigada brasilera fue silbada, y en la de Corrientes, desde un balcón, Ventura Matheu, madre del coronel Paz, muerto en la batalla de Vences, le gritó "asesino". Así terminó la campaña que puso fin al despótico gobierno de Rosas, que duró casi tanto como el de Hussein. Más modesto que éste, no había en Buenos Aires estatuas que derribar. NUEVA ETAPA Volviendo a Irak, una vez terminada la etapa de destrucción -calculamos que en pocos días más- deberá comenzar la de reconstrucción. Esta estará a cargo del general Jay M. Garner, jefe de la división del Pentágono llamada Oficina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria. Su principal tarea será hacer funcionar una sociedad civil en los escombros de las escuálidas instituciones iraquíes. Pero Garner está expuesto a los riesgos de los deseos de las entidades de las Naciones Unidas, con apoyo franco-alemán y el eventual apoyo también de Gran Bretaña, que podrían tener puntos de vista disímiles y provocar fricciones en la difícil tarea de Garner. Tras la guerra del Golfo este general cobró fama por la manera como manejó el problema de los kurdos en el norte del país. Pero sus estrechos vínculos con Israel indudablemente no lo hacen confiable para el mundo árabe (los kurdos no son árabes). Pero la principal dificultad con la que tropezará Garner es la falta de datos. Las estadísticas sob