POR LUCIANO LASPINA *
El año 2011 finalizó con una inflación del 23%, similar a la registrada en 2010. Según las estimaciones de ocho fuentes privadas compiladas por el Congreso, los precios al consumidor mostraron un suba de 1,9% mensual en diciembre, evidenciando una aceleración respecto a los dos meses previos (1,4%). Así, el 2011 culminó con una inflación del 22,8%, enlínea con el promedio verificado desde el año 2007 (22%).
En tanto, el IPC publicado por el Indec mantuvo un crecimiento de un dígito. El IPC oficial registró en diciembre una suba del 0,8% mensual, en línea con el rango de variaciones presentado en los últimos 21 meses (entre el 0,6% y 0,8%). Como resultado, la variación anual del índice elaborado por el Indec fue del 9,5%, reflejando una leve disminución respecto a la inflación de 2010 (10,9%) y manteniendo una brecha de 13 puntos porcentuales con las estimaciones privadas capturadas por el IPC-Congreso.
Las fuentes privadas coincidieron en señalar una firme suba en los precios de los alimentos y bebidas, entre ellos de las gaseosas y jugos, bebidas alcohólicas, lácteos y carnes, los cuales explicaron cerca de un tercio de la inflación de diciembre. Otro rubro que registró importantes alzas fue el de esparcimiento, asociadas al inicio de la temporada vacacional de verano. A su vez, tanto las fuentes privadas como el Indec, indicaron significativas subas en los rubros de atención médica y transporte.
En el primer caso, a raíz de un aumento de precios en ciertos medicamentos y servicios de salud, mientras que en el segundo, fruto de incrementos en las tarifas de peajes, remises y taxis.
PROVINCIAS
Por su parte, los índices provinciales marcaron una inflación del 22% anual, similar a la del IPC Congreso, aunque mostrando una desaceleración con respecto a 2010. El promedio de las mediciones de precios provinciales (con una metodología equivalente a la utilizada históricamente para el IPC-GBA) arrojaron un alza del 1,6% en noviembre, superior a la de octubre (0,9%). En términos anuales, los precios al consumidor promediaron una suba del 22%, manteniéndose por debajo del alza verificada en los meses anteriores (25% en septiembre) y presentando una desaceleración de más de 5 puntos porcentuales con respecto al registro de noviembre 2010 (27,5%).
En el caso del IPC de Santa Fe, la variación de noviembre fue del 1,8% mensual (20,9% a/a), mientras que la del IPC San Luis ascendió al 1,4% (23,1% anual). Ambos índices mantienen una fuerte sintonía con las estimaciones privadas de inflación para el GBA, más que duplicando las mediciones del Indec.
DESAGREGADO
Similar comportamiento se verificó, a nivel desagregado, en el Gran Buenos Aires y la Capital Federal. La desaceleración en los precios de los alimentos y bebidas, que habían llegado a experimentar subas del 33% anual en 2010, fue suficiente para compensar a lo largo de 2011 la aceleración de otros rubros, como indumentaria, transporte, esparcimiento y salud.
En este sentido, pese a registrarse similares niveles de inflación entre 2010 y 2011, en el último año se observó una importante moderación en el ritmo de aumento del costo de la canasta básica de alimentos (CBA), utilizada para medir la línea de indigencia.
Estimaciones privadas, que ubicaron la suba de la CBA en torno al 30% en 2010, capturaron en 2011 un alza del 22%, ascendiendo su valor para una familia tipo a $ 1.400 mensuales (la Canasta Básica Total -o línea de pobreza- escala a $ 2.400 para el mismo grupo familiar).
PARITARIAS
La inflación de 2011 podría transformarse en un piso para la negociación salarial de 2012. Asimismo, la estacionalidad de la inflación del primer trimestre del año, sumada a distintos ajustes impositivos y tarifarios, no ayudaría a descomprimir los reclamos salariales, concentrados en el segundo trimestre. A las subas de precios estacionales del rubro esparcimiento (este año extendidas a febrero y marzo por el calendario de feriados), se agregan no sólo las clásicas alzas en educación e indumentaria de marzo y abril, sino también los efectos de la aplicación de nuevos cargos tarifarios y subas de impuestos provinciales y municipales que, desde inicios de año, comenzaron a erosionar los ingresos familiares. Todo ello en paralelo con precios de los alimentos (responsables de un tercio del IPC) que continúan en franco ascenso.
Por otro lado, desde una óptica macro, la aceleración de la inflación de diciembre también sienta un precedente. Ocurre que, desde entonces, comenzaron a reducirse las tensiones en el mercado cambiario, monetario y financiero, observándose una recuperación de los depósitos y del crédito, junto con una acelerada baja de las tasas de interés. Ello se dio en un escenario de represión financiera en el que el Banco Central volvió a comprar dólares (e imprimir pesos) como antes del estrés pre y post electoral (el crecimiento de la Base Monetaria volvió acelerarse por encima del 35% anual).
El sesgo de la política económica tampoco ayuda a moderar las expectativas inflacionarias. De hecho, con la presentación de su Programa Monetario, el Banco Central dejó en claro que se siente cómodo con un crecimiento de los agregados monetarios del 26-30% anual, lo cual impone un piso elevado para la inflación de 2012.
A ello hay que agregar el creciente cierre de la economía, que permitiría a la industria trasladar a precios los mayores costos internos, sin poner en riesgo su cuota del mercado local. En este escenario, sólo el ancla cambiaria y los potenciales efectos de la sequía sobre la actividad agregada tenderían a compensar la presión proveniente de distintos frentes, anticipando un 2012 movido en materia inflacionaria.
* Economista jefe del Banco Ciudad