En "Sueño con mujeres que ni fu ni fa", el irlandés Samuel Beckett deja constancia de sus lecturas, su negrísimo sentido del humor, su intimidad y lazo con las mujeres en manos del protagonista, Belacqua, de su primera novela, escrita a los veintiséis años y que permanecía inédita en castellano.
Editada al cuidado de los especialistas españoles José Francisco Fernández y Miguel Martínez-Lage en el sello Tusquets, "Sueño..." puede considerarse uno de esos acontecimientos que no por comerciales, ceden a la calidad.
La leyenda cuenta que el texto fue compuesto en París, en la primera mitad de 1932, en el hotel Trianon, lejos de su amada (y odiada) Irlanda, bajo la influencia de James Joyce, los revolcones con su prima Peggy Sinclair y el acoso constante de Lucía, la hija esquizofrénica del autor del "Ulises".
Y si bien "Sueño..." no es una novela convencional, la cantidad de referencias autobiográficas la saturan, empezando por los nombres: Belacqua es el alter ego del escritor; Semeraldina-Rima es la Sinclair; y la Syra-Cusa, Lucía Joyce.
MULTIPLES VOCES
Beckett escribe pero no la pasa bien. A principios de 1930, la relación con su prima está terminada; Lucía está bajo el control de Carl Gustav Jung y Joyce, quien lo había "adoptado", reconoce que el muchacho no puede corresponder a su hija pero a medida que su ceguera (y su dependencia) aumenta, se vuelve desconfiado y celoso de ese joven tan problemático como talentoso.
El irlandés se ha formado en el Trinity College de Dublín, donde se gradúa y consigue trabajo como profesor. Pero la pedagogía no es lo suyo, y menos la guerra: abandona al trabajo, deserta, se va al continente (atrás de Peggy) y conoce a Joyce. Y lee como un poseso.
Y bebe y sale con otras mujeres, toca el piano, canta, estudia francés, alemán, es alumno de la Ecole Normale Superieure, nada y estudia al Dante, al mismo tiempo que tiene amigos artistas, y otros de los bajos fondos. Preferirá la soledad. Pero no aún.
"Sueño..." está atravesada por esa multiplicidad de voces y personajes; es una prueba, una lectura al bies del "Finnegan"s Wake" de Joyce. Es el principio de una crisis personal que se desata en Dublín, donde la relación con su madre se rompe.
La novela no consigue editor. Beckett la deja en un cajón. Sólo aprovecha dos o tres fragmentos. Antes, se instala en Londres y empieza un análisis con Wilfred Bion, que dura dos años, y a los tumbos termina y decide dedicarse seriamente a la escritura.
PEGGY Y SUZANNE
Antes, todavía, traduce, escribe cuentos, poemas, conoce a Peggy Guggenheim, camina por la noche, su figura es la de un vagabundo, se abandona. Y conoce a quien será su mujer por el resto de sus días, Suzanne Deschevaux-Dumesnil. Y sube Hitler al poder.
El periplo sirve para entender, retroactivamente, la relación del escritor con la letra y con el teatro (algo en Beckett intuye que casi todo es o puede ser teatral).
"Sueño..." es una novela poco menos que cómica, es Buster Keaton, la mortal seriedad del actor pero trabajada por una prosa inclemente, sin "psicología", sin "origen", sin "fundamento": una mente transitada, a oscuras.
Beckett y señora vuelven a París, se unen a la resistencia, son descubiertos, huyen a las montañas, conocen a Marcel Duchamp, y la guerra termina y en el frío y el silencio de la reconstrucción, el irlandés le da forma a la trilogía: "Molloy", "Malone muere" y "El innombrable". Entre las dos últimas, "Esperando a Godot", éxito de posguerra que lo "libera" de la tiranía del dinero.
EL PREMIO NOBEL
En 1961, es galardonado con el premio Nobel de Literatura. Sigue trabajando, es un hombre austero, es solidario con sus amigos pero no soporta el pegoteo; no es amigo de periodistas y no hay muchos escritores que lo frecuenten; sus amigos lo adoran; la depresión lo visita seguido, pero por suerte no existe todavía el Prozac.
"Final de partida", "La última cinta de Krapp", "Actos sin palabras", "Play", se suman a sus obras para radio, que hoy serían consideradas el non plus ultra de la vanguardia, Beckett siempre las trabaja con el lenguaje o el silencio, que no es lo mismo que su ausencia.
"Film", donde dirige a Buster Keaton, es una experiencia muda en la era del cine sonoro, menos para dar cuenta de un programa contracultural que de cierto "olvido" que el ruido diario ayuda a reforzar.
Ese es el Beckett que hereda a Joyce, a Dante, a Vico. "Lo tenue y lo vacío, ¿también se van", pregunta alguien en "Rumbo a peor", donde las pérdidas se hacen tan sucesivas que la inverosimilitud resulta desopilante. Por supuesto no sin antes escribir "nada más jamás. Jamás probar. Jamás fracasar. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor".
LA VIDA MODERNISTA
La editorial española La Uña Rota acaba de lanzar desde Madrid al mercado editorial la primera biografía en castellano de Samuel Beckett.
"Samuel Beckett, el último modernista" es el título de la obra. Su autor, Anthony Cronin, estudia cómo los libros del autor de "Esperando a Godot" son imposibles de pensar sin relacionarlos con sus avatares de vida.
Para el escritor británico John Banville, de todas las biografías del irlandés, ésta "es de lejos la más amena y elegante".
Cronin nació en 1928 en Enniscorthy, Irlanda; es poeta, novelista, crítico literario. Entre sus libros figura la colección de poemas "The Fall", "No Laughing Matter" (una biografía de Flann O"Brien) y "Dead as Doornails".