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Ciencia y Salud
Médicos que dieron su nombre a los hospitales porteños
29.03.2009 | Con su labor marcaron hitos en la historia de la medicina. Ellos introdujeron avances y sentaron las bases del sistema sanitario actual. Esta es la primera de dos entregas en las que contamos quiénes fueron y cuáles han sido sus aportes.
Por Agustina Sucri

Juan Antonio Fernández nació en Salta, el 1 de diciembre de 1786. Después de cursar sus estudios primarios en La Plata, viajó a Perú donde, en 1806, obtuvo su grado de bachiller en Artes en la Universidad Mayor de San Marcos.

La biografía del doctor Fernández, publicada por la Fundación que hoy lleva su nombre, indica que en 1812 se graduó como profesor y maestro en el Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando, y más tarde viajó a España para especializarse.

"La Revolución de 1810 lo obligó a regresar a la Argentina. A pesar de estar enlistado en las filas españolas, se relacionó secretamente con los patriotas y arriesgando su vida, prestó sus servicios a la causa por "la libertad", incorporándose prontamente al Cuerpo Médico de la Expedición bajo las órdenes del General Vigodet", señala el texto.

Comenzó su actividad profesional como cirujano Auxiliar del Ejército de Operaciones en la Banda Oriental; cirujano del Ejército Nº 2 de Infantería de Línea de Buenos Aires; catedrático del Instituto Médico Militar del que años más tarde asumió la conducción de su Secretaría y vicepresidente del Tribunal del Protomedicato, en el que luego sería nombrado médico secretario.

Continuando lo que había iniciado en Lima como pasantía en la Cátedra de Filosofía, se incorporó a la enseñanza docente en las asignaturas de Fisiología, Higiene, Patología General y Terapéutica que en aquellos años estaban agrupados bajo el nombre genérico de "Instituciones Médicas".

"A partir del doctor Juan Antonio Fernández -con la colaboración de su amigo, el doctor Cosme Argerich- se reorganizó la enseñanza médica", agrega el documento biográfico.

En 1821 el doctor Fernández fue nombrado titular de la cátedra de Instituciones Médicas del Departamento de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Fue fundador y primer secretario de la Academia Nacional de Medicina; además, fue nombrado profesor de Patología y Clínica Médica (el primero en su especialidad), facultativo del Hospital de Mujeres y juez del Tribunal de Medicina.

Promediando el mandato de Juan Manuel de Rosas y por diferencias con él, debió retirarse de la Universidad de Buenos Aires y de su cargo en el Tribunal por Decretos fechados el 20 de abril de 1835. Se exilió entonces en Montevideo, en donde fundó la Sociedad de Medicina Montevideana y desarrolló sus cualidades profesionales.

El 15 de abril de 1852, luego de casi dos décadas de exilio, se le restituyó su cargo de Profesor de Clínica Médica y transformó el antiguo Departamento de Medicina en Facultad, con autonomía propia y autoridades estables y de la que fue nombrado Presidente (Decano) el 29 de octubre del mismo año. Durante su gestión como primer conductor (cargo que ocupó hasta su muerte), la Facultad se instaló en el Hospital de Hombres. Fernández murió en el desempeño de su funciones el 24 de septiembre de 1855.

Víctima de la fiebre amarilla

Francisco Javier Muñiz, considerado el primer naturalista argentino, nació en Monte Grande, Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1795. Su genuina vocación por las ciencias naturales y la medicina fue imperturbable pese a centenares de contrariedades que debió afrontar.

Muñiz fue cirujano de campaña. Actuó en Patagones, en Chascomús, en Luján, en épocas de luchas de fronteras contra los indios. Fue cadete en el regimiento de Andaluces. Actuó en las luchas de la reconquista contra los ingleses. Asistió a los combates de Puente Barracas y resultó luego, en la calle de las Torres, de la Gran Aldea, herido de un balazo en una pierna.

Mientras proseguía sus estudios en Buenos Aires, se hizo vehemente defensor de la Revolución de Mayo y seguidor de Moreno.

En las orillas del río Luján, Muñiz juntaba huesos y los estudiaba. Su pasión de paleontólogo se traduce en trabajo de gran importancia. En 1842 donó a la provincia de Buenos Aires una copiosa e importante colección de huesos.
Fue diputado y senador en la Legislatura de Buenos Aires en diversas oportunidades, entre los años 1853 y 1863. Fue asimismo miembro de los congresos de 1853 y 1860 para la reforma constitucional; no obstante lo avanzado de su edad y sus responsabilidades profesionales, ofreció inmediatamente sus servicios en la guerra del Paraguay y estuvo en Paso de los Libres y en la rendición de Uruguayana; permaneció en Corrientes, como director de los servicios hospitalarios, hasta 1868; al año siguiente se retiró por completo de sus actividades.

Sus primeros trabajos científicos en el campo de la medicina se refirieron a la vacuna antivariólica (contra la viruela). Desde 1828, como administrador de vacuna en el Departamento Provincial del Centro, procuró aplicar la vacuna preventiva, que en ese entonces se transmitía de brazo en brazo, a gran número de los pobladores de su vasta jurisdicción político-sanitaria. Además publicó obras tales como un libro sobre la fiebre escarlatina y el primer artículo argentino (1864) referente a obstetricia clínica; publicó asimismo estudios de temas tan diversos de historia natural; una descripción científica del terremoto en las pampas argentinas, el 19 de Octubre de 1845; y el mejor estudio que jamás se hiciera hasta ese momento sobre el ñandú: "rhea" o avestruz de las pampas.

En 1871, murió víctima de la fiebre amarilla durante una feroz epidemia que azotó a Buenos Aires.

El poeta

Ricardo Gutiérrez nació en Arrecifes, provincia de Buenos Aires, el 10 de noviembre de 1836. Representó para muchos la figura de un poeta excelso, soldado heroico y médico sacrificado.

Después de cursar los estudios primarios, ingresó en la Facultad de Derecho, en Buenos Aires, pero muy pronto abandonó esas aulas jurídicas, al reconocer su vocación por la medicina.

Con la seguridad de su elección, se inició en esa ciencia, debiendo interrumpir sus estudios para alistarse en la milicia. Luchó en las contiendas civiles y en la guerra del Paraguay. En los esteros de Humaitá cumplió su doble deber de soldado y enfermero. Allí la visión horrorosa de la muerte, el hambre y la peste le inspiró varias de sus estrofas más emocionantes. De esta época data su poema más conocido, "La fiebre salvaje", escrito cuando aún no contaba con 24 años de edad.

De regreso en Buenos Aires, terminó su carrera y partió a Europa becado por el Gobierno, para perfeccionarse en su especialidad. En París trabó amistad con Ignacio Pirovano.

Tras su ausencia, se estableció en Buenos Aires y fundó el hospital de Niños -que hoy lleva su nombre-, al cual dedicó todas sus energías hasta el 23 de septiembre de 1896, fecha en que muere a la edad de 60 años.

Gran realizador de la cirugía argentina

Ignacio Pirovano fue un singular exponente de una fecunda época de la cirugía argentina. Nació el 23 de agosto de 1844 en Buenos Aires. Al término de su bachillerato, ingresó a la Facultad de Medicina. Para costear sus estudios, Pirovano desempeñaba modestas tareas en una farmacia.

Después de graduarse en 1872 y siendo acreedor de una beca otorgada por la provincia de Buenos Aires, Pirovano parte hacia París para perfeccionar los conocimientos de su especialización.

Tres años de estudios en Europa lo familiarizaron con la antisepsia. De vuelta al país, impuso el nuevo sistema.
La Facultad de Medicina de Buenos Aires lo designa como profesor de Histología y Anatomía Patológica, para luego ocupar la de Medicina Operatoria, pasando más tarde a la de Clínica Quirúrgica.

Entre sus innovaciones más memorables, cabe recordar que Pirovano fue el primero que predicó y puso en práctica en el país los métodos antisépticos Lister, a quien había conocido en París. Pirovano fue quien perfeccionó la aplicación de la antisepsia, la extendió al medio hospitalario y la defendió a pesar de los resultados que muchas veces distaban de lo ideal. Los ambientes se preparaban con pulverizadores o vaporizadores de ácido fénico, el instrumental se sumergía en recipientes con igual solución y las manos de los cirujanos y las heridas operatorias se irrigaban permanentemente con solución fenicada.

Pirovano, considerado por muchos el más grande y eficaz de los realizadores de la cirugía argentina, murió el 1 de julio de 1895, a los cincuenta años.

"Aliviar el dolor de sus semejantes es la misión más grande a que puede aspirar el hombre", escribió el doctor Pirovano en una de sus cartas.
 

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 4 Comentarios de lectores

4 | adrian
07.04.2009
04:04 hs.
respeuesta a tomás
si Favaloro se desempeño en la actividad privada.

¿Porque tendría que tener un hospital público con su nombre ?

3 | Daniel
07.04.2009
00:49 hs.
Respuesta a Tomas
El Htal. Finochietto está en Avellaneda, en la calle Anatole France. Favaloro, es la Clínica del Dr. Favaloro en Belgrno y Solís, en Capital. De los otros, no conozco.

2 | Tomás
31.03.2009
11:04 hs.
Médico peruano
desearía saber si algún Centro de Salud lleva el nombre de Zancolli,Ivanissevich,Finochietto,Favaloro,Houssey,Litter que han sido fundamentales en el desarrollo de la Cirugía,Radiología y Farmacología entre otrea Especialidades y de quienes los médicos peruanos hemos bebido de sus conocimientos.

1 | Elio
31.03.2009
05:22 hs.
Dr. José María Ramos Mejía
Finalizando el siglo XIX, llegó a Buenos Aires una epidemia de cólera, en tiempos de la guerra del Paraguay. En una zona alejada del centro, cercano a la actual Plaza Once (los Corrales de Miserere) se levantó el lazareto "San Roque", de muy escasa infraestructura y casi 40 camas, para atención de los infectados. Luego, sirvió para atender afectados por la epidemia de la fiebre amarilla. El primer director del lazareto, fue el Dr. Doncel. Con la ley de federalización de la Capital, en 1880, es creada la Asistencia Pública a cargo del Dr. Ramos Mejía. EL lazareto pasa a ser hospital, y aulas de medicina, con varios pabellones, incluído un pediátrico. En 1914 se rebautiza al hospital con el nombre del Dr. Jose María Ramos Mejía, impulsor de su modernización. No es muy sabido que ha acompañado al Dr. Luis María Drago y al Perito Moreno en investigaciones criminológicas, como el caso del sacerdote Castro Rodríguez en Olavarría; y que fue autor de uno de los primeras obras criminológicas nacionales, de línea lombrosiana titulado "Los hombres de Presa".

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